¡Socorro!

Hoy es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, un día para concienciar sobre el suicidio y promover la ayuda. El lema de este año es “Prevenir el Suicidio: Tender la mano y salvar vidas”. Y desde Gadepsi hemos pensado, ¿cómo no íbamos a querer tender la mano a las personas que más queremos?

Porque el suicidio cada año tiene cifras mayores, sobre todo entre adolescentes; por ejemplo, en 2012 se registraron más de 800 suicidios en adolescentes de entre 15 y 19 años (y subrayo lo de se registraron: quizás el número sea mayor, pero todavía hay mucho estigma al respecto y no siempre se contabiliza como suicidio una muerte en circunstancias extrañas). Y a esto hay que ponerle freno.

Empecemos por el porqué. Hay quienes piensan que el suicidio (o el intento) es una simple llamada de atención por parte del adolescente, que sólo quiere que le hagamos más caso. Corrijamos: se trata de una llamada de auxilio, nos está pidiendo ayuda con esta amenaza porque no sabe gestionar la situación de otra manera. Y sí, quizá pasa por hacerles más caso, pero no en el “hacer lo que ellos quieran”. A veces basta con preguntar, interesarse, escuchar; intentar entender por qué está tan triste últimamente.

También está qué podemos hacer como padres. Siempre que sepamos de una situación en la que el menor está pasando una mala racha, hay cosas que podemos hacer por ellos. Lo primero, interesarnos por su vida y su situación, hacerles sentir que no están solos. Pero ¡ah! Es que a veces sí están solos. A veces han sufrido una pérdida o un conflicto con los amigos que puede hacer que lo vean todo más negro aún. Con nuestra presencia, les tenemos que conectar a la vida. Hay que luchar contra su aislamiento si es que lo hay, hacerles sentir que no están solos aunque piensen que sí (recordemos que en la adolescencia, todo es blanco o negro, no hay un gris de “medio solo, medio acompañado”).

Otro apartado importante: cómo ayudarles. Piensa que se trata de una situación en la que la persona está muy vulnerable, tanto como para decidir que la muerte es la mejor solución. Su autoestima está por los suelos, de manera que tenemos que intentar elevarla, darles mensajes de cariño y apoyo, porque para infravalorarse ya están ellos. Por ejemplo, si realmente nos reconoce que está pensándolo o ya lo ha intentado, a lo mejor nuestra inmediata es: “¡Pero qué dices! ¡Es que no se te ocurren más que tonterías, verás cuando se lo cuente a […]!”. Sabemos que es difícil a lo mejor controlar el shock de una noticia como ésta, pero en ese momento, lo que le llega a esa persona que lo está pasando mal es: “No se lo debería haber contado, no me va a guardar el secreto, tiene razón, soy tonto… no hago más que estorbar” y ha vuelto sin darse cuenta a su idea inicial.

Por eso, lo que debemos hacer es acercarnos a ellos con cariño, ofrecerles nuestra ayuda y colaboración para conseguir que deje de sentirse de esa forma, no quitarle importancia al origen de las ideas suicidas (si a ellos les importa, tienen un valor que no podemos desmontar con un simple pero no pienses eso, si ya ves tú qué tontería).

Y es importante que encuentren una figura de apoyo en la que confiar. A veces como padres nos costará pensar que esa figura no somos nosotros, pero hay que ofrecerle alternativas: piensa que si le ayudas a ayudarse, ya le estás cuidando. Podemos proponerle que hable con algún familiar con el que sepamos que se lleva muy bien (preferiblemente mayor que ellos) y que vaya a saber soportar esta información; alguna amistad que vaya a ser de ayuda y que cuide a nuestro hijo; y, si lo consideramos oportuno, un profesional que pueda ayudaros a todos: a la persona en riesgo de suicidio a mejorar y a nosotros a encajar una situación tan difícil.

Pero todo se resume en una actitud de apoyo al menor. Tiene que saber que puede contar contigo, que vas a luchar por su vida cuando él o ella dejen de luchar, que vas a cogerles de la mano si tropiezan. Recuerda: ¡tender la mano y salvar vidas!

¡¡¡¡Mañana empieza el Cole!!!!

No es raro escuchar estos días a grupos de papás y mamás comentando las ganas que tienen de que sus hijos empiecen el colegio.

Hasta ahí, todo bien. Es verdad que a muchas familias realmente se les complica la conciliación familiar y laboral. Tienen que hacer verdaderos malabarismos para que sus hijos se queden en casa disfrutando de las vacaciones, mientras ellos van a trabajar. Es lógico y real que el cole nos facilita este tema y nos sentimos más cómodos por ello, sin pedir ayuda a abuelos ni favores.

Sin embargo, muchas en ocasiones, estos comentarios van acompañados de frases del tipo “estoy deseando que vayan al cole, yo ya estoy agotada, a ver si se van de una vez, a ver si se meten en rutina porque estoy harto, están salvajes….”

Como siempre este blog nos invita a reflexionar. En este caso, sobre estas frases, que solemos decir sin pudor delante de amigos, familia, vecinos… pero sobretodo delante de nuestros hijos.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja dijese “estoy deseando que empieces a trabajar porque estás pesadísima” o “cariño se me están haciendo las vacaciones de chicle contigo” …?

Lo cierto es que nos sentiríamos muy mal y nos afectaría en nuestra autestima y nuestra sensación de apego y seguridad con esa persona. Bien, pues a nuestros hijos les pasa lo mismo.

Recuerda que su casa, su hogar y sus padres, son sus lugares referenciales para el crecimiento. Es donde se les debe permitir SER, EXPERIMENTAR, SENTIR, PROBAR, JUGAR…. y EQUIVOCARSE.

Recuerda que el sentimiento de seguridad, apego y autoestima van unidos y somos nosotros, los papás, los encargados de reforzarlo y construirlo poco a poco.

Dar Autonomía a nuestros hijos es regalarles Autoestima

¿Por qué nos dan la enhorabuena cuando nos ascienden en nuestro puesto de trabajo? ¿Alguna vez hemos reflexionado sobre qué sentimientos nos invaden cuando nos ofrecen un trabajo de mayor responsabilidad? Es verdad que nos sentimos asustados y con cierto miedo por la incertidumbre de la nueva tarea, pero igualmente estamos orgullosos de nosotros mismos, con la ilusión del reconocimiento por nuestra labor y con la autoestima alta.

Quizá este símil nos ayude a entender que DAR AUTONOMÍA  a nuestros hijos es REGALARLES AUTOESTIMA.

Igual que nosotros, siempre que pedimos a nuestros hijos que realicen algo nuevo, tendrán sentimientos contradictorios con respecto a la nueva situación:

-          Consecuencias negativas: pérdida de beneficios y privilegios de la etapa que dejan, falta de costumbre y por tanto cansancio y esfuerzo ante el aprendizaje de la nueva tarea, incertidumbre….

-          Consecuencias positivas:

  • Mayor autoestima (mis papás confían en mí para hacer algo nuevo)
  • Curiosidad (qué ocurrirá, cómo lo haré)
  • Madurez (ya soy mayor)
  • Responsabilidad (siento el compromiso y voy a hacerlo muy bien)
  • Capacidad (yo puedo hacerlo)
  • Autocontrol (al hacer algo nuevo debo poner en práctica la autorregulación, no puedo relajarme hasta tener automatizada la conducta)
  • Motivación (mis papás me animan, les gusta que consiga cosas nuevas)
  • Tolerancia a la frustración (no siempre me saldrá bien y mucho menos a la primera pero lo conseguiré)
  • Inclusión en un grupo de iguales (mi amigo y yo ya lo hacemos)
  • Satisfacción (me pongo muy contento al conseguirlo)
  • Reconocimiento externo (mis papás se ponen muy contentos)
  • Seguridad (compruebo que mis papás me apoyan y me ayudan si no me sale)

Como podéis ver, los sentimientos positivos son más numerosos y más importantes que los negativos y en ningún caso se incluye el miedo. El miedo suele tenerlo el adulto. Somos los papás quienes tenemos miedo de que nuestros hijos no sean capaces. Sentimos que son pequeños para soportar los cambios y preferimos ahorrarles su trabajo, sustituyéndolo por el nuestro. Creemos que así les beneficiamos.

No olvidemos que es tan inapropiado exigir a nuestros hijos tareas para las que no están preparados evolutivamente, (como por ejemplo sumar con 1 año), como olvidar sus capacidades individuales cuando ya están más que preparados.

Asegurándoles nuestro apoyo y nuestra ayuda para adaptarse a la nueva conducta, debemos darles la autonomía necesaria en cada etapa, observando sus reacciones y motivándoles para hacerlo y conseguirlo.

Por este motivo, os animamos a quitar el pañal a vuestros peques, dejarles bajar las escaleras, permitir que coman el yogur, abandonar el chupete voluntariamente, cuidar a sus hermanos, ponerse los calcetines, colaborar en tareas del hogar, frotarse en la bañera…. Y tantas cosas que están deseando hacer.

Observa lo que ocurre… disfruta y sobre todo.. CUENTANOSLO.