Padres separados, Hijos desconcertados.

Actualmente el número de separaciones y divorcios es mucho mayor que hace algunos años.

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Podemos interpretar estos datos desde el  pesimismo de que ahora no somos capaces de tolerar la frustración y que no “aguantamos”  por nuestros hijos lo que solían “aguantar” nuestros abuelos. O por el contrario, podemos interpretarlo desde la adaptación al cambio, el constante crecimiento personal y desde la certeza de que nuestros hijos  tendrán unos padres separados pero felices (que es mucho mejor que unos padres juntos pero insatisfechos).

En cualquier caso a nuestros hijos les influye y por eso debemos tenerlo en cuenta. Este “tenerlos en cuenta” no significa, ni mucho menos preguntarles, ni tampoco pedirles su opinión sobre algo que concierne a la pareja (que forma parte de un equipo al que ellos no pertenecen).

Tenerlos en cuenta significa “decirles la verdad, la nueva situación”. Tal y como os animamos a hacer en cualquier situación nueva. Independientemente de la edad que tengan, tendremos que explicarles la nueva situación con sus palabras, dependiendo de su comprensión y sobretodo de sus preguntas.

Aunque parezca que no se enteran, o que no les importa, o que no veían a su padre nunca…. No importa, siempre es mejor que sepan la nueva situación, porque a veces, para protegerles les ocultamos las cosas y les hacemos un flaco favor, porque aunque la verdad es difícil siempre es mejor que su imaginación.

Mientras nosotros nos separamos, ellos están desconcertados. Por eso debemos acompañarlos en esta nueva situación y contenerlos en lo que les vaya sucediendo.

Si nuestros hijos son muy pequeños, podrán preguntar menos, se adaptarán a los cambios rápido pero sin duda harán manifestaciones de los mismos (quizá si ya controlaban esfínter dejarán de hacerlo, o su habla se volverá más infantil de lo que era, o dejarán de dormir tan bien como lo hacían antes…)

Si nuestros hijos son más mayores, las preguntas surgirán constantemente y la adaptación a la nueva situación pasará por muchos altibajos, los enfados serán más habituales y las luchas de poder constantes. (Quizá aparezcan bajones académicos, trasgresiones en las normas, peleas con los hermanos….) Recordad que nosotros mismos: adultos, seguros, independientes y separados, también pasaremos por distintos estados emocionales (enfado, seguridad, tristeza, duda, dolor, rabia, liberación, alegría, duda de nuevo….) y esos estados emocionales influirán en nuestra relación con nuestros hijos.

Por tanto es mejor que ellos entiendan que para nosotros también es una etapa de cambio, que nos está costando superar. Y por supuesto, es mejor que nosotros entendamos que para ellos también es una etapa de cambio, que les está costando superar.

Con esta comprensión mutua, empezaremos a disfrutar de las nuevas familias que se han creado.

La vuelta al cole

Se acaban las vacaciones y llegan de nuevo las rutinas y los horarios. Nuestros hijos también sufren el síndrome postvacacional y tienen una época de mayor nerviosismo y ansiedad.

El reajuste supone un gran esfuerzo para ellos, pues se pasa de unos días de libertad, de ocio y diversión, a la responsabilidad, la rutina y el deber.

Se trata de un proceso natural de adaptación en el que podemos ayudar a nuestros hijos, pues no debemos olvidar que un buen comienzo es una de las claves para el éxito.

Aquí tenéis algunas pautas que podéis poner en práctica durante los días previos, para hacer a nuestros peques más fácil la vuelta al cole:
Recuérdale todo lo positivo que tiene la nueva etapa: Ver de nuevo a los amigos, libros nuevos, profesores nuevos, las extraescolares que tanto le gustan, más autonomía… Esto hace que no sienta el colegio como una carga y una pérdida de beneficios, sino que vea que también tiene su lado bueno.

Invítale a participar en la preparación escolar: que te acompañe a comprar el uniforme, los libros, que colabore en la limpieza de los materiales antiguos, forrar los libros… De esta manera despertaremos la curiosidad en nuestros hijos, y verá todo lo interesante que supone el nuevo curso.

Cambia los horarios paulatinamente: Algunos días antes, y poco a poco, ve levantando a tus hijos antes, prívales de la siesta que han estado disfrutando todo el verano y que se vayan a dormir en un horario menos flexible. Ve recuperando los horarios en las comidas, y sobretodo, los tiempo de ocio, que han de ir acortándose (la televisión, la videoconsola… deben poco a poco desaparecer). Esto hará que la entrada al colegio no provoque bruscamente un cambio en todas las rutinas.

Darles toda la información posible del primer día de clase: cómo se llama su profesora, con qué compañeros le ha tocado, dónde está su clase… Les ayudará a no sentir angustia con respecto a ese primer día.

Acompañarlo ese primer día de cole, para que se sientan protegidos ante los nuevos cambios.

Fijar el hábito de trabajo desde el principio: A pesar de que los primeros días no tendrá deberes, ya debemos dedicar un tiempo de concentración y hábito de estudio, para que sepan que el tiempo de vacaciones ha terminado.

Fomentar una buena comunicación con respecto al cambio, es decir, expresar nuestro propio “síndrome postvacacional” (siendo un buen ejemplo, con actitud positiva y afrontando la vuelta a la cotidianeidad) y por supuesto permitir que exprese sus sentimientos (temores, nervios…)

• Y, como siempre, fortalecer su autoestima: Necesitamos que nuestros hijos sepan cuánto les queremos en cada paso que dan. No olvides decirle lo orgullosos que estáis de que esté en un nuevo curso, de lo mucho que será capaz de aprender, transmitiéndole confianza y apoyo.

Este proceso dura aproximadamente una media de 2-3 semanas (será más largo para los más pequeños y más corto para los más mayores que ya conocen la dinámica). Pero no menospreciéis el trabajo de adaptación que tienen que hacer nuestros hijos. Sed pacientes y … disfrutad de que vuestros pequeños tengan nuevos retos “profesionales”.