Mamá, Papá… Quiero tener mi propio “Perfil”

La adolescencia es una etapa en la que los hijos buscan su propia identidad e intentan acercarse más a sus iguales. Y, hoy en día, las redes sociales son una manera accesible y fácil que tienen para ello.

No nos debe asustar que nuestros hijos tengan una cuenta de tuenti, de Facebook, de twitter… Pero sí debemos transmitirles la importancia que puede llegar a tener. En la naturaleza de los adolescentes está el no ser capaces de adelantar las consecuencias de la manera en que hacemos los adultos, por eso tenemos que prestarles nuestra visión de las cosas.

adolescencia y redes sociales (vida en la red)

En algún momento el adolescente se planteará tener una cuenta en una red social (por los amigos, porque en el colegio se habla de ello), así que hay que ir teniendo presente esa posibilidad y hablar de ello con naturalidad:

  • ¿Alguno de tus compañeros ya tiene tuenti?
  • ¿En el colegio/instituto os han hablado de las redes sociales?

Si como padres tenemos una propia cuenta, puede ser una buena oportunidad para hacerle comentarios al respecto, por ejemplo, con la foto elegida para ser la foto de perfil: “Pues no sé cuál ponerme, porque al final es la que ve todo el mundo y no sé si me debería presentar así. ¿Me ayudas a elegir una?”. De esta manera, no solo le damos importancia a esa primera impresión, sino que además estamos haciéndole cómplice en algo que para nuestro hijo va a ser importante.

Primero tenemos que informarnos un poco de qué cuenta es la que se está pensando abrir, con quién quiere hablar, por qué la quiere ahora… Para conocer de qué manera funciona y cómo podemos ayudarle a hacer un buen uso de la misma.

Una vez que tengan una cuenta, debemos repasar con ellos los ajustes de Privacidad: “no voy a cotillear las fotos ni los comentarios, pero si te parece podemos ver juntos los ajustes de tu perfil”. Repasando cada punto con ellos y dando en voz alta los motivos por lo que marcamos determinada opción, les planteamos posibilidades: “Aquí marcamos que solo tus contactos puedan ver tu tablón/tu muro, que está bien porque en realidad tampoco hace falta que se entere todo el mundo de tus cosas, ¿no?”.

Sabemos que va a querer subir determinadas fotos y podemos incluir con normalidad esa posibilidad en las conversaciones familiares:

  • “Mira, esa foto que tienes en el corcho con tus amigos es muy bonita. ¿La has subido también a tuenti?”
  • Cuando dos hijos/primos ya tengan una cuenta: “Podrías subir esa foto con tu prima, pero ésta no, que sale tu hermano pequeño… y él no tiene tuenti como tú, si quiere subirla en un futuro ya lo hará él”

La idea es hacerles celosos de su intimidad, que sepan que hay muchísimas cosas que pueden compartir con sus amigos y contactos, pero que en la red hay otras muchas que no controlamos y que tenemos que mantener guardadas para nosotros.

La lectura: en formato papel o digital?

Estamos inmersos en un mundo tecnológico que abarca todo lo que podamos imaginar. La lectura digital es una realidad a la que debemos enfrentarnos, pues los libros electrónicos, los ipad, los móviles y los e-readers… ya forman parte de nuestro día a día.

Figuras y colores casi perfectos estimulan los cerebros y la fantasía de nuestros hijos de una manera constante, lo que evidencia un cambio en los hábitos de lectura.

Como en cada cambio de era, tenemos la sensación de que la capacidad de profundización y reflexión ante la lectura se ve amenazada. Ya Sócrates fue contrario a la palabra escrita en la antigua Grecia, pues creía que perjudicaría en el tránsito de la cultura oral. De la misma manera, ante la llegada de la imprenta, se temió por el manuscrito, y ante la llegada de la radio se temió por el periódico.

Es cierto que hay estudios que certifican que la lectura digital está dando origen a una serie de pensadores superficiales, cuyas mentes buscan respuestas rápidas e inmediatas, debido a que las conexiones neuronales que se generan como nuevas ante la lectura tecnológica son menores en cantidad. El problema radica en que cada vez que aprendemos algo nuevo, el cerebro forma nuevos circuitos que reconectan las estructuras previas. Y se ha comprobado que los altos niveles de concentración que se alcanzan al leer un libro impreso favorecen el desarrollo de estas conexiones neuronales, las que dan forma a la reflexión profunda que caracteriza al ser humano. No ocurre lo mismo con la lectura digital.

Los investigadores explican que, al leer en una pantalla, estamos más expuestos a una distracción permanente, la lectura es más lenta porque se necesita un mayor esfuerzo para alcanzar los niveles adecuados de concentración (lo que no siempre ocurre), y nuestro cerebro es incapaz de establecer las conexiones neuronales que se necesitan para una capacidad de análisis profundo.

Por el contrario, la lectura en papel exige una concentración mucho mayor, pues están implicados un mayor número de neuronas cerebrales (aunque parece que sólo leemos, ocurren muchas más cosas en nuestro cerebro: se estimulan las áreas de la producción del habla, el procesamiento del lenguaje, de la comprensión y la construcción de una imagen que completa la palabra).

Sin embargo, no debemos olvidar que internet ha democratizado el acceso a la información. La lectura digital es más igualitaria, está al acceso de todos y permite tener información con respecto a casi cualquier tema. Los jóvenes son más expertos que los mayores, y las nuevas tecnologías más atractivas que las antiguas, por lo que invitan a la lectura en mayor medida que las anteriores.

Por lo que el mundo digital, quizá no forma “mejores pensadores”, pero sí mejores conversadores, personas cultas que están al tanto de las novedades y nuevas noticias. Personas con interés y motivación que se autorregula en la búsqueda de intereses.

Nuestros hijos aprenderán y sabrán leer en el ordenador, mientras que nosotros aprendimos en papel y nos aferramos a este dinosaurio literato.

Algo nos diferencia, pero también algo nos une. El amor por la lectura.

Feliz día del libro, sea digital o de papel.