La violencia nos afecta a todos

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Y no podemos (ni debemos) quedarnos de brazos cruzados. Este asunto lo vamos a tener que ir resolviendo con la colaboración de todos.

Empecemos definiendo. ¿Por qué violencia de género? Se denomina así a la violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer, considerándola inferior o débil. Digamos, que parte de una discriminación y un sexismo y que por eso recibe un nombre diferente.

¿Y cómo afecta la violencia de género a los más pequeños? Como observadores, son víctimas directas. Aunque a veces podamos pensar que si no reciben ellos el golpe o el insulto no están siendo afectados, en realidad están expuestos a unas experiencias nocivas para su propio bienestar.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Que los hijos están sufriendo las consecuencias, lo podemos observar en su comportamiento. Para los peques suele haber dos polos por los que pueden moverse: el comportamiento agresivo ante todo y ante todos, sin motivo aparente (porque no ha aprendido a enfrentarse a los problemas y las discusiones de una manera sana y constructiva) o por el contrario, por la más absoluta sensación de indefensión. Y pueden incluso aparecer ambas cosas a la vez, según el momento o la persona con la que estén hablando y el trato que estén recibiendo. Digamos que tienen los dos modelos en casa y es una situación que ellos al principio pueden llegar a normalizar porque no conocen otra cosa (“pues será que los papás pegan a las mamás“), de modo que a veces se comportarán de una manera o de otra.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. En los últimos años está habiendo un crecimiento enorme en las adolescentes que empiezan a tener relaciones sentimentales potencialmente maltratadoras. El control (exacerbado con los móviles y las redes sociales), el aislamiento y la presión psicológica a las que les someten suelen ser los primeros pasos. Pero no está tan lejos de la agresión física como podemos imaginar. Tenemos que hacerles ver desde pequeñas que ciertas cosas no son amor, que ellas valen por sí mismas, sin importar la persona que tienen al lado.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Porque quienes están alrededor, también están perdiendo. Un paso muy habitual para los agresores es el aislamiento de las víctimas, alejarles poco a poco de su familia y amigos, que sufren esa distancia e impotencia desde fuera. Aunque lejos y en la sombra, tienen que estar preparados para actuar cuando la víctima decida pedir ayuda.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Socialmente nos afecta, nos remueve y nos revuelve contra estos comportamientos. Debemos actuar con el ejemplo, educar en la no violencia, sea hacia quien sea.

Las víctimas de la violencia de género somos todos, sí… Pero si tú eres una víctima directa, no olvides que de esto se puede salir. No va a ser fácil, pero merece la pena salvaros todos.

Un azote a tiempo…

Imaginemos: Mientras haces las camas, miras el reloj. Observas que ya llegáis tarde y pides a tu hijo que se vista. Sigue jugando sin escucharte. Tú le dices en voz alta que se vista. Poco a poco tu tono de voz va en aumento, pero él hace caso omiso y sigue jugando sin importarle tu petición. Tú vas enfadándote y pensando que no te obedece, que lo tienes que hacer todo, que os tenéis que ir y él sigue jugando como un niño pequeño. Con el enfado acumulado, te acercas y sin mediar palabra le das un azote fuerte en el culo mientras le dices con voz firme y alta “¡¡¡Que te vistas!!!”

Parece una escena habitual. Pero no por habitual es adecuada.

La agresividad puede ser funcional, LA VIOLENCIA NO LO ES.

La agresividad es una emoción. Supone rabia, brío, diferencia con el otro y deseos de atacar y embestir. Pero sólo deseos, como adultos debemos ser capaces de controlar ese sentimiento.

La violencia proviene del latín (“Vis” – fuerza; “lentia” – continuidad). Es el continuo uso de la fuerza, del poder del más fuerte sobre el más débil.

Cada vez más estudios demuestran los efectos negativos de usar la violencia. Y es que, aunque los azotes sean puntuales y no muy fuertes, la relación de poder e intimidación que se establece con nuestros hijos es constante. Los peques aprenden su papel de “inferior” y se someten de manera continua, sintiendo que el poder y la fuerza están en manos de otro, pudiendo aparecer cuando menos se lo esperen. Los azotes preventivos consiguen, siempre a través del miedo, reducir o disminuir la conducta no deseada. La contrapartida es que el niño interioriza que el amor al otro incluye la violencia al otro en algunas ocasiones.

Los niños con los que se usan los “azotes preventivos” son niños con dificultades en las relaciones sociales, con falta de autoestima, poca empatía, represión de la libertad y creatividad,  y con dificultades de concentración.

Motivos por los que justificamos el castigo físico:

- Sociales: muchos de nosotros hemos sido criados todavía en la idea de que “un azote a tiempo” ahorra futuros problemas. La desinformación de antaño hacía que nuestros abuelos y nuestros educadores, utilizasen esta forma de comunicación con los niños. Pero hoy en día, estamos más formados e informados, somos capaces de evolucionar, hemos cambiado aquello que no nos satisface. Si ya no lavamos a mano, o no utilizamos palomas mensajeras… ¿por qué seguimos manteniendo patrones de violencia antiguos?

- Familiares: si tus padres han utilizado el azote preventivo contigo, supone una deslealtad hacia ellos pensar que no es útil. Pensar que los padres se equivocaron con nosotros mismos supone un crecimiento. Sobre todo si esos azotes llevaban implícito “es por tu bien”, es difícil sentir que no es cierto.

- Individuales: los patrones violentos se gestan en la infancia y quizá haya padres cuya manera de resolver los conflictos siga siendo la que tuvieron en sus primeros años.

Frases cotidianas que excusan “el azote a tiempo”:

  • “A mí me dieron algún que otro azote y no estoy traumatizada, ni me he muerto”: Sólo el mero hecho de justificar la violencia ya es significativo de que ese tipo de relación ha dejado huella.
  • “Una cosa es un azote y otra es el maltrato”: El grado de violencia de un azote es el más bajo, pero es importante señalar que nadie siente que maltrata a su hijo, ni siquiera los verdaderos maltratadores.
  • “Es por su propio bien”: Se entiende que hay un objetivo final positivo para los niños, pero ¿sabemos cuál es?.
  • “Con un niño pequeño no se puede dialogar”: Que los niños no sepan expresarse ni tengan la capacidad de razonar de un adulto, no significa que no sean capaces de entender todo lo que ocurre a su alrededor. El mensaje que le das y comprende es que el que tiene el poder es el que pueden agredir.
  • “A veces, se tuercen y la única salida es el azote”: Es fácil sentirse impotente y frustrado ante un niño que no obedece. Si le pegas en esa situación, le estás enseñando a comportarse así cuando él se sienta impotente y frustrado.
  • “La permisividad y la falta de límites es la verdadera causa de los problemas actuales en la educación”: Se pueden poner límites sin violencia.

Te invitamos a reflexionar sobre este tema. Danos tu opinión.