Desarrollo del Autocontrol

Una de las bases de las relaciones humanas es el autocontrol.

No podemos relacionarnos con otros si no hemos aprendido a relacionarnos con nosotros mismos. Y a su vez, no podremos autocontrolarnos si no nos hemos relacionado con otros que se autocontrolan y nos enseñan a ello.

El autocontrol en los menores pasa por distintas fases:

  • El control de esfínter: Durante la etapa infantil escolar, a los niños les pedimos que se controlen no haciéndose pis y caca. Cuando lo consiguen supone autonomía y autoestima. Por nuestra parte les ayudaremos con las rutinas: hacer pis 6 veces al día (siempre en los mismos lugares: baño de casa, del cole, del comedor…) y 1 vez al día caca (antes del baño o después del desayuno…). Controlar el tiempo y el espacio, les ayuda a anticipar y a controlar sus necesidades. Conseguir esto les permite respetarse así mismos.
  • En los primeros cursos de primaria, los niños deben aprender a no interrumpir a los adultos mientras están hablando con otros. En esa fase los juegos de turnos son especialmente importantes. Debemos insistir en el “un momento, por favor, que estoy hablando” y reforzar cuando lo consiguen. El no interrumpir, el respetar al otro, les abre la perspectiva de su mundo “egocéntrico” (que no egoísta) en el que ellos eran los protagonistas. Este autocontrol les permite respetar al otro.
  • La atención y concentración: Si somos capaces de autocontrolarnos a nosotros mismos en las fases anteriores, tendremos una buena base para conseguir una atención externa y una concentración interna. En los curos intermedios de primaria, el estar atento en clase, es mucho más que atender, es sobretodo autocontrolarse en todos los deseos internos (los niños desean hacer muchas otras cosas, pensar en otras cosas, compartir con los compañeros ideas… pero deben saber que es el turno del profesor, del estudio, de la concentración y de la atención). Aunque parezca contradictorio, en esta fase les ayudaremos dejándoles solos, permitiéndoles la autogestión. Debemos mostrarles la manera de concentrarse facilitándoles las rutinas pero no estudiando con ellos, pues ya sería un control externo, no un autocontrol. Este logro les permite cuidarse a sí mismos.
  • La agresividad: En ocasiones, la rabia y la agresividad nos invade ante la frustración que suponen los autocontroles anteriores, que ya implican pérdida de privilegios. Hasta que llegamos al último ciclo de primaria, se puede permitir una manifestación evidente del enfado. Sin embargo, en estos últimos cursos ya debemos ir regulando nuestra expresión de la agresividad, con la situación, con los compañeros y con nosotros mismos. Eso no significa que no sintamos el enfado, debemos sentirlo, identificarlo, darle un significado y canalizarlo hacia algo positivo. Los padres y la escuela debemos ayudarles igualmente en este autocontrol, permitiendo que los preadolescentes se enfaden, aceptando sus sentimientos agresivos y dándoles pistas para que se autocontrolen. Este control les permite cuidar al otro.

Estos autocontroles serán la base de las relaciones familiares, escolares y con uno mismo. De ahí la importancia de los mismos.