¿Cómo separarme de mi bebé sin angustia?

 

Normalmente a los 8 meses aproximadamente, nuestros hijos sufren uno de los miedos más importantes y significativos para ellos, el miedo a separarse de su figura de apego.

A esta edad, aproximadamente, comienzan a reconocer caras conocidas , y por tanto a extrañar a las personas menos habituales de su entorno. De manera que cuando desaparece esa persona que les cuida, normalmente la madre, sienten un gran miedo. Este miedo se debe a nuestro instinto de supervivencia, ya que es nuestra madre la que nos alimenta y nos aporta el amor necesario para seguir viviendo.

Los tiempos para nuestros hijos son muy diferentes, el concepto temporal va cambiando con el tiempo. Y lo que para nosotros son unas horas para ellos es una eternidad. Por eso debemos ser comprensivos con sus reacciones y prevenirlas lo mejor posible.

Los pequeños, suelen reaccionar de la siguiente manera:

-          Cuando su madre no está: lloran desconsoladamente, succionan más de lo habitual, buscan la atención inmediata, busqueda de la madre constantemente.

-          Cuando su madre sí está: lloran, se despiertan más a menudo, buscan el contacto visual, mayor necesidad de tomar pecho (si hay lactancia materna), siguen a la madre con la mirada, quieren estar en sus brazos constantemente.

Las mamás también tienen sus reacciones, los sentimientos más habituales son:

-          Culpabilidad, especialmente cuando está separada de su bebé.

-          Preocupación porque el cuidador sea capaz de realizar las tareas necesarias.

-          En ocasiones, también se sienten agobiadas cuando están con el bebé por esa dependencia constante del peque hacia ellas.

Aquí te dejamos algunas pautas para ayudaros a ambos a superar esta separación:

-          Si tienes previsto ausentarte largas horas, por ejemplo por la incorporación al trabajo, trata de pasar algunos días previos con el cuidador sustituto, para que tu hijo vaya poco a poco incorporándole junto a ti.

-          Elige a alguien de tu confianza, que sepas que va a querer y cuidar al bebé. Que te haga sentir tranquila con la decisión.

-          Acostúmbrate a contarle siempre lo que vas a hacer, es decir, aunque sólo vayamos a la cocina, o le dejemos jugando en el salón, si le decimos qué vamos a hacer y cuándo vamos a volver, le ayudará a organizarse en el tiempo y a acostumbrarse a los espacios sin ti.

-          Comunica de antemano al bebé, tenga la edad que tenga, que te vas a ir. Es mejor que te despidas y que le digas cuánto tiempo vas a estar fuera.

-          No mentirle, a veces sufren más por la mentira que les contamos que por la separación. Es cierto que a veces nos resulta más cómodo irnos sin avisar, o decirle que vamos al baño…. Y aunque es verdad que evitamos la expresión de malestar en el momento, provocamos un enfado mayor después y sobretodo una gran desconfianza para las futuras ocasiones.

-          Despídete de forma rápida, no hagas que la despedida sea angustiosa y duradera, cuanto menos tiempo y menos apegada sea mejor. Es decir, si ya anda puede llegar al centro andando o si tiene que ir en brazos hacer el traslado de brazos a brazos de forma rápida.

-          Si la ausencia es de varios días, puedes llamarle por teléfono para charlar con él, contarle cuánto queda de separación y que oiga tu voz.

-          Dile “hola” al llegar de forma inmediata, que sienta que él es lo que más has echado de menos durante la ausencia. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja, después de un largo viaje tarda en saludarte?

-          Debemos entender que la separación es una frustración necesaria para el desarrollo psíquico de nuestros hijos. Es una de las primeras situaciones en las nos vemos privados de algo que queremos, y debemos entenderlo como un aprendizaje fundamental para la vida futura que nos privará de muchas cosas más.

-          No ridiculizar ni desvalorizar las reacciones ni los sentimientos de nuestros hijos en ningún entorno.

-          Ayudar a tu hijo a comprender el concepto abstracto de estar y no estar, aunque se sigue estando y se sigue existiendo, por ejemplo con los siguientes juegos:

  • CUCU-TRAS: Nos escondemos el rostro tras las manos mientras nos ve el resto de nuestro cuerpo.
  • ESCONDITE: Podemos ayudarle a buscar a otras personas conocidas o incluso a él mismo /  nosotros mismos.
  • HABLARLE DESDE OTRA HABITACIÓN: Le podemos contar, hablar cantar, desde lejos para que nos oiga y comprenda que estamos aunque no pueda vernos.

No olvidemos que las lágrimas son la única manera que tiene de decirte que te ha echado de menos, que te quiere. No te preocupes, acoge ese sentimiento y dile que tú también le has echado de menos, de esa manera, poco a poco se irá acostumbrando a no tenerte físicamente, pero sí a poder expresarte sus frustraciones cuando lo necesite, porque en realidad siempre estás ahí.

Y recuerda que la separación es dura para todos.

 

10 Motivos por los que llevar a tu hij@ al psicólogo

Cuando algún profesional de la educación nos recomienda que nuestro hijo visite a un psicólogo se despiertan en nosotros las dudas y los sentimientos de culpa, impidiéndonos pensar con claridad con respecto a lo que un psicólogo supone para nuestro hijo.

Aquí te dejamos 10 motivos por los que debemos llevar a nuestro hijo a terapia si nos lo han recomendado.

- Porque el psicólogo ofrecerá a tu hijo un espacio de atención exclusiva, que los peques disfrutan y agradecen especialmente por su necesidad de atención individualizada, con la que se construyen como personas.

- Porque actualmente les llevamos a clases de piscina, fútbol, piano e inglés… Sin embargo, no debemos olvidar la parte que incluye la inteligencia emocional. Es una habilidad más que debemos practicar para ser feliz.

- Porque el psicólogo ofrecerá un lugar de diversión para él, de expresión de sentimientos, en ningún caso pasará un mal rato, ni se le forzará a realizar algo que no le apetezca.

- Porque el psicólogo dará herramientas a tu hijo para enfrentarse a situaciones que le resultan difíciles en la vida cotidiana, ya sean académicas, sociales o personales.

- Porque el hecho de que nuestro hijo necesite un psicólogo no significa que seamos peores padres, que tengamos la culpa de no haber cubierto “algo” en nuestro pequeño. Muy al contrario, el hecho de darnos cuenta de lo que necesita y ofrecérselo, nos convierte en padres atentos y contenedores.

- Porque aunque los hijos nos consideren omnipotentes no lo somos. Es verdad que nuestros hijos son una extensión de nosotros mismos, pero eso no significa que tengan la madurez suficiente para resolver las situaciones tal y como nosotros lo haríamos. E incluso ocurre que no siempre necesitan las mismas cosas que nosotros, por eso no siempre podemos ayudarles y no siempre podemos evitarles sufrir, aunque nos gustaría.

- Porque, si lo necesitamos, el psicólogo también nos orientará como padres, y nos dará pautas para relacionarnos con nuestro hijo y que podamos ayudarle en casa. Pero esas pautas no son tan importantes como la sensación de estar haciendo lo correcto. La seguridad que nos aporta el psicólogo como padres, la sensación de sentirnos respaldados, hace que nuestro comportamiento favorezca al crecimiento y desarrollo emocional de nuestros hijos.

- Porque el psicólogo no cambiará aquello que no queremos cambiar. Simplemente nos acompañará en el crecimiento de nuestro hijo, y en el nuestro propio.

- Porque el psicólogo siempre debe ser el paso complementario a la medicación. En algunas ocasiones los pediatras medican a nuestros hijos, y creemos que es suficiente para mejorar la calidad de vida del pequeño, pero no podemos jugarnos la mejora a una sola carta, debemos cubrir todos los aspectos necesarios, y la parte emocional o psicológica desde luego lo es.

- Pero sobre todo, porque haríamos cualquier cosa por ellos. Porque hacerles la vida más fácil es uno de los objetivos de los padres, y porque su felicidad es la nuestra.

Mamá, Papá… Quiero tener mi propio “Perfil”

La adolescencia es una etapa en la que los hijos buscan su propia identidad e intentan acercarse más a sus iguales. Y, hoy en día, las redes sociales son una manera accesible y fácil que tienen para ello.

No nos debe asustar que nuestros hijos tengan una cuenta de tuenti, de Facebook, de twitter… Pero sí debemos transmitirles la importancia que puede llegar a tener. En la naturaleza de los adolescentes está el no ser capaces de adelantar las consecuencias de la manera en que hacemos los adultos, por eso tenemos que prestarles nuestra visión de las cosas.

adolescencia y redes sociales (vida en la red)

En algún momento el adolescente se planteará tener una cuenta en una red social (por los amigos, porque en el colegio se habla de ello), así que hay que ir teniendo presente esa posibilidad y hablar de ello con naturalidad:

  • ¿Alguno de tus compañeros ya tiene tuenti?
  • ¿En el colegio/instituto os han hablado de las redes sociales?

Si como padres tenemos una propia cuenta, puede ser una buena oportunidad para hacerle comentarios al respecto, por ejemplo, con la foto elegida para ser la foto de perfil: “Pues no sé cuál ponerme, porque al final es la que ve todo el mundo y no sé si me debería presentar así. ¿Me ayudas a elegir una?”. De esta manera, no solo le damos importancia a esa primera impresión, sino que además estamos haciéndole cómplice en algo que para nuestro hijo va a ser importante.

Primero tenemos que informarnos un poco de qué cuenta es la que se está pensando abrir, con quién quiere hablar, por qué la quiere ahora… Para conocer de qué manera funciona y cómo podemos ayudarle a hacer un buen uso de la misma.

Una vez que tengan una cuenta, debemos repasar con ellos los ajustes de Privacidad: “no voy a cotillear las fotos ni los comentarios, pero si te parece podemos ver juntos los ajustes de tu perfil”. Repasando cada punto con ellos y dando en voz alta los motivos por lo que marcamos determinada opción, les planteamos posibilidades: “Aquí marcamos que solo tus contactos puedan ver tu tablón/tu muro, que está bien porque en realidad tampoco hace falta que se entere todo el mundo de tus cosas, ¿no?”.

Sabemos que va a querer subir determinadas fotos y podemos incluir con normalidad esa posibilidad en las conversaciones familiares:

  • “Mira, esa foto que tienes en el corcho con tus amigos es muy bonita. ¿La has subido también a tuenti?”
  • Cuando dos hijos/primos ya tengan una cuenta: “Podrías subir esa foto con tu prima, pero ésta no, que sale tu hermano pequeño… y él no tiene tuenti como tú, si quiere subirla en un futuro ya lo hará él”

La idea es hacerles celosos de su intimidad, que sepan que hay muchísimas cosas que pueden compartir con sus amigos y contactos, pero que en la red hay otras muchas que no controlamos y que tenemos que mantener guardadas para nosotros.

Mentiras infantiles

 

Es normal que te preocupe si observas que tu hijo cuenta mentiras. Por eso te recomendamos que te leas este pequeño artículo para conocer las funciones de las mentiras y así comprender a tu hijo.

La mentira es un mecanismo de defensa muy utilizado en el ser humano. A pesar de que es negativo y se vuelve en nuestra contra, obtiene de manera inmediata unos beneficios que hacen que lo sigamos utilizando para proteger la autoestima, sentirnos aceptados, obtener algo que se desea, evitar que nos juzguen…

¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS Y NIÑAS?

Todos los niños y niñas pequeños en algún momento de su desarrollo mienten. Debemos saber que es natural que los niños utilicen las mentiras, pero tenemos que prestar atención para que no se conviertan en un algo habitual en ellos.

Podemos diferenciar varios tipos de mentiras:

  • Anteriores a los 5 años: Son mentiras naturales y apropiadas, sin intención ninguna. En este caso tienen que ver con el mundo de fantasía de los niños.
  • Después de los 5 años: aparecen las mentiras intencionadas, es decir, los peques ya son conscientes de que están mintiendo y lo hacen por algo en concreto:
    • Para conseguir algo que desean o evitar algo que no desean. Por ejemplo, para librarse de un castigo o tener una recompensa.
    • Para aparentar ante alguien. Suele darse ante el grupo de amigos.
    • Por imitación.

Estas mentiras siempre tienen objetivos inconscientes como:

  • Necesidad de ser aceptado y amado por otro.
  • Miedo (Si algo me da miedo, invento una realidad que yo controlo).
  • Autoestima (Necesito sentirme bien conmigo y con los demás).
  • Mantener la estabilidad de algo que sucede (Por dificultad para asumir una nueva realidad)

Una mentira no tiene más importancia, pero cuando se mantiene pasada esta edad y se convierte en algo habitual, hay que intervenir.

En estos casos, debemos darnos cuenta del motivo por el que nuestro hijo está mintiendo, debemos comprobar si hay algún problema detrás o si se está convirtiendo en un hábito a eliminar.

Pero sobretodo no debemos reaccionar de forma desproporcionada: hablaremos con él en privado no en público, preguntaremos a nuestro hijo el motivo de la mentira, le haremos saber que comprendemos el motivo, pero no lo justificaremos y tomaremos las medidas adecuadas (castigo, no conseguir una recompensa, que pida disculpas…)

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR LAS MENTIRAS?

  • Ser buenos ejemplos: Ne debemos mentir en ninguna circunstancia, porque el niño no conoce los términos medios (o se puede o no se puede).
  • Procura no juzgar a tu hijo, se comprensivo y acepta la sinceridad de tu hijo aunque no sea la adecuada. Proporciona confianza y seguridad, para que tu hijo no se sienta amenazado, ni tenga miedo a perder el cariño y crezca en un ambiente que le ofrezca autoestima.
  • Refuerza la sinceridad. Siempre que nos diga la verdad lo valoraremos. Y aunque obtenga un castigo por la mala conducta, le diremos que ha sido valiente por decir la verdad y alabaremos su sinceridad.
  • Explica claramente la diferencia entre mentira y verdad, y sobre todo las consecuencias de ambas conductas.
  • No le mientas nunca. Solemos pensar que les evitamos sufrimiento, que así no se enteran… pero no sólo nos engañamos a nosotros mismos porque sí les hacemos sufrir cuando se enteran, y además les damos permiso para mentir.

 La sinceridad y la asertividad nos liberan de sentirnos culpables con nosotros mismos y nos favorecen el equilibrio emocional.

Hábitos correctos de estudio

Al inicio del año, siempre nos proponemos mejoras. Una de las más importantes para padres e hijos son las académicas.

Necesitamos ayudarles a que saquen buenas notas y se sientan tranquilos con los estudios.

En muchas ocasiones, nuestros hijos van muy bien en los primeros cursos, porque la dificultad es menor y las capacidades de los niños son mayores a lo que se demanda.

Pero cuando llegan a los cursos superiores, la gran mayoría tiene dificultades para superar el trabajo diario y el esfuerzo que tienen que hacer es mucho mayor.

Aprender a estudiar en casa es uno de los pilares fundamentales para el éxito académico, y nosotros tenemos que enseñarles.

Aquí van algunas pautas para comenzar con ello desde el principio del año:

-  Disciplina en el estudio: Los niños, desde que empiezan primaria deben dedicar un tiempo al estudio todas las tardes. Cuando lleguen a casa, pueden distraerse, merendar, quedarse un rato en la calle, pero a partir de una hora, deben sentarse a realizar tareas académicas.  Unas cuantas sumas, o restas… serán lo suficiente para comenzar a entender la dedicación que supone.

-  El tiempo que deben dedicar debe ser limitado: este tiempo estará en función de la edad de los niños. No pueden estar toda la tarde delante de los libros, sino que deben conocer de cuánto tiempo disponen y con un reloj delante, ir viendo que se les va acabando. No pretendemos agobiarles sino que se hagan conscientes del límite. Después podrán jugar o ver la televisión, y ellos deben conocer la secuencia y los tiempos.

- El espacio del que disponen para sus tareas académicas debe ser el adecuado: buena iluminación, temperatura, comodidad, silencio, independencia… y sobretodo, sin objetos distractores.

-  En los primeros cursos debemos acompañarles: Comprobando que leen bien y comprenden lo que se les pide, enseñándoles el orden en el que deben realizar las tareas (primero mirar la agenda para ver si hay alguna anotación, hacer las tareas, estudiar, preparar la mochila para el día siguiente…). El acompañarles no debe entenderse como hacerles el trabajo, simplemente debemos comprobar que realizan bien las tareas.

-  Motivar a nuestros hijos: Es necesario valorarles y reforzarles (no necesariamente con premios materiales). Definirlos como buenos estudiantes, como personas inteligentes, entender que el aprendizaje es una etapa, no un estado, y que conseguirán resultados.

-  Entender el colegio como autoridad: Es importante no cuestionar a los profesores, los exámenes o las tareas que les piden. Tenemos que entender que lo que tiene que hacer es lo adecuado a su edad y a su clase. Ante cualquier duda podemos hablar con los profesores, que a fin de cuentas, reman en nuestro mismo barco y tratan de ayudar a nuestros hijos. No les beneficia que partamos de ideas negativas sobre el colegio o los profesores (a mi hijo le tienen manía, le mandan demasiados deberes, no explican bien…) porque eso les perjudicará.

-  Inculcar el esfuerzo: en nuestra propia vida debemos esforzarnos en lo que hacemos para ser ejemplo.

Pero sobretodo, debemos estar ahí, preocuparnos por ellos y no limitarnos a ir al colegio sólo por las notas. Lo importante es  estar a su lado en todo momento.

Llega la navidad y… ¡¡los regalos!!

¡¡¡¡ME LO PIDO!!!!

La navidad está a la vuelta de la esquina. Las campañas publicitarias están en marcha y los niños están decidiendo qué le van a pedir a los Reyes Magos y/o Papá Noel.

Las estadísticas indican que los niños reciben una media de cinco regalos por estas fechas y que la ilusión por un juguete nuevo  dura entre tres y cinco horas de media.

  • ¿Por qué caemos en la tentación de colmarles de regalos?:

-  No hay nada más satisfactorio y que nos llene de más felicidad que ver sus caritas al abrir los regalos: Padres y familiares desean hacer felices a los niños y en ocasiones se confunde la ilusión de abrir un regalo por felicidad.

-  “No quiero que le falte de nada”: Desde el deseo de cubrir todas las necesidades del pequeño, se puede caer en error de tratar de darle todo lo que pide. Una de nuestras misiones a la hora de educarlos es enseñarles no solo a tolerar la frustración si no tambien a conocer sus propios deseos.
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-  Redimir el sentimiento de culpa por no pasar tiempo con ellos: el sentimiento justificado o no de no ser buenos padres favorece que intentemos compensarles cumpliendo todos su deseos.

-  Las campañas de publicidad y el ambiente navideño-consumista: No podemos negar la influencia de la sociedad en la que vivimos. El consumismo está incorporado a nuestra manera de vivir y de comprar.

-  Los niños SIEMPRE lo quieren todo: Y como buenos niños todo lo piden con intensidad e ilusión. Si miran un catalogo de juguetes, lo más probable es que elijan varias cosas de cada página.

  • Antes de escribir la carta a los Reyes Magos/ Papá Noel:

-  Decidir el número de regalos máximos que podrán tener: recibir muchos regalos es tan negativo como no recibir ninguno. Tres regalos es un límite aceptable. No obstante cada familia tendrá que decidir según sus posibilidades y su criterio el número máximo.

-  Organización con el resto de familiares en la compra de los regalos: Una de las tareas más difíciles será explicar al resto de la familia esa limitación de regalos. A ellos les pasa lo mismo, también desean cumplir los deseos del pequeño. Para ello podemos remarcar que no disfrutan de cada regalo como se merece si tiene muchos mismo tiempo. A veces compramos mil regalitos de bajo coste pero de mala calidad. La familia se puede organizar para que entre todos se compren el numero de juguetes que hemos establecido.

  • Instaurando nuestra propia tradición navideña:

-  Explicar a los niños el motivo por el que el número de regalos es limitado: La creatividad será nuestra mejor arma. Hacer de ello una historia, un juego hará que los niños lo entiendan mejor y se molesten menos. Por ejemplo, podemos contarles que a los Reyes Magos les gusta regalarle cosas con las que se lo pase muy bien y con las juegue mucho. Por este motivo, sólo le traerán 3, para que le de tiempo a jugar mucho con ellas.

-  Hacer una tradición familiar de escribir la carta a los Reyes Magos/Papá Noel: lo que más desean los niños es pasar tiempo con sus padres. Convierte el hecho de escribir la carta en algo familiar y divertido (utiliza folios de colores, adornar la carta juntos, tomar una merienda especial mientras, poner música…).

-  No utilizar catálogos de juguetes para escribirla: Si tienen tanta variedad de juguetes a la vista, les va a resultar muy difícil elegir.

-  Jugar juntos a decidir qué regalos son los que más desea: Es fundamental que nos expliquen por qué lo desean, qué es lo que les gusta de ese juguete, cuánto tiempo serían capaces de esperar para conseguirlo, si creen que lo desearán mañana también.

-  Convertir el encuentro familiar en lo más importante: organizar una merienda de reyes para que vengan los abuelos, tíos… donde podrán mostrar los regalos que han tenido y al mismo tiempo disfrutar de la familia.

Por último, como indicación para decidir qué comprarles lo fundamental es tener en cuenta que los regalos de navidad deben ser deseados por el niño y  fomentar el juego, que, al fin y al cabo, es la actividad principal para su desarrollo.

La importancia de los abuelos

Todos los que tenemos abuelos, sabemos de la importancia que tienen en nuestras vidas.

Pero quizá no sabemos lo influyentes que son en nuestro desarrollo psicológico. Tanto si son cuidadores habituales, como sí lo son esporádicos, se trata de figuras imprescindibles en el desarrollo de nuestras vidas.

Compartir a nuestros hijos con nuestros padres, es una maravillosa manera de regalar a nuestros hijos parte de nosotros mismos.

Si tienes que dejar a tus hijos con sus abuelos, no te sientas culpable. Lo único que debemos tener en cuenta para mantener una relación saludable entre todos, es la importancia de establecer unos límites claros. La autoridad de los padres no debe saltarse, pero las cesiones a los abuelos en su terreno son necesarias.

AbuelosLos abuelos, por su edad,  tienen que sustituir la relación física por la comunicación, y eso es lo mágico de la relación, que al basarse sólo en las palabras, van cargadas de mucho amor y afecto.

 Estas son algunas de las funciones de los abuelos con nuestros hijos:

- El abuelo es el encargado de transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias que cuentan los abuelos sobre su vida, incluye a sus hijos de niños (es decir, a los padres), haciendo que el peque se identifique con ellos (¡mi padre o madre también fue pequeño y hacía travesuras!). Además dan sentido de continuidad a la familia, proporcionan conocimiento de la vejez y del pasado familiar, y nos acercan a nuestras raíces.

- La abuela es la encargada de amar a nuestros hijos de manera incondicional. No hay excepciones en la fantasía emocional del niño, la abuela me quiere, me cuida, me protege, me defiende, está orgullosa…. SIEMPRE. Es un amor incondicional tan grande y tan duradero que los niños disfrutan de su compañía aumentando su sentimiento de autoestima y seguridad emocional.

- Los abuelos pueden parar el tiempo. Permiten salirse de las rutinas y el estrés diario. En casa de los abuelos reciben atención, tiempo para conversar, para escuchar y para jugar.

- Los abuelos tratan a los nietos como niños. La diferencia generacional entre abuelos y nietos hace que los mayores vean siempre a los pequeños como “muy pequeños”. Por lo general, los abuelos mantienen la exigencia por debajo de las posibilidades de los niños, y eso les permite relajarse, o sencillamente expandirse desde una perspectiva más infantil porque es acurrucado y recibe el tratamiento cariñoso como niño que realmente es.

- Los abuelos ayudan a cuidar de los niños. Esto hace que se sienten útiles, más considerados y valorados. Ésto influye en su felicidad pero también en la de nuestros peques, que son cuidados por personas felices, tranquilas y pacientes.

- Los abuelos ayudan a los padres a seguir siendo pareja. Además de padres, somos pareja. Dejar a nuestros hijos en casa de los abuelos para tener un tiempo de pareja y no familiar, hará que nos sintamos más “individuos” y puede ayudar a que nuestra relación con nuestros hijos sea mejor, pues nos sentimos más satisfechos o menos presionados por la faceta de madre o padre.

Y no menos importante.., para los abuelos, los nietos son el postre de la vida.

Adolescentes y drogas

La adolescencia es una etapa importante en el crecimiento y la búsqueda de identidad.

El grupo de iguales se convierte en una de las referencias más importante. Formar parte de un grupo con ideales, con algunas características concretas, o formas de vestir…  ayuda a nuestros jóvenes a sentir que forman parte de algo y que pertenecen a un grupo independiente de su familia. Esto les ofrece seguridad y contención.

Sin embargo, este grupo de iguales puede ser, en algunas ocasiones, el que empuje a nuestros hijos a realizar conductas que no comparten como individuos independientes, pero sí como miembros de ese grupo. Como por ejemplo, el hecho de probar las drogas.

La adolescencia se caracteriza por la inquietud y la búsqueda de nuevas experiencias, pero también por la inestabilidad emocional y la indecisión.

Suceden cambios internos y personales, que pueden chocar con las creencias y valores familiares.

Como padres, tenemos que ser conscientes de que, aunque ya no podemos prohibir como cuando eran pequeños, si tenemos la capacidad de seguir influyendo en sus decisiones (siguen siendo nuestros hijos, y en el fondo nuestra opinión les sigue importando).

Por ese motivo, tenemos que cuidar y fomentar todo tipo de conversaciones con ellos. Dales tu opinión siempre que sea necesario, sin dejarte llevar por el miedo, evitando los mensajes tremendistas (confirmarán la idea que nuestros hijos tienen de nosotros, como por ejemplo “mis padres no se enteran, son unos exagerados…”).

Lo mejor es encontrar un tono sencillo, amable y directo en relación a algo que veis, oís, o charláis juntos. Con el objetivo de que nuestros hijos tengan una información real de las drogas y estén convencidos de sus consecuencias negativas. En ocasiones tendrás ganas de confrontar su opinión, pero no te llevará a nada, es mejor pedir su opinión y dar la tuya (¡no creas que queda en saco roto!)

Aquí te dejamos algunos ejemplos para comenzar conversaciones con tus hijos sobre drogas y de esta manera sembrar semillas de comunicación entre tus hijos y tú:

• “En la televisión han comentado que sigue disminuyendo la edad de consumo en los adolescentes. ¿Tú qué opinas?, ¿Crees que es verdad?..”

• “Estoy encantada con la ley antitabaco, es que no huelo a tabaco cuando llego a casa, no tengo por qué tragarme el humo de otro. ¿A ti qué te parece?”

• “Me gusta que los jóvenes se manifiesten por causas saludables, como la educación, la justicia… que siempre parece que sólo os sacan para hablar de drogas y botellones, ¿no te parece?”

• No me gusta nada quedar con los amigos de tu padre, al final, después de que se hayan bebido 3 copas de vino, yo ya no se con quién hablar. ¿Alguna vez te ha pasado eso?

• Uffff que horror de accidente, por lo visto ha dado positivo en alcoholemia. ¡No hay derecho! Hay que turnarse en la conducción siempre.

• He leído un artículo que en los institutos ofrecen costo o mariguana. ¿Tú crees que es fácil conseguir droga?

Evitar hablar de las drogas y convertirlas en un tema tabú, no elimina la posibilidad de que tu hijo las consuma, ni reduce las ocasiones en las que tu hijo tendrá que enfrentarse a ellas.

Recuerda que cuantas más herramientas, en forma de información, le des a tu hijo, mejor y más fuerte será para vivir esas situaciones decidiendo por sí mismo.

Prevenir el abuso sexual en los niños

Se estima que 1 de cada 5 niños puede ser víctima de algún tipo de abuso o violencia sexual.

Por este motivo, nos parece importante dar a conocer la campaña desarrollada por el Consejo de Europa y la Guía informativa y didáctica sobre Abuso Sexual Infantil que ha desarrollado la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil en España (FAPMI).

Como parte del material desarrollado de esta campaña podemos encontrar el libro ilustrado “Kiko y la Mano” para niños de 3 a 7 años y un vídeo animado destinado a la televisión e Internet.

                               

Como en otras ocasiones comentamos, hablar con los niños con naturalidad de cualquier tema, siempre adaptándonos a su lenguaje, a su edad y a su curiosidad, favorece no sólo la comunicación y la confianza hacia los adultos, también les protege de situación futuras peligrosas. Unir la información con la confianza y la comunicación fluida con los padres, aumenta la posibilidad de que un niño en circunstancias de abuso sexual, recurra a ellos para contarles su malestar, y que le ayuden.

“La regla de kiko” es una posibilidad para ayudar a padres y educadores a afrontar este tema tan delicado. Básicamente consiste en enseñarles donde no le pueden tocar otras personas, donde no debe tocar él/ella y qué hacer si eso sucede.

La regla consiste en indicar a los niños que no deben permitir que ningún adulto o niño toque las partes de su cuerpo que cubiertas con su ropa interior. 

La regla de kiko tiene cinco aspectos importantes:

  1. Tu cuerpo es tuyo: debemos enseñarles que su cuerpo es suyo y nadie debe tocarles sin su permiso. Tienen que saber decir un NO firme e inmediato ante un contacto inapropiado, a alejarse de la situación y a buscar ayuda en un adulto de confianza.
  2. Buena forma de tocar- mala forma de tocar: Para enseñarles a discriminar donde no le tienen que tocar utilizamos la ropa interior como límite claro. Le explicaremos que en ocasiones algún adulto puede tener que mirar o tocar ahí (padres, cuidadores o médicos)  pero que digan NO siempre que se sientan incómodos.
  3. Secretos buenos – secretos malos: Convertirlo en un secreto es una de las tácticas de las personas que abusan de niños. Debemos mostrarles que aquellos secretos que les hagan sentir tristes, con miedo o nerviosos no son buenos y tienen que compartirlos con adultos de confianza (padres, profesor, policía..)
  4. La prevención y la protección son responsabilidad que incumben al adulto: Cuando un niño es objeto de abuso sexual siente miedo, culpa y vergüenza. Los adultos debemos evitar tabúes en torno a la sexualidad para que nos puedan hablar del tema sin temor. Por otra parte, tenemos que estar atentos y receptivos a sus sentimientos y comportamientos.
  5. Otros consejos útiles: Enséñales quienes son los adultos que forman su red de seguridad; en la mayoría de los casos son personas conocidas. Que como norma informen de personas que les den regalos, quieran mantener secretos o pasar tiempo a solas con él; normas básicas como no hablar con desconocidos, no subirse a coche de un extraño, no aceptar regalos…

Por último, queremos señalar que nunca es demasiado pronto para enseñar “La regla de Kiko” (los abusos se dan a todas las edades) y que lo más probable es que la conversación sea más difícil para vosotros que para el niño.

 

Los niños: demonios o incomprendidos

Si prestamos atención a la manera en la que la gente habla de los niños, es frecuente escuchar frases cotidianas que reflejan ideas erróneas sobre la infancia y la educación. En ocasiones damos un significado adulto a las conductas infantiles, y no siempre se ajustan a la realidad.

Aquí os mostramos algunos ejemplos con los que solemos etiquetar  las conductas de nuestros hijos, y por tanto a ellos mismos, con el objetivo de reflexionar un poco y hacernos conscientes de que no siempre “juzgamos” correctamente:

  • “Les das mano y te cogen el brazo”. Esta frase lleva implicita la idea de que “los niños no son de fiar”: Los niños son personitas en proceso de crecimiento y aprendizaje. En ocasiones se espera y se les exige que actúen como  si ya fueran adultos. No podemos esperar que se hagan cargo de las excepciones o de las situaciones concretas, ellos buscan la rutina siempre (que es lo que les hace sentir seguros), y por eso se adaptan rápido, también a lo positivo. Esto supone adaptación.
  • “Da igual lo que le digas, no se entera, si No razona”. Esta es una idea muy extendida, la de proteger o educar a los niños sin darles la información porque “los niños no son adultos y no tienen inteligencia suficiente para comprender”: Es necesario hablar a los niños en función de su edad. Si les tratamos como si fueran más pequeños, no les ayudaremos a crecer. Sin embargo, tenemos que recordar que los niños todavía no tienen completo el desarrollo cognitivo. Es decir, más que no razonar, no razonan como un adulto, pero sí son capaces de entender todo con sus palabras. Si un niño te pregunta algo es por que está preparado para conocerlo. Esto muestra interés y desarrollo por parte de los niños.
  • “Pero mira cómo sabe lo que puede conseguir con cada persona”. Suele significar que  “los niños son manipuladores”: Los niños poco a poco van conociendo a los miembros de su familia, poco a poco van estableciendo patrones de relación con unos y otros, patrones que suelen repetirse. Además todavía no tienen capacidad para tolerar la frustración.  Seremos nosotros los que le iremos enseñando a ser capaces de aplazar sus deseos para el momento más adecuado. Mientras tanto, tenemos que comprender que su empeño en lograr algo, no se debe a una intencionalidad manipuladora como un adulto sino a una insistencia infantil que todavía no sabe manejar de otra manera.
  • “Os está tomando el pelo”. Es una frase muy habitual, incluso en niños pequeños o bebés. Los niños están “programados” para sobrevivir y ser queridos, para eso las llamadas de atención, aunque sean negativas, suelen ser las más eficaces para no pasar desapercibidos. Recordemos que nuestros hijos prefieren que se les mire mal, a no ser mirados. Debemos darnos cuenta de lo que necesita y de qué hace para conseguirlo, darle otro camino para ello será la solución, pero en ningún caso nos servirá creer que nos está “vacilando”. Que nuestro hijo nos busque, significa que nos necesita.
  • “Hace lo que le da la gana!”. Solemos interpretar que esto es negativo, pues los adultos estamos sujetos a unas normas y creemos que ellos deben estarlo también. Es cuestión de tiempo que lo hagan. Ayúdales a comportarse en cada lugar y con cada persona, dándole espacios adecuados para ese “hacer lo que le de la gana”. Esto en realidad se debe al egocentrismo propio de los niños, que no egoísmo, pues piensan que el mundo no existe fuera de ellos mismos. Poco a poco irán cambiando esa manera de ver la vida, irán adquiriendo empatía y otras perspectivas.
  • “Es que es un demonio,no para, es más malo…”. Observad que esta frase etiqueta a la persona y no a la conducta. Es más útil y efectivo decirle de forma concreta qué es lo que tiene que hacer: “En el sofá nos sentamos,  saltamos en el suelo”.Los niños juegan, prueban, experimentan… ¡Son unos investigadores! Esto es parte del aprendizaje, de la construcción de la inteligencia y de la personalidad.

Pero sobretodo no olvidemos, que solemos decir estas frases delante de ellos, con ellos como testigos, ante un público extenso, en muchas ocasiones …. Todo esto será lo que vayan incorporando nuestros hijos de lo que son, de lo que hacen.

Aunque parezca que no es importante, son los cimientos en los que nuestros hijos construyen su identidad. Por eso, esfuérzate por dar significado infantil a las conductas infantiles, no mires con prisma de adulto aquello que hace tu hijo.