¿Cuál es la mejor edad para que nuestros peques vayan a la guarde?

 

Llega Septiembre y el momento de llevar a los niños a la guardería. Pero sobretodo llegan las dudas sobre si nuestro hijo está o no preparado para ello.

En ocasiones, no tenemos opción de elegir, es decir, nuestras circunstancias nos obligan a meter a nuestros peques en la guardería desde los 4 meses. En ese caso, no debemos preocuparnos. Busca una buena escuela infantil cerca de tu casa o de tu trabajo, en la que tengas confianza para preguntar todas tus dudas y en la que te den facilidades para adaptar tu horario al suyo, para poder mantener la lactancia materna si es lo que quieres o poder ver al peque cuando lo necesites. A partir de esa decisión, confía en los profesionales.

Recuerda que no hay nada mejor que el hecho de que a tu hijo lo quieran muchas personas y que reciba amor desde muchos lugares. Sin duda, las educadoras y su escuela infantil es un lugar muy importante desde el que se les quiere y se les acompaña en su crecimiento.

Sin embargo, si  tenemos posibilidad de elegir el momento de entrada y la pregunta es ¿cuándo es adecuado que los peques vayan a la guardería? entonces responderemos de la siguiente manera:

Durante el primer año del niño, la necesidad de apego del bebé responde a una única función de cuidado, la función materna (la ejerza quién la ejerza). Esta función tiene como objetivos la alimentación, la protección, la identificación de las necesidades básicas y la contención de las mismas.

Durante este primer año, los bebés,  desde muy pronto,  conocen la diferencia entre un objeto y  una persona (saben qué esperar de una cara humana, saben que pueden influir en ella con sus sonrisas o con sus llanto).

Sin embargo, los  bebés no tienen concepto de sí mismo hasta aproximadamente los 15 meses. Es a partir de ese momento cuando el pequeño empieza a  entender que él mismo es un ser diferenciado de los demás. Comienza a adquirir un sentido del sí mismo como sujeto separado, física y psicológicamente, de los demás y distinto al resto.

Algunas de las cosas que les sucede en esta etapa y que nos dan pistas de ese crecimiento y del autoconcepto que van adquiriendo son:

-  El lenguaje, comienzan a intentar comunicarse con el exterior, a hacer intentos por darse a entender y por pedir lo que desean.

-  Aparece el “NO” en sus conductas. Ya no tengo por qué hacer lo que tú me dices, porque soy otro.

Conocen las distintas partes de su cuerpo y las de otras personas.

-  La movilidad, bien andando o a gatas, les permite tener intereses independientes del resto de las personas. Hay independencia física que se corresponde a la independencia que ellos empiezan a sentir.

-  El sentimiento de propiedad se hace patente, especialmente puesto en práctica en el parque donde todo es suyo. Ya saben que hay cosas que no le corresponden, aunque intenten quedarse con todo.

-  La cooperación comienza. Es posible llenar un cubo de arena entre dos niños, o esperar el turno para poder montar en el columpio.

-  La posibilidad de disfrutar fuera de esa función materna ya se ha disparado, y aunque se llore con la separación, no hay motivo por el que pensar que no va a disfrutar de ella.

-  Igualmente comienzan a entender que los demás disfrutan sin su compañía (mamá va a trabajar y lo pasa bien, duerme con papá y no me necesita, se va a la peluquería y vuelve guapa y contenta….)

Por estos motivos el niño ya está preparado para separarse de esa función materna y empezar a vivir en sociedad. Poco a poco en el cole, se va sintiendo parte de un grupo de iguales con intereses conjuntos, ya no es parte de una pareja mamá-hijo, de la que paulatinamente tiene que ir saliendo para disfrutar del mundo exterior.

Encontrarse con compañeros de juegos nuevos, comprobar los límites de otros, aprender nuevas cosas, y jugar es parte del crecimiento, no lo dudes.

Padres separados, Hijos desconcertados.

Actualmente el número de separaciones y divorcios es mucho mayor que hace algunos años.

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Podemos interpretar estos datos desde el  pesimismo de que ahora no somos capaces de tolerar la frustración y que no “aguantamos”  por nuestros hijos lo que solían “aguantar” nuestros abuelos. O por el contrario, podemos interpretarlo desde la adaptación al cambio, el constante crecimiento personal y desde la certeza de que nuestros hijos  tendrán unos padres separados pero felices (que es mucho mejor que unos padres juntos pero insatisfechos).

En cualquier caso a nuestros hijos les influye y por eso debemos tenerlo en cuenta. Este “tenerlos en cuenta” no significa, ni mucho menos preguntarles, ni tampoco pedirles su opinión sobre algo que concierne a la pareja (que forma parte de un equipo al que ellos no pertenecen).

Tenerlos en cuenta significa “decirles la verdad, la nueva situación”. Tal y como os animamos a hacer en cualquier situación nueva. Independientemente de la edad que tengan, tendremos que explicarles la nueva situación con sus palabras, dependiendo de su comprensión y sobretodo de sus preguntas.

Aunque parezca que no se enteran, o que no les importa, o que no veían a su padre nunca…. No importa, siempre es mejor que sepan la nueva situación, porque a veces, para protegerles les ocultamos las cosas y les hacemos un flaco favor, porque aunque la verdad es difícil siempre es mejor que su imaginación.

Mientras nosotros nos separamos, ellos están desconcertados. Por eso debemos acompañarlos en esta nueva situación y contenerlos en lo que les vaya sucediendo.

Si nuestros hijos son muy pequeños, podrán preguntar menos, se adaptarán a los cambios rápido pero sin duda harán manifestaciones de los mismos (quizá si ya controlaban esfínter dejarán de hacerlo, o su habla se volverá más infantil de lo que era, o dejarán de dormir tan bien como lo hacían antes…)

Si nuestros hijos son más mayores, las preguntas surgirán constantemente y la adaptación a la nueva situación pasará por muchos altibajos, los enfados serán más habituales y las luchas de poder constantes. (Quizá aparezcan bajones académicos, trasgresiones en las normas, peleas con los hermanos….) Recordad que nosotros mismos: adultos, seguros, independientes y separados, también pasaremos por distintos estados emocionales (enfado, seguridad, tristeza, duda, dolor, rabia, liberación, alegría, duda de nuevo….) y esos estados emocionales influirán en nuestra relación con nuestros hijos.

Por tanto es mejor que ellos entiendan que para nosotros también es una etapa de cambio, que nos está costando superar. Y por supuesto, es mejor que nosotros entendamos que para ellos también es una etapa de cambio, que les está costando superar.

Con esta comprensión mutua, empezaremos a disfrutar de las nuevas familias que se han creado.

¿Cómo separarme de mi bebé sin angustia?

 

Normalmente a los 8 meses aproximadamente, nuestros hijos sufren uno de los miedos más importantes y significativos para ellos, el miedo a separarse de su figura de apego.

A esta edad, aproximadamente, comienzan a reconocer caras conocidas , y por tanto a extrañar a las personas menos habituales de su entorno. De manera que cuando desaparece esa persona que les cuida, normalmente la madre, sienten un gran miedo. Este miedo se debe a nuestro instinto de supervivencia, ya que es nuestra madre la que nos alimenta y nos aporta el amor necesario para seguir viviendo.

Los tiempos para nuestros hijos son muy diferentes, el concepto temporal va cambiando con el tiempo. Y lo que para nosotros son unas horas para ellos es una eternidad. Por eso debemos ser comprensivos con sus reacciones y prevenirlas lo mejor posible.

Los pequeños, suelen reaccionar de la siguiente manera:

-          Cuando su madre no está: lloran desconsoladamente, succionan más de lo habitual, buscan la atención inmediata, busqueda de la madre constantemente.

-          Cuando su madre sí está: lloran, se despiertan más a menudo, buscan el contacto visual, mayor necesidad de tomar pecho (si hay lactancia materna), siguen a la madre con la mirada, quieren estar en sus brazos constantemente.

Las mamás también tienen sus reacciones, los sentimientos más habituales son:

-          Culpabilidad, especialmente cuando está separada de su bebé.

-          Preocupación porque el cuidador sea capaz de realizar las tareas necesarias.

-          En ocasiones, también se sienten agobiadas cuando están con el bebé por esa dependencia constante del peque hacia ellas.

Aquí te dejamos algunas pautas para ayudaros a ambos a superar esta separación:

-          Si tienes previsto ausentarte largas horas, por ejemplo por la incorporación al trabajo, trata de pasar algunos días previos con el cuidador sustituto, para que tu hijo vaya poco a poco incorporándole junto a ti.

-          Elige a alguien de tu confianza, que sepas que va a querer y cuidar al bebé. Que te haga sentir tranquila con la decisión.

-          Acostúmbrate a contarle siempre lo que vas a hacer, es decir, aunque sólo vayamos a la cocina, o le dejemos jugando en el salón, si le decimos qué vamos a hacer y cuándo vamos a volver, le ayudará a organizarse en el tiempo y a acostumbrarse a los espacios sin ti.

-          Comunica de antemano al bebé, tenga la edad que tenga, que te vas a ir. Es mejor que te despidas y que le digas cuánto tiempo vas a estar fuera.

-          No mentirle, a veces sufren más por la mentira que les contamos que por la separación. Es cierto que a veces nos resulta más cómodo irnos sin avisar, o decirle que vamos al baño…. Y aunque es verdad que evitamos la expresión de malestar en el momento, provocamos un enfado mayor después y sobretodo una gran desconfianza para las futuras ocasiones.

-          Despídete de forma rápida, no hagas que la despedida sea angustiosa y duradera, cuanto menos tiempo y menos apegada sea mejor. Es decir, si ya anda puede llegar al centro andando o si tiene que ir en brazos hacer el traslado de brazos a brazos de forma rápida.

-          Si la ausencia es de varios días, puedes llamarle por teléfono para charlar con él, contarle cuánto queda de separación y que oiga tu voz.

-          Dile “hola” al llegar de forma inmediata, que sienta que él es lo que más has echado de menos durante la ausencia. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja, después de un largo viaje tarda en saludarte?

-          Debemos entender que la separación es una frustración necesaria para el desarrollo psíquico de nuestros hijos. Es una de las primeras situaciones en las nos vemos privados de algo que queremos, y debemos entenderlo como un aprendizaje fundamental para la vida futura que nos privará de muchas cosas más.

-          No ridiculizar ni desvalorizar las reacciones ni los sentimientos de nuestros hijos en ningún entorno.

-          Ayudar a tu hijo a comprender el concepto abstracto de estar y no estar, aunque se sigue estando y se sigue existiendo, por ejemplo con los siguientes juegos:

  • CUCU-TRAS: Nos escondemos el rostro tras las manos mientras nos ve el resto de nuestro cuerpo.
  • ESCONDITE: Podemos ayudarle a buscar a otras personas conocidas o incluso a él mismo /  nosotros mismos.
  • HABLARLE DESDE OTRA HABITACIÓN: Le podemos contar, hablar cantar, desde lejos para que nos oiga y comprenda que estamos aunque no pueda vernos.

No olvidemos que las lágrimas son la única manera que tiene de decirte que te ha echado de menos, que te quiere. No te preocupes, acoge ese sentimiento y dile que tú también le has echado de menos, de esa manera, poco a poco se irá acostumbrando a no tenerte físicamente, pero sí a poder expresarte sus frustraciones cuando lo necesite, porque en realidad siempre estás ahí.

Y recuerda que la separación es dura para todos.