Un azote a tiempo…

Imaginemos: Mientras haces las camas, miras el reloj. Observas que ya llegáis tarde y pides a tu hijo que se vista. Sigue jugando sin escucharte. Tú le dices en voz alta que se vista. Poco a poco tu tono de voz va en aumento, pero él hace caso omiso y sigue jugando sin importarle tu petición. Tú vas enfadándote y pensando que no te obedece, que lo tienes que hacer todo, que os tenéis que ir y él sigue jugando como un niño pequeño. Con el enfado acumulado, te acercas y sin mediar palabra le das un azote fuerte en el culo mientras le dices con voz firme y alta “¡¡¡Que te vistas!!!”

Parece una escena habitual. Pero no por habitual es adecuada.

La agresividad puede ser funcional, LA VIOLENCIA NO LO ES.

La agresividad es una emoción. Supone rabia, brío, diferencia con el otro y deseos de atacar y embestir. Pero sólo deseos, como adultos debemos ser capaces de controlar ese sentimiento.

La violencia proviene del latín (“Vis” – fuerza; “lentia” – continuidad). Es el continuo uso de la fuerza, del poder del más fuerte sobre el más débil.

Cada vez más estudios demuestran los efectos negativos de usar la violencia. Y es que, aunque los azotes sean puntuales y no muy fuertes, la relación de poder e intimidación que se establece con nuestros hijos es constante. Los peques aprenden su papel de “inferior” y se someten de manera continua, sintiendo que el poder y la fuerza están en manos de otro, pudiendo aparecer cuando menos se lo esperen. Los azotes preventivos consiguen, siempre a través del miedo, reducir o disminuir la conducta no deseada. La contrapartida es que el niño interioriza que el amor al otro incluye la violencia al otro en algunas ocasiones.

Los niños con los que se usan los “azotes preventivos” son niños con dificultades en las relaciones sociales, con falta de autoestima, poca empatía, represión de la libertad y creatividad,  y con dificultades de concentración.

Motivos por los que justificamos el castigo físico:

- Sociales: muchos de nosotros hemos sido criados todavía en la idea de que “un azote a tiempo” ahorra futuros problemas. La desinformación de antaño hacía que nuestros abuelos y nuestros educadores, utilizasen esta forma de comunicación con los niños. Pero hoy en día, estamos más formados e informados, somos capaces de evolucionar, hemos cambiado aquello que no nos satisface. Si ya no lavamos a mano, o no utilizamos palomas mensajeras… ¿por qué seguimos manteniendo patrones de violencia antiguos?

- Familiares: si tus padres han utilizado el azote preventivo contigo, supone una deslealtad hacia ellos pensar que no es útil. Pensar que los padres se equivocaron con nosotros mismos supone un crecimiento. Sobre todo si esos azotes llevaban implícito “es por tu bien”, es difícil sentir que no es cierto.

- Individuales: los patrones violentos se gestan en la infancia y quizá haya padres cuya manera de resolver los conflictos siga siendo la que tuvieron en sus primeros años.

Frases cotidianas que excusan “el azote a tiempo”:

  • “A mí me dieron algún que otro azote y no estoy traumatizada, ni me he muerto”: Sólo el mero hecho de justificar la violencia ya es significativo de que ese tipo de relación ha dejado huella.
  • “Una cosa es un azote y otra es el maltrato”: El grado de violencia de un azote es el más bajo, pero es importante señalar que nadie siente que maltrata a su hijo, ni siquiera los verdaderos maltratadores.
  • “Es por su propio bien”: Se entiende que hay un objetivo final positivo para los niños, pero ¿sabemos cuál es?.
  • “Con un niño pequeño no se puede dialogar”: Que los niños no sepan expresarse ni tengan la capacidad de razonar de un adulto, no significa que no sean capaces de entender todo lo que ocurre a su alrededor. El mensaje que le das y comprende es que el que tiene el poder es el que pueden agredir.
  • “A veces, se tuercen y la única salida es el azote”: Es fácil sentirse impotente y frustrado ante un niño que no obedece. Si le pegas en esa situación, le estás enseñando a comportarse así cuando él se sienta impotente y frustrado.
  • “La permisividad y la falta de límites es la verdadera causa de los problemas actuales en la educación”: Se pueden poner límites sin violencia.

Te invitamos a reflexionar sobre este tema. Danos tu opinión.