“Un amigo que vive dentro de mí”

Aunque no lo creamos, es muy habitual que nuestros hijos desarrollen en algún momento un amigo imaginario (hay estudios que confirman que entre un 50 y un 60% tienen uno al menos una vez durante su infancia). Puede surgir a los 2-3 años, cuando empiezan a tener un círculo social, pero tampoco es raro que aparezca más adelante, a los diez años.

Una publicación de 1934 (Svendsen) ya hablaba de los amigos imaginarios y los definía como “un personaje invisible, al que se nombra y se hace referencia en conversaciones con otras personas o con el que se juega […] y que tiene un aire de realidad para el niño”. Históricamente se ha asociado la presencia de ese amigo invisible a problemas de relación del pequeño, como que no supiera socializar o que fuera una figura de protección con la que compartir los problemas; sin embargo, es una cosa muy común que puede formar parte de su proceso evolutivo. También hay estudios que consideran que es el primer paso hacia la independencia del niño: una figura lo bastante cercana a mí pero que no son mis padres y por lo tanto puedo hacer cosas nuevas porque sí cuento con la “protección” de alguien.

pizarra sueloEn general, podría decirse que los amigos invisibles surgen en un momento de soledad o de inseguridad, aunque sea puntual: el niño o la niña puede estar jugando a solas en la habitación e imaginarse que juega con otro; y luego esa figura puede que se quede más tiempo.

Pero… ¿cómo nos comportamos alrededor de este nuevo amigo? Porque para los adultos resulta mucho menos natural de lo que es para los niños. También es verdad que los pequeños no siempre hablan de ello con naturalidad porque en cierto modo les da vergüenza, pero lo que debemos tener en cuenta es que, sea por el motivo que sea, para nuestro hijo o hija se trata de un personaje importante en ese momento de su vida, de manera que no lo podemos deconstruir a la primera de cambio.

Por eso, lo mejor es que le tratemos de la misma forma que le trata el niño pero quitándole la importancia que éste le da. Por ejemplo, en caso de que nuestro hijo insista en que pongamos un cubierto para su amigo imaginario en la mesa, en lugar de decirle enfadados que eso es una tontería y que no existe, podemos intentar convencerle de que ahora no va a comer con nosotros: “ya ha comido antes”, “seguramente no le gusta lo que hemos preparado hoy y como no es mi hijo, no le puedo insistir”, “mejor comemos nosotros primero y que tu amigo siga jugando”, etcétera. De esta manera, estamos estableciendo unos límites (que el amigo imaginario no puede hacerlo todo con nosotros) pero estamos dándole tiempo a nuestro hijo para que resuelva aquello para lo que ha surgido este personaje.

En cualquier caso, si notáis que lo que está pasando os preocupa porque no veis que sea una situación habitual u os preocupa la conducta del pequeño, ya sabéis que podéis dejarnos un comentario o escribirnos a info@gadepsi.com. Si no, en Gadepsi (www.gadepsi.com) estamos disponibles para cualquier consulta, tanto con el peque como con vosotros los padres, para daros las herramientas necesarias para manejar esta situación.