La relación entre familia y colegio: ¡fundamental!

La familia y el colegio, son los dos contextos más importantes en el desarrollo de nuestros hijos, a veces durante los primeros años son incluso los únicos.

La educación de nuestros hijos es, en muchas ocasiones, una tarea compartida y la influencia de ambos contextos aumentará si entre estos dos sistemas se establecen relaciones fluidas, complementarias, cordiales y constructivas que tengan como objeto ayudar en el desarrollo infantil.

La relación de colaboración es posible. Cuanto más claros sean los roles y las responsabilidades de cada contexto más fácil será para nosotros respetarlos. Debemos recordar que ya hemos elegido un buen colegio, así que debemos depositar nuestra confianza en el saber profesional de los profesores, sin criticar ni desconfiar.

Igualmente debemos pedir que los profesores reconozcan a la familia como primeros educadores, con sus criterios de educación, sus diferencias y sus características.

Lo ideal es que las relaciones entre padres y maestros sean cordiales y amistosas, para así llegar a acuerdos en cuanto a objetivos y trato con los pequeños.

Si conseguimos esta buena relación, y generamos un buen clima de confianza entre todos, ayudamos a nuestros niños y niñas a aumentar sus sentimientos de seguridad y motivación hacia el aprendizaje y sobre todo mantenemos y respetamos las figuras de autoridad en todos los ámbitos ayudando a nuestros hijos.

De esta manera los niños son conscientes de la preocupación y la labor educativa que realizan sus padres y maestros.

Remar barcoNo debemos olvidar que somos del mismo equipo, que todos remamos en el mismo barco y que lo que pretendemos es construir niños felices, que disfruten de su infancia y que lleguen a ser personas adultas e independientes. Remando en una misma dirección y con el mismo empeño llegaremos a buen puerto.

¡Feliz Día del Docente!

Trabajar en Navidad

En estas fechas, se juntan muchas emociones y a veces no sabemos muy bien cómo administrarlas o gestionarlas: los peques nerviosos por la llegada de los Reyes y Papá Noel (y también nosotros, por aquello de decirles bien qué es lo que tienen que traer), los mayores ajetreados con todo lo que hay que organizar, el tener que hacer números porque es una época con mucho gasto, la tristeza de los que no están…

Por eso vamos a dedicar esta época y varios posts a hablar de todos estos temas en relación a los más pequeños de la casa.

Hoy escribimos sobre el tiempo que los navidad-y-deberespequeños pasan en casa en este periodo sin clase y sobre la forma de que no se desconecten del todo de su rutina: ¿cómo podemos gestionar el tiempo libre?

Para empezar, debemos tener en cuenta que no es un periodo tan largo como las vacaciones de verano, así que hay que reservar un rato cada día en el que mantener los estudios y sus obligaciones del colegio. No tiene por qué ser una dedicación muy extrema, siempre algo teniendo en cuenta su edad y su nivel de conocimiento:

  • Para los más pequeños puede reducirse a un rato de pintar, para que haya un tiempo de estar sentado prestado atención a una actividad similar a las fichas que hacen en la guarde o en el cole diariamente.
  • Si ya empiezan a leer y escribir, tener la costumbre de que lean y escriban unas letras o palabras cada día.
  • Cuando van creciendo, es habitual que les manden un libro para leer durante este periodo o que tengan un trabajo a entregar. Concretar esa lectura en un capítulo o el número de páginas al día que leerán.
  • Los más mayores de la casa a lo mejor tienen deberes o incluso un examen en cuanto vuelvan a la rutina del colegio. Con ellos hay que acordar tiempos para trabajar un poco cada día, transmitiéndoles que así no tendrán que estudiarlo todo el último día y podrán disfrutar más el 7 de enero de los posibles regalos de Reyes.

En cualquier caso, esto es solo una orientación, también hay que saber adaptarlo a las fiestas y a los días de descanso, porque está claro que las vacaciones también están para pasarlo bien: hacer planes en familia, aprovechar para visitar a viejas amistades o a familiares a los que no se ve con mucha frecuencia, dormir un poco más si con la emoción navideña nos hemos acostado algo más tarde de lo habitual…

A lo mejor no podemos pasar todo el tiempo que querríamos con ellos porque las vacaciones de los adultos no siempre son tan largas como las suyas, pero si nos organizamos podemos hacer cosas extraordinarias de las que disfruten mucho (reservando, por supuesto, un rato para los nuevos juguetes que hayan traído Papá Noel o los Reyes Magos).

Aprovechamos para desearos desde Gadepsi una FELIZ NAVIDAD. Ojalá que los días de fiesta hayan sido estupendos para pequeños y mayores.

El bullying: cuando el colegio no parece un sitio seguro

Todos oímos hablar del bullying, pero ¿qué es realmente? Se entiende por bullying cualquier tipo de abuso que tenga lugar en el ámbito escolar: motes ofensivos, empujones, risas, humillaciones… y, por supuesto, esto también comprende agresiones físicas.

bullying

Ahora es cuando pensamos en aquel compañero que tuvimos de pequeños o que vemos ahora en la clase de nuestros hijos, el que es centro de todas las burlas (incluso a lo mejor estamos recordando un momento en que nosotros participamos de esas burlas). Puede parecer exagerado que tachemos de bullying  una situación que no tuvo más importancia porque se dio uno o dos días pero al día siguiente todo volvió a la normalidad.

Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños o que no tiene más importancia, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.

  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es víctima de bullying? Notaremos cosas como ansiedad ante el colegio, absentismo (pellas, cuando normalmente no las hacía), referencias a que no tiene muchos amigos o ha perdido los que ya tenía, miedo y nervios por todo lo relacionado con el centro escolar, cambios en el rendimiento escolar, secretismo y marcas o heridas injustificadas (o con una justificación poco creíble).Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.
  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es el que hace bullying? Es mucho más difícil, pues incluye una parte de ver que nuestro hijo hace algo malo a otro (¡OJO! que haga algo malo no quiere decir que nuestro hijo sea malo). Podemos ver cambios en que se ríe mucho de los compañeros o que les pone motes (debemos prestar atención a si son motes cariñosos, como podría ser llamar a un amigo por su apellido o una característica de la que se sienta orgulloso, o por el contrario son motes insultantes y ofensivos), que tiene cosas que no son suyas o que tenga dinero que no le hemos dado. Además, no suele ser una conducta única del colegio, sino que podremos ver que con otros iguales (amigos del barrio, hermanos, primos…) también suele ponerse en una posición superior.

Ante un indicio de bullying, sea por el lado que sea, lo que debemos hacer es mostrarnos empáticos y comprensivos con nuestro hijo: no empezar la conversación con una bronca, porque eso hará que no reconozca lo que está ocurriendo. Además, debemos mantener un poco la calma, para no activar las alarmas sin motivo y actuar solo si de verdad algo está ocurriendo (pues tampoco queremos sobreproteger a un niño que no es víctima ni convertir en verdugo a otro).

Lo primero a tener en cuenta en estas situaciones es que tenemos que preguntar sin dar la respuesta, es decir, siempre será preferible hacer preguntas abiertas y que el niño dé una respuesta innata de lo que está viviendo a que se adapte a nuestra manera de preguntarlo:

  • ¿Hay algún compañero con quien no te lleves bien? mejor que Ha sido esa pandilla, ¿verdad?
  • ¿Cómo has comprado eso? mejor que Llevabas dinero, ¿no? ¡No se lo habrás quitado a alguien!
  • ¿Se lo has contado a alguien aparte de a mí? mejor que ¡Habérselo dicho a los profesores y que les regañara!
  • ¿Y ese moratón? ¿Qué te ha pasado? mejor que ¿A que te han pegado?

Cuando estén confirmados los indicios,debemos notificarlo al colegio para que pongan en marcha el procedimiento que siguen en estos casos, el cual estará recogido en los protocolos del centro. Sin embargo, nuestra labor como padres en el tema del bullying no acaba ahí: en casa debemos fortalecer a nuestro hijo. Fortalecer su autoestima, hacerle sentir valioso y querido. Debemos potenciar sus amistades sanas y enseñarle a pedir ayuda cuando la necesite, a nosotros o a los profesores cuando esté en el colegio. Tenemos que potenciar que hable sobre sus problemas, para poder enterarnos (y solucionar después) de lo que ocurra en el colegio si la situación no mejora.

Lo más importante es transmitir el mensaje de que nadie tiene derecho a pegar a otro por nada de lo que haga y enseñar a valorar las diferencias individuales de cada uno, en lugar de utilizarlas como insultos.

¡¡¡¡Mañana empieza el Cole!!!!

No es raro escuchar estos días a grupos de papás y mamás comentando las ganas que tienen de que sus hijos empiecen el colegio.

Hasta ahí, todo bien. Es verdad que a muchas familias realmente se les complica la conciliación familiar y laboral. Tienen que hacer verdaderos malabarismos para que sus hijos se queden en casa disfrutando de las vacaciones, mientras ellos van a trabajar. Es lógico y real que el cole nos facilita este tema y nos sentimos más cómodos por ello, sin pedir ayuda a abuelos ni favores.

Sin embargo, muchas en ocasiones, estos comentarios van acompañados de frases del tipo “estoy deseando que vayan al cole, yo ya estoy agotada, a ver si se van de una vez, a ver si se meten en rutina porque estoy harto, están salvajes….”

Como siempre este blog nos invita a reflexionar. En este caso, sobre estas frases, que solemos decir sin pudor delante de amigos, familia, vecinos… pero sobretodo delante de nuestros hijos.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja dijese “estoy deseando que empieces a trabajar porque estás pesadísima” o “cariño se me están haciendo las vacaciones de chicle contigo” …?

Lo cierto es que nos sentiríamos muy mal y nos afectaría en nuestra autestima y nuestra sensación de apego y seguridad con esa persona. Bien, pues a nuestros hijos les pasa lo mismo.

Recuerda que su casa, su hogar y sus padres, son sus lugares referenciales para el crecimiento. Es donde se les debe permitir SER, EXPERIMENTAR, SENTIR, PROBAR, JUGAR…. y EQUIVOCARSE.

Recuerda que el sentimiento de seguridad, apego y autoestima van unidos y somos nosotros, los papás, los encargados de reforzarlo y construirlo poco a poco.

La vuelta al cole

Se acaban las vacaciones y llegan de nuevo las rutinas y los horarios. Nuestros hijos también sufren el síndrome postvacacional y tienen una época de mayor nerviosismo y ansiedad.

El reajuste supone un gran esfuerzo para ellos, pues se pasa de unos días de libertad, de ocio y diversión, a la responsabilidad, la rutina y el deber.

Se trata de un proceso natural de adaptación en el que podemos ayudar a nuestros hijos, pues no debemos olvidar que un buen comienzo es una de las claves para el éxito.

Aquí tenéis algunas pautas que podéis poner en práctica durante los días previos, para hacer a nuestros peques más fácil la vuelta al cole:
Recuérdale todo lo positivo que tiene la nueva etapa: Ver de nuevo a los amigos, libros nuevos, profesores nuevos, las extraescolares que tanto le gustan, más autonomía… Esto hace que no sienta el colegio como una carga y una pérdida de beneficios, sino que vea que también tiene su lado bueno.

Invítale a participar en la preparación escolar: que te acompañe a comprar el uniforme, los libros, que colabore en la limpieza de los materiales antiguos, forrar los libros… De esta manera despertaremos la curiosidad en nuestros hijos, y verá todo lo interesante que supone el nuevo curso.

Cambia los horarios paulatinamente: Algunos días antes, y poco a poco, ve levantando a tus hijos antes, prívales de la siesta que han estado disfrutando todo el verano y que se vayan a dormir en un horario menos flexible. Ve recuperando los horarios en las comidas, y sobretodo, los tiempo de ocio, que han de ir acortándose (la televisión, la videoconsola… deben poco a poco desaparecer). Esto hará que la entrada al colegio no provoque bruscamente un cambio en todas las rutinas.

Darles toda la información posible del primer día de clase: cómo se llama su profesora, con qué compañeros le ha tocado, dónde está su clase… Les ayudará a no sentir angustia con respecto a ese primer día.

Acompañarlo ese primer día de cole, para que se sientan protegidos ante los nuevos cambios.

Fijar el hábito de trabajo desde el principio: A pesar de que los primeros días no tendrá deberes, ya debemos dedicar un tiempo de concentración y hábito de estudio, para que sepan que el tiempo de vacaciones ha terminado.

Fomentar una buena comunicación con respecto al cambio, es decir, expresar nuestro propio “síndrome postvacacional” (siendo un buen ejemplo, con actitud positiva y afrontando la vuelta a la cotidianeidad) y por supuesto permitir que exprese sus sentimientos (temores, nervios…)

• Y, como siempre, fortalecer su autoestima: Necesitamos que nuestros hijos sepan cuánto les queremos en cada paso que dan. No olvides decirle lo orgullosos que estáis de que esté en un nuevo curso, de lo mucho que será capaz de aprender, transmitiéndole confianza y apoyo.

Este proceso dura aproximadamente una media de 2-3 semanas (será más largo para los más pequeños y más corto para los más mayores que ya conocen la dinámica). Pero no menospreciéis el trabajo de adaptación que tienen que hacer nuestros hijos. Sed pacientes y … disfrutad de que vuestros pequeños tengan nuevos retos “profesionales”.