Llega la navidad y… ¡¡los regalos!!

¡¡¡¡ME LO PIDO!!!!

La navidad está a la vuelta de la esquina. Las campañas publicitarias están en marcha y los niños están decidiendo qué le van a pedir a los Reyes Magos y/o Papá Noel.

Las estadísticas indican que los niños reciben una media de cinco regalos por estas fechas y que la ilusión por un juguete nuevo  dura entre tres y cinco horas de media.

  • ¿Por qué caemos en la tentación de colmarles de regalos?:

-  No hay nada más satisfactorio y que nos llene de más felicidad que ver sus caritas al abrir los regalos: Padres y familiares desean hacer felices a los niños y en ocasiones se confunde la ilusión de abrir un regalo por felicidad.

-  “No quiero que le falte de nada”: Desde el deseo de cubrir todas las necesidades del pequeño, se puede caer en error de tratar de darle todo lo que pide. Una de nuestras misiones a la hora de educarlos es enseñarles no solo a tolerar la frustración si no tambien a conocer sus propios deseos.
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-  Redimir el sentimiento de culpa por no pasar tiempo con ellos: el sentimiento justificado o no de no ser buenos padres favorece que intentemos compensarles cumpliendo todos su deseos.

-  Las campañas de publicidad y el ambiente navideño-consumista: No podemos negar la influencia de la sociedad en la que vivimos. El consumismo está incorporado a nuestra manera de vivir y de comprar.

-  Los niños SIEMPRE lo quieren todo: Y como buenos niños todo lo piden con intensidad e ilusión. Si miran un catalogo de juguetes, lo más probable es que elijan varias cosas de cada página.

  • Antes de escribir la carta a los Reyes Magos/ Papá Noel:

-  Decidir el número de regalos máximos que podrán tener: recibir muchos regalos es tan negativo como no recibir ninguno. Tres regalos es un límite aceptable. No obstante cada familia tendrá que decidir según sus posibilidades y su criterio el número máximo.

-  Organización con el resto de familiares en la compra de los regalos: Una de las tareas más difíciles será explicar al resto de la familia esa limitación de regalos. A ellos les pasa lo mismo, también desean cumplir los deseos del pequeño. Para ello podemos remarcar que no disfrutan de cada regalo como se merece si tiene muchos mismo tiempo. A veces compramos mil regalitos de bajo coste pero de mala calidad. La familia se puede organizar para que entre todos se compren el numero de juguetes que hemos establecido.

  • Instaurando nuestra propia tradición navideña:

-  Explicar a los niños el motivo por el que el número de regalos es limitado: La creatividad será nuestra mejor arma. Hacer de ello una historia, un juego hará que los niños lo entiendan mejor y se molesten menos. Por ejemplo, podemos contarles que a los Reyes Magos les gusta regalarle cosas con las que se lo pase muy bien y con las juegue mucho. Por este motivo, sólo le traerán 3, para que le de tiempo a jugar mucho con ellas.

-  Hacer una tradición familiar de escribir la carta a los Reyes Magos/Papá Noel: lo que más desean los niños es pasar tiempo con sus padres. Convierte el hecho de escribir la carta en algo familiar y divertido (utiliza folios de colores, adornar la carta juntos, tomar una merienda especial mientras, poner música…).

-  No utilizar catálogos de juguetes para escribirla: Si tienen tanta variedad de juguetes a la vista, les va a resultar muy difícil elegir.

-  Jugar juntos a decidir qué regalos son los que más desea: Es fundamental que nos expliquen por qué lo desean, qué es lo que les gusta de ese juguete, cuánto tiempo serían capaces de esperar para conseguirlo, si creen que lo desearán mañana también.

-  Convertir el encuentro familiar en lo más importante: organizar una merienda de reyes para que vengan los abuelos, tíos… donde podrán mostrar los regalos que han tenido y al mismo tiempo disfrutar de la familia.

Por último, como indicación para decidir qué comprarles lo fundamental es tener en cuenta que los regalos de navidad deben ser deseados por el niño y  fomentar el juego, que, al fin y al cabo, es la actividad principal para su desarrollo.

La importancia de los abuelos

Todos los que tenemos abuelos, sabemos de la importancia que tienen en nuestras vidas.

Pero quizá no sabemos lo influyentes que son en nuestro desarrollo psicológico. Tanto si son cuidadores habituales, como sí lo son esporádicos, se trata de figuras imprescindibles en el desarrollo de nuestras vidas.

Compartir a nuestros hijos con nuestros padres, es una maravillosa manera de regalar a nuestros hijos parte de nosotros mismos.

Si tienes que dejar a tus hijos con sus abuelos, no te sientas culpable. Lo único que debemos tener en cuenta para mantener una relación saludable entre todos, es la importancia de establecer unos límites claros. La autoridad de los padres no debe saltarse, pero las cesiones a los abuelos en su terreno son necesarias.

AbuelosLos abuelos, por su edad,  tienen que sustituir la relación física por la comunicación, y eso es lo mágico de la relación, que al basarse sólo en las palabras, van cargadas de mucho amor y afecto.

 Estas son algunas de las funciones de los abuelos con nuestros hijos:

- El abuelo es el encargado de transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias que cuentan los abuelos sobre su vida, incluye a sus hijos de niños (es decir, a los padres), haciendo que el peque se identifique con ellos (¡mi padre o madre también fue pequeño y hacía travesuras!). Además dan sentido de continuidad a la familia, proporcionan conocimiento de la vejez y del pasado familiar, y nos acercan a nuestras raíces.

- La abuela es la encargada de amar a nuestros hijos de manera incondicional. No hay excepciones en la fantasía emocional del niño, la abuela me quiere, me cuida, me protege, me defiende, está orgullosa…. SIEMPRE. Es un amor incondicional tan grande y tan duradero que los niños disfrutan de su compañía aumentando su sentimiento de autoestima y seguridad emocional.

- Los abuelos pueden parar el tiempo. Permiten salirse de las rutinas y el estrés diario. En casa de los abuelos reciben atención, tiempo para conversar, para escuchar y para jugar.

- Los abuelos tratan a los nietos como niños. La diferencia generacional entre abuelos y nietos hace que los mayores vean siempre a los pequeños como “muy pequeños”. Por lo general, los abuelos mantienen la exigencia por debajo de las posibilidades de los niños, y eso les permite relajarse, o sencillamente expandirse desde una perspectiva más infantil porque es acurrucado y recibe el tratamiento cariñoso como niño que realmente es.

- Los abuelos ayudan a cuidar de los niños. Esto hace que se sienten útiles, más considerados y valorados. Ésto influye en su felicidad pero también en la de nuestros peques, que son cuidados por personas felices, tranquilas y pacientes.

- Los abuelos ayudan a los padres a seguir siendo pareja. Además de padres, somos pareja. Dejar a nuestros hijos en casa de los abuelos para tener un tiempo de pareja y no familiar, hará que nos sintamos más “individuos” y puede ayudar a que nuestra relación con nuestros hijos sea mejor, pues nos sentimos más satisfechos o menos presionados por la faceta de madre o padre.

Y no menos importante.., para los abuelos, los nietos son el postre de la vida.

Prevenir el abuso sexual en los niños

Se estima que 1 de cada 5 niños puede ser víctima de algún tipo de abuso o violencia sexual.

Por este motivo, nos parece importante dar a conocer la campaña desarrollada por el Consejo de Europa y la Guía informativa y didáctica sobre Abuso Sexual Infantil que ha desarrollado la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil en España (FAPMI).

Como parte del material desarrollado de esta campaña podemos encontrar el libro ilustrado “Kiko y la Mano” para niños de 3 a 7 años y un vídeo animado destinado a la televisión e Internet.

                               

Como en otras ocasiones comentamos, hablar con los niños con naturalidad de cualquier tema, siempre adaptándonos a su lenguaje, a su edad y a su curiosidad, favorece no sólo la comunicación y la confianza hacia los adultos, también les protege de situación futuras peligrosas. Unir la información con la confianza y la comunicación fluida con los padres, aumenta la posibilidad de que un niño en circunstancias de abuso sexual, recurra a ellos para contarles su malestar, y que le ayuden.

“La regla de kiko” es una posibilidad para ayudar a padres y educadores a afrontar este tema tan delicado. Básicamente consiste en enseñarles donde no le pueden tocar otras personas, donde no debe tocar él/ella y qué hacer si eso sucede.

La regla consiste en indicar a los niños que no deben permitir que ningún adulto o niño toque las partes de su cuerpo que cubiertas con su ropa interior. 

La regla de kiko tiene cinco aspectos importantes:

  1. Tu cuerpo es tuyo: debemos enseñarles que su cuerpo es suyo y nadie debe tocarles sin su permiso. Tienen que saber decir un NO firme e inmediato ante un contacto inapropiado, a alejarse de la situación y a buscar ayuda en un adulto de confianza.
  2. Buena forma de tocar- mala forma de tocar: Para enseñarles a discriminar donde no le tienen que tocar utilizamos la ropa interior como límite claro. Le explicaremos que en ocasiones algún adulto puede tener que mirar o tocar ahí (padres, cuidadores o médicos)  pero que digan NO siempre que se sientan incómodos.
  3. Secretos buenos – secretos malos: Convertirlo en un secreto es una de las tácticas de las personas que abusan de niños. Debemos mostrarles que aquellos secretos que les hagan sentir tristes, con miedo o nerviosos no son buenos y tienen que compartirlos con adultos de confianza (padres, profesor, policía..)
  4. La prevención y la protección son responsabilidad que incumben al adulto: Cuando un niño es objeto de abuso sexual siente miedo, culpa y vergüenza. Los adultos debemos evitar tabúes en torno a la sexualidad para que nos puedan hablar del tema sin temor. Por otra parte, tenemos que estar atentos y receptivos a sus sentimientos y comportamientos.
  5. Otros consejos útiles: Enséñales quienes son los adultos que forman su red de seguridad; en la mayoría de los casos son personas conocidas. Que como norma informen de personas que les den regalos, quieran mantener secretos o pasar tiempo a solas con él; normas básicas como no hablar con desconocidos, no subirse a coche de un extraño, no aceptar regalos…

Por último, queremos señalar que nunca es demasiado pronto para enseñar “La regla de Kiko” (los abusos se dan a todas las edades) y que lo más probable es que la conversación sea más difícil para vosotros que para el niño.

 

Los niños: demonios o incomprendidos

Si prestamos atención a la manera en la que la gente habla de los niños, es frecuente escuchar frases cotidianas que reflejan ideas erróneas sobre la infancia y la educación. En ocasiones damos un significado adulto a las conductas infantiles, y no siempre se ajustan a la realidad.

Aquí os mostramos algunos ejemplos con los que solemos etiquetar  las conductas de nuestros hijos, y por tanto a ellos mismos, con el objetivo de reflexionar un poco y hacernos conscientes de que no siempre “juzgamos” correctamente:

  • “Les das mano y te cogen el brazo”. Esta frase lleva implicita la idea de que “los niños no son de fiar”: Los niños son personitas en proceso de crecimiento y aprendizaje. En ocasiones se espera y se les exige que actúen como  si ya fueran adultos. No podemos esperar que se hagan cargo de las excepciones o de las situaciones concretas, ellos buscan la rutina siempre (que es lo que les hace sentir seguros), y por eso se adaptan rápido, también a lo positivo. Esto supone adaptación.
  • “Da igual lo que le digas, no se entera, si No razona”. Esta es una idea muy extendida, la de proteger o educar a los niños sin darles la información porque “los niños no son adultos y no tienen inteligencia suficiente para comprender”: Es necesario hablar a los niños en función de su edad. Si les tratamos como si fueran más pequeños, no les ayudaremos a crecer. Sin embargo, tenemos que recordar que los niños todavía no tienen completo el desarrollo cognitivo. Es decir, más que no razonar, no razonan como un adulto, pero sí son capaces de entender todo con sus palabras. Si un niño te pregunta algo es por que está preparado para conocerlo. Esto muestra interés y desarrollo por parte de los niños.
  • “Pero mira cómo sabe lo que puede conseguir con cada persona”. Suele significar que  “los niños son manipuladores”: Los niños poco a poco van conociendo a los miembros de su familia, poco a poco van estableciendo patrones de relación con unos y otros, patrones que suelen repetirse. Además todavía no tienen capacidad para tolerar la frustración.  Seremos nosotros los que le iremos enseñando a ser capaces de aplazar sus deseos para el momento más adecuado. Mientras tanto, tenemos que comprender que su empeño en lograr algo, no se debe a una intencionalidad manipuladora como un adulto sino a una insistencia infantil que todavía no sabe manejar de otra manera.
  • “Os está tomando el pelo”. Es una frase muy habitual, incluso en niños pequeños o bebés. Los niños están “programados” para sobrevivir y ser queridos, para eso las llamadas de atención, aunque sean negativas, suelen ser las más eficaces para no pasar desapercibidos. Recordemos que nuestros hijos prefieren que se les mire mal, a no ser mirados. Debemos darnos cuenta de lo que necesita y de qué hace para conseguirlo, darle otro camino para ello será la solución, pero en ningún caso nos servirá creer que nos está “vacilando”. Que nuestro hijo nos busque, significa que nos necesita.
  • “Hace lo que le da la gana!”. Solemos interpretar que esto es negativo, pues los adultos estamos sujetos a unas normas y creemos que ellos deben estarlo también. Es cuestión de tiempo que lo hagan. Ayúdales a comportarse en cada lugar y con cada persona, dándole espacios adecuados para ese “hacer lo que le de la gana”. Esto en realidad se debe al egocentrismo propio de los niños, que no egoísmo, pues piensan que el mundo no existe fuera de ellos mismos. Poco a poco irán cambiando esa manera de ver la vida, irán adquiriendo empatía y otras perspectivas.
  • “Es que es un demonio,no para, es más malo…”. Observad que esta frase etiqueta a la persona y no a la conducta. Es más útil y efectivo decirle de forma concreta qué es lo que tiene que hacer: “En el sofá nos sentamos,  saltamos en el suelo”.Los niños juegan, prueban, experimentan… ¡Son unos investigadores! Esto es parte del aprendizaje, de la construcción de la inteligencia y de la personalidad.

Pero sobretodo no olvidemos, que solemos decir estas frases delante de ellos, con ellos como testigos, ante un público extenso, en muchas ocasiones …. Todo esto será lo que vayan incorporando nuestros hijos de lo que son, de lo que hacen.

Aunque parezca que no es importante, son los cimientos en los que nuestros hijos construyen su identidad. Por eso, esfuérzate por dar significado infantil a las conductas infantiles, no mires con prisma de adulto aquello que hace tu hijo.

Bruxismo infantil

El bruxismo es el hábito de apretar y rechinar los dientes. Aparece típicamente por la noche, aunque hay niños que lo presentan durante el día.

Suele comenzar entre los 4 y los 10 años, en el periodo que coincide con la caída de los dientes de leche y la salida de los definitivos. Tiende a desaparecer con el tiempo, aunque algunas personas lo padecen en la edad adulta.

El niño no es consciente de que rechina los dientes y no suele despertarse. Este fenómeno tiene lugar en los primeros momentos del sueño y cesa cuando éste es más profundo.

Si es frecuente e intenso produce un desgaste importante en los dientes,  cefaleas, dolor en la articulación témporo-mandibular y somnolencia durante el día.

Las causas del bruxismo no están del todo definidas pero parece ser que el factor predisponente más frecuente es el contacto anómalo entre dientes de la arcada superior e inferior y los factores desencadenantes son estrés, el tipo de dentadura y la posición durante el sueño.

¿Qué podemos hacer si observamos que nuestro hijo aprieta o rechina los dientes?

  • Acudid al odontólogo para que valore el desgaste, si hay factores anatómicos alterados y el mejor tratamiento desde su especialidad (férulas de descarga, ortondoncia…)
  • Poneros en su lugar para poder valorar los cambios que se están dando en la vida del niño (mudanza, comienzo de colegio, separación de los padres, muerte de algún familiar, nacimiento de un nuevo herman@…) y que puedan suponer un aumento del estrés cotidiano. Los niños no tienen tantos recursos como un adulto y ésta puede ser una de las muchas maneras que tienen para expresar malestar, tensión y hostilidad.
  • Si averiguáis el origen de la ansiedad, tratad de manejarlo en casa. En caso contrario, consultad a un profesional de la psicología para que ponga en marcha el tratamiento adecuado.
  • Algunos hábitos que les pueden ayudar:
    • Evitar que coman alimentos estimulantes (chocolate, bebidas azucaradas o comidas rápidas) antes de acostarse.
    • Procurar un ambiente tranquilo antes de dormir, evitando que se vayan tristes o enfadados a la cama.
    • Practicar algún deporte, dar paseos al aire libre… durante el día, eliminando la actividad extenuante antes de ir a la cama. 
    • Instaurar rutinas agradables y relajantes antes de dormir (leer un cuento, escuchar música relajante, un baño, masajes…) que le ayudará a estar tranquilo y que pueda descansar mejor. 

 

Aprendiendo a ver la televisión en familia.

Vivimos en un momento en el que la televisión forma parte de nuestra familia. Sin embargo, pocas veces compartimos con nuestros hijos el hecho de ver la tele.

La televisión es un buen trampolín para entender y conocer otras realidades distintas a la nuestra. Pero dependiendo de la edad de los niños, no siempre saben distinguir entre la realidad y la realidad televisiva. Nosotros como adultos debemos acompañarles en esta tarea.

Enseñarles a ver la tele es tan importante como enseñarles a comer, a dormir o a jugar, pues forma parte de una rutina diaria que debemos trabajar cada día.

Os damos algunas claves para hacerlo:

* Incúlcales la elección de ver un programa, no cualquier cosa.

* Ofrece los tiempos adecuados para la edad de tu hijo. En ningún caso superarán las 2 horas al día.

* Es conveniente tener un espacio preestablecido para la televisión (al llegar del cole, un poco antes de cenar, después de hacer los deberes…). Podrás hacer de ese momento un rato familiar (eligiendo en común la película que más os apetece).

* Trata de que la televisión no esté incluida en otras rutinas sino que sea independiente. Es decir, procura que no esté puesta mientras está jugando a otra cosa o para que coma mejor. Es un juego independiente que ofrece una estimulación visual y auditiva estupenda si se sabe utilizar bien.

* Asegúrate de la edad a la que están dirigidos esos dibujos. Aunque parezcan inofensivos, quizá no sean adecuados para el momento evolutivo y la madurez de tu hijo. Te sorprenderá ver como en ocasiones no ha entendido el contenido de lo que ha visto, simplemente lo ha visto y quizá no estaba preparado para comprenderlo. Te darás cuenta de ello fácilmente si ves la tele a su lado. Aprovecha para ayudarle a comprender, hablando de lo que habéis visto juntos.

* Utiliza la televisión como excusa para introducir ciertos temas. Seguro que tus hijos ven algo que les parece nuevo (con respecto a la pareja, los amigos, las familias, la agresividad, …). Puedes preguntarle por su opinión, debatir al respecto si su edad lo permite o compartir la misma opinión, traerlo a la realidad que vivís (pues a un amigo mío le pasó eso…). La televisión también te ayudará a conocer cuáles son los temas más interesantes para tu hijo, puedes comprar un libro sobre ello, invitalé a dibujarlo en algún otro momento…

No permitas que la televisión dificulte la comunicación entre tu hijo y tú. En ocasiones, la tele, poco a poco, va reduciendo las necesidades de relacionarse con los demás. Esto se debe al hecho de que proporciona una falsa relación, con unos personajes desconocidos. Es por este motivo que el abuso de la televisión puede ser negativa para colectivos “interdependientes”, como son los niños o las personas mayores.

Pero sobretodo, recuerda que los niños necesitan de tus guías para comprender, elaborar e incorporar a su vida TODO lo que observan, escuchan, tocan y sienten. SIÉNTATE A SU LADO.

La vuelta al cole

Se acaban las vacaciones y llegan de nuevo las rutinas y los horarios. Nuestros hijos también sufren el síndrome postvacacional y tienen una época de mayor nerviosismo y ansiedad.

El reajuste supone un gran esfuerzo para ellos, pues se pasa de unos días de libertad, de ocio y diversión, a la responsabilidad, la rutina y el deber.

Se trata de un proceso natural de adaptación en el que podemos ayudar a nuestros hijos, pues no debemos olvidar que un buen comienzo es una de las claves para el éxito.

Aquí tenéis algunas pautas que podéis poner en práctica durante los días previos, para hacer a nuestros peques más fácil la vuelta al cole:
Recuérdale todo lo positivo que tiene la nueva etapa: Ver de nuevo a los amigos, libros nuevos, profesores nuevos, las extraescolares que tanto le gustan, más autonomía… Esto hace que no sienta el colegio como una carga y una pérdida de beneficios, sino que vea que también tiene su lado bueno.

Invítale a participar en la preparación escolar: que te acompañe a comprar el uniforme, los libros, que colabore en la limpieza de los materiales antiguos, forrar los libros… De esta manera despertaremos la curiosidad en nuestros hijos, y verá todo lo interesante que supone el nuevo curso.

Cambia los horarios paulatinamente: Algunos días antes, y poco a poco, ve levantando a tus hijos antes, prívales de la siesta que han estado disfrutando todo el verano y que se vayan a dormir en un horario menos flexible. Ve recuperando los horarios en las comidas, y sobretodo, los tiempo de ocio, que han de ir acortándose (la televisión, la videoconsola… deben poco a poco desaparecer). Esto hará que la entrada al colegio no provoque bruscamente un cambio en todas las rutinas.

Darles toda la información posible del primer día de clase: cómo se llama su profesora, con qué compañeros le ha tocado, dónde está su clase… Les ayudará a no sentir angustia con respecto a ese primer día.

Acompañarlo ese primer día de cole, para que se sientan protegidos ante los nuevos cambios.

Fijar el hábito de trabajo desde el principio: A pesar de que los primeros días no tendrá deberes, ya debemos dedicar un tiempo de concentración y hábito de estudio, para que sepan que el tiempo de vacaciones ha terminado.

Fomentar una buena comunicación con respecto al cambio, es decir, expresar nuestro propio “síndrome postvacacional” (siendo un buen ejemplo, con actitud positiva y afrontando la vuelta a la cotidianeidad) y por supuesto permitir que exprese sus sentimientos (temores, nervios…)

• Y, como siempre, fortalecer su autoestima: Necesitamos que nuestros hijos sepan cuánto les queremos en cada paso que dan. No olvides decirle lo orgullosos que estáis de que esté en un nuevo curso, de lo mucho que será capaz de aprender, transmitiéndole confianza y apoyo.

Este proceso dura aproximadamente una media de 2-3 semanas (será más largo para los más pequeños y más corto para los más mayores que ya conocen la dinámica). Pero no menospreciéis el trabajo de adaptación que tienen que hacer nuestros hijos. Sed pacientes y … disfrutad de que vuestros pequeños tengan nuevos retos “profesionales”.

Jugar a… relajarnos!

Los niños están en la edad del movimiento y la actividad desbordante. Se cansan cuando han estado jugando o han hecho deporte. El sueño, una buena alimentación y momentos de relajación aportan a su cuerpo los medios para recuperarse de esa “fatiga sana”.

 Lo primero que tenemos que entender es que estar relajado es sentirse agusto, estar tranquilo física y mentalmente.

 Lo siguiente a tener en cuenta son las variables que influyen para que los niños estén más inquietos:

  • El momento del día: están más excitados antes o durante la comida, a la vuelta del colegio, antes de acostarlos…. Observa a tu hijo y comprueba cuándo está más tranquilo y cuándo tiene mayor actividad.
  • Actitud del adulto: los movimientos, la cara y el tono de voz trasmiten nuestro estado de ánimo a los niños. Los gestos rápidos y bruscos, la cabeza firme y altiva, gritar, hablar rápido o pasar de un tono grave a un agudo les irrita. Los movimientos suaves y amplios, inclinar la cabeza hacia ellos mostrando disponibilidad, arrodillarse para estar a la altura de su rostro, permitirles que nos toquen, mirarles a los ojos, sonreírles y hablarles con calma les ayudará a tranquilizarse.
  • Alimentación: Es necesario que realicen un desayuno abundante y un tentempié a media mañana para que puedan rendir adecuadamente en el colegio. Una comida a mediodía tranquila junto con un tiempo de reposo, permitirán que la digestión se realice con facilidad y puedan reponerse de la fatiga de la mañana. En cuanto al tipo de alimentación debemos cuidar la cantidad de comida, el consumo de verduras, hortalizas y fruta frescas, la cantidad de líquidos y evitar el exceso de grasas y azúcar.
  • Sueño: Los niños, dependiendo de su edad, deben dormir entre nueve y catorce horas al día.
  • Sobreestimulación y ruidos: ver muchas horas la televisión les produce un exceso de estimulación visual, auditiva y mental.  Un nivel elevado y constante de ruidos a su alrededor les irrita. Para evitar ambas situaciones podemos proponerles otras distracciones (leer, pintar, juegos…) y controlar el nivel de voz, el sonido de la televisión o la música, los portazos…
  • Condiciones ambientales: el exceso de calefacción o el frío, una mala ventilación son factores que aumentan la fatiga y les impiden un descanso reparador.
  • La rutina: cuanta mayor sea la rutina, más tranquilos se sienten, pues son capaces de anticipar lo que les espera y por quién estarán acompañados.

 Os proponemos algunos juegos en función del momento del día que favorecen la calma:

  • Antes de comer:

           El burro enfermo: juego que se canta y se representa en el que tenemos que estar atentos para recordar todos los remedios que le da el médico al burro. Primero le contamos que tipo de animal es un burro y si nos es posible le enseñamos una foto. Cantamos y representamos junto con el niño la canción.  http://www.youtube.com/watch?v=YadZG_TkSe4                              

  • Acostarse/siesta:

           El sueño: En un entorno tranquilo y con la luz tenue. El niño irá con ropa cómoda y descalzo. Se tumbará sobre una alfombra o similar. Lo podemos hacer junto con el niño o bien ayudándolo con los movimientos. Al ritmo de la música:

  • Levanta un brazo lentamente y lo deja caer Luego el otro. Dos veces con cada uno.
  • Dobla una pierna deslizando el pie sobre el suelo y luego lo extiende. Dos veces con cada pierna.
  • Levanta lentamente la mano  manteniendo el antebrazo apoyado en el suelo y la baja. Cuatro veces con cada mano.
  • Endereza la punta del pie y ponla en la posición inicial. Dos veces con cada pie.
  • Mueve los dedos de una mano, luego la otra. Dos veces cada una.
  • Mueve los dedos de un pie, luego el otro. Dos veces cada uno.

 Os recomendamos por ejemplo: Saint Preux: El sueño. https://www.youtube.com/watch?v=DGyrwz1HiMw

  • Desplazamientos/espera:

           Este dedito…: Sentamos al niño en nuestras rodillas. Cogiéndole una de sus manos, le explicamos que sus dedos son un grupo de hermanos que tienen mucha hambre y que envían a uno de ellos para comprar un huevo.  Al mismo tiempo que le cantamos la canción, le masajeamos cada uno de sus dedos con movimientos de rotación entre nuestro índice y pulgar.

“Éste compró un huevo, éste hizo el fuego, éste echó sal, éste lo guisó y éste pícaro gordo se lo comió”. http://www.youtube.com/watch?v=QdeBWIDSo4M

 Existen multitud de juegos que nos pueden ayudar a entretener, relajar y predisponer a los niños para realizar una tarea que requiere concentración, para dormir o para esperar en la cola del médico.

Y tú.., ¿qué truco utilizas con tus hijos?.

¡¡Mamáááá, no quiero pureeeee!!

El bebé cuando nace, es el mamífero más indefenso de todos. Es dependiente y necesita un adulto que le cuide. No tiene la capacidad de alimentarse, por lo que lo sustituye por la capacidad de “hacerse querer” con el objetivo de que sea otro quien le alimente y así sobrevivir.

Por ese motivo, la alimentación va siempre acompañada de afecto. Deja de ser un acto  puramente nutritivo para ser parte de un vínculo. La alimentación se convierte en una moneda de cambio con un significado mayor: “te quiero y por eso te alimento”.

Esta es la razón por la que las celebraciones se rodean de comida y por lo que nos preocupa tanto la alimentación de nuestros hijos (que coman bien es la manera más evidente de que les queremos y les cuidamos).

La alimentación es uno de los pilares fundamentales de la educación. Los niños aprenderán, a través de nosotros, cómo relacionarse con ese alimento que les proporciona amor.

Algunas recomendaciones para una buena alimentación desde el principio:

-  Es interesante que el niño participe de la mesa de los adultos. Desde que el niño pueda sentarse, es positivo que acomodemos nuestros horarios a los suyos. Como hemos dicho, se trata de un acto social, un lugar de encuentro, un intercambio de diálogo, en el que debemos incluir a nuestros hijos. Observarán como comemos e irán incorporando, aunque sea de forma visual, la gran variedad de comidas.

-  Si come sólo y necesita distracciones para comer, procura que los juguetes que manipule sean artículos de la mesa (platos de plástico, cucharas…). Evita juguetes que no incorporan información alimenticia, así poco a poco iremos regulando sus intereses y será más fácil la integración en la mesa.

-  El permitir que manipule algunos alimentos les ayuda a conocer el contexto. Aunque suponga un desastre en la mesa, les da información y… ¡les encanta!. Al principio es un juego, pero a medida que el niño disfruta de experiencias agradables en los ratos de comida, estará más abierto a probar nuevos sabores y texturas.

-  Ten en cuenta que los niños no comen como los adultos (con horario socialmente determinado y en ocasiones, sin hambre). Ellos comen todavía de forma instintiva, siempre con hambre. Por eso observa a tu hijo, y ofrécele los alimentos nuevos cuando tenga más hambre.

-  Evita la comida rápida. Aunque la comida rápida saca del apuro a los adultos, no suele ser comida adecuada para los niños.

-  Evita distracciones como la televisión o los videojuegos. Es mejor que el niño sepa que está comiendo, qué alimentos come y cuánta cantidad.

-  Según se vayan haciendo mayores, habla con ellos, introduce temas de conversación ajenos a la comida (planes futuros, resumen del día, un acontecimiento extraordinario…).

-  Que colabore en la preparación de los alimentos y de la reunión (poner la mesa, echar la sal… les hace sentir partícipes de eso que van a comer posteriormente).

-  Pon siempre un poco de lo que haya en la mesa para él, es decir, que pruebe todo lo que está preparado. Sin exigencia pero con oportunidad, poco a poco irá introduciendo alimentos nuevos.

-  Acompaña lo que menos le gusta con lo que más le gusta (“después del puré hay albóndigas”).

-  Si no quiere comer algo, no sustituir por un plato que le guste, simplemente invitarle a abandonar la mesa. Si se ha construido un buen ambiente alrededor de la comida, querrá quedarse a compartir con sus padres ese rato.

-  Come sano, si tú comes bien, ellos comen bien.

-  Pero sobre todo, disfruta con la comida y con el momento de compañía que supone. No olvides que se trata de un lugar de encuentro con tu hijo, no una batalla campal cuerpo a cuerpo.

“Estar pequeño” o “Estar mayor”

A ver si podéis resolver este problema:

Si yo tengo 40 años, pero no he tocado el piano nunca y un niño de 12 años sabe tocarlo desde que tiene 5, ¿quién “está mayor” en piano, él o yo?, ¿Quién será el profesor de piano, quién enseñará a quién?.

Blog mayorEvidentemente, hay en ciertas situaciones en las que no se es grande o pequeño, no se es más alto o más bajo… sino que “se está mayor en algo” o “pequeño en algo”.

Esta distinción tiene incluida la posibilidad de consecución. Es decir, si me esfuerzo, puedo conseguirlo.

Uno no “es o no es”, sino que “está o no está”, y por supuesto tiene la posibilidad de ser, ya sea ayudado por el tiempo, por el esfuerzo,  por la voluntad o por el cariño de los que le rodean.

Esto no debemos olvidarlo cuando definimos a nuestros hijos. Debemos saber que son un continuo crecimiento. Hoy, no “están mayores” en autonomía, pero lo estarán; no “están mayores” en atención, pero lo estarán; no están mayores en autocontrol, pero lo estarán…

Nosotros debemos ayudarles en ese camino, haciéndoles saber que se trata de un proceso en el que irán madurando en todos los aspectos que hoy les resultan difíciles.

Puesto que conseguir la madurez necesaria para enfrentarse a todas las exigencias que les pedimos a nuestros hijos a diario es una tarea difícil, os invitamos a utilizar el verbo ESTAR para cambiar totalmente la perspectiva (para nosotros y para nuestros hijos) y así favorecer en su crecimiento. Por ejemplo:

  • Yo te ayudo porque ESTÁS pequeño en vestirte pero pronto estarás mayor.
  • Si te ha pegado es porque ESTARÁ pequeño mientras juega contigo, vamos a enseñarle.
  • Qué caprichoso ESTÁS hoy.

Y si no… pensad: si no decimos que somos “febriles” cuando estamos enfermos, sino que ESTAMOS malos, ¿por qué cuando nos portamos mal… SOMOS malos?