La violencia nos afecta a todos

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Y no podemos (ni debemos) quedarnos de brazos cruzados. Este asunto lo vamos a tener que ir resolviendo con la colaboración de todos.

Empecemos definiendo. ¿Por qué violencia de género? Se denomina así a la violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer, considerándola inferior o débil. Digamos, que parte de una discriminación y un sexismo y que por eso recibe un nombre diferente.

¿Y cómo afecta la violencia de género a los más pequeños? Como observadores, son víctimas directas. Aunque a veces podamos pensar que si no reciben ellos el golpe o el insulto no están siendo afectados, en realidad están expuestos a unas experiencias nocivas para su propio bienestar.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Que los hijos están sufriendo las consecuencias, lo podemos observar en su comportamiento. Para los peques suele haber dos polos por los que pueden moverse: el comportamiento agresivo ante todo y ante todos, sin motivo aparente (porque no ha aprendido a enfrentarse a los problemas y las discusiones de una manera sana y constructiva) o por el contrario, por la más absoluta sensación de indefensión. Y pueden incluso aparecer ambas cosas a la vez, según el momento o la persona con la que estén hablando y el trato que estén recibiendo. Digamos que tienen los dos modelos en casa y es una situación que ellos al principio pueden llegar a normalizar porque no conocen otra cosa (“pues será que los papás pegan a las mamás“), de modo que a veces se comportarán de una manera o de otra.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. En los últimos años está habiendo un crecimiento enorme en las adolescentes que empiezan a tener relaciones sentimentales potencialmente maltratadoras. El control (exacerbado con los móviles y las redes sociales), el aislamiento y la presión psicológica a las que les someten suelen ser los primeros pasos. Pero no está tan lejos de la agresión física como podemos imaginar. Tenemos que hacerles ver desde pequeñas que ciertas cosas no son amor, que ellas valen por sí mismas, sin importar la persona que tienen al lado.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Porque quienes están alrededor, también están perdiendo. Un paso muy habitual para los agresores es el aislamiento de las víctimas, alejarles poco a poco de su familia y amigos, que sufren esa distancia e impotencia desde fuera. Aunque lejos y en la sombra, tienen que estar preparados para actuar cuando la víctima decida pedir ayuda.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Socialmente nos afecta, nos remueve y nos revuelve contra estos comportamientos. Debemos actuar con el ejemplo, educar en la no violencia, sea hacia quien sea.

Las víctimas de la violencia de género somos todos, sí… Pero si tú eres una víctima directa, no olvides que de esto se puede salir. No va a ser fácil, pero merece la pena salvaros todos.

“Un amigo que vive dentro de mí”

Aunque no lo creamos, es muy habitual que nuestros hijos desarrollen en algún momento un amigo imaginario (hay estudios que confirman que entre un 50 y un 60% tienen uno al menos una vez durante su infancia). Puede surgir a los 2-3 años, cuando empiezan a tener un círculo social, pero tampoco es raro que aparezca más adelante, a los diez años.

Una publicación de 1934 (Svendsen) ya hablaba de los amigos imaginarios y los definía como “un personaje invisible, al que se nombra y se hace referencia en conversaciones con otras personas o con el que se juega […] y que tiene un aire de realidad para el niño”. Históricamente se ha asociado la presencia de ese amigo invisible a problemas de relación del pequeño, como que no supiera socializar o que fuera una figura de protección con la que compartir los problemas; sin embargo, es una cosa muy común que puede formar parte de su proceso evolutivo. También hay estudios que consideran que es el primer paso hacia la independencia del niño: una figura lo bastante cercana a mí pero que no son mis padres y por lo tanto puedo hacer cosas nuevas porque sí cuento con la “protección” de alguien.

pizarra sueloEn general, podría decirse que los amigos invisibles surgen en un momento de soledad o de inseguridad, aunque sea puntual: el niño o la niña puede estar jugando a solas en la habitación e imaginarse que juega con otro; y luego esa figura puede que se quede más tiempo.

Pero… ¿cómo nos comportamos alrededor de este nuevo amigo? Porque para los adultos resulta mucho menos natural de lo que es para los niños. También es verdad que los pequeños no siempre hablan de ello con naturalidad porque en cierto modo les da vergüenza, pero lo que debemos tener en cuenta es que, sea por el motivo que sea, para nuestro hijo o hija se trata de un personaje importante en ese momento de su vida, de manera que no lo podemos deconstruir a la primera de cambio.

Por eso, lo mejor es que le tratemos de la misma forma que le trata el niño pero quitándole la importancia que éste le da. Por ejemplo, en caso de que nuestro hijo insista en que pongamos un cubierto para su amigo imaginario en la mesa, en lugar de decirle enfadados que eso es una tontería y que no existe, podemos intentar convencerle de que ahora no va a comer con nosotros: “ya ha comido antes”, “seguramente no le gusta lo que hemos preparado hoy y como no es mi hijo, no le puedo insistir”, “mejor comemos nosotros primero y que tu amigo siga jugando”, etcétera. De esta manera, estamos estableciendo unos límites (que el amigo imaginario no puede hacerlo todo con nosotros) pero estamos dándole tiempo a nuestro hijo para que resuelva aquello para lo que ha surgido este personaje.

En cualquier caso, si notáis que lo que está pasando os preocupa porque no veis que sea una situación habitual u os preocupa la conducta del pequeño, ya sabéis que podéis dejarnos un comentario o escribirnos a info@gadepsi.com. Si no, en Gadepsi (www.gadepsi.com) estamos disponibles para cualquier consulta, tanto con el peque como con vosotros los padres, para daros las herramientas necesarias para manejar esta situación.

El bullying: cuando el colegio no parece un sitio seguro

Todos oímos hablar del bullying, pero ¿qué es realmente? Se entiende por bullying cualquier tipo de abuso que tenga lugar en el ámbito escolar: motes ofensivos, empujones, risas, humillaciones… y, por supuesto, esto también comprende agresiones físicas.

bullying

Ahora es cuando pensamos en aquel compañero que tuvimos de pequeños o que vemos ahora en la clase de nuestros hijos, el que es centro de todas las burlas (incluso a lo mejor estamos recordando un momento en que nosotros participamos de esas burlas). Puede parecer exagerado que tachemos de bullying  una situación que no tuvo más importancia porque se dio uno o dos días pero al día siguiente todo volvió a la normalidad.

Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños o que no tiene más importancia, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.

  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es víctima de bullying? Notaremos cosas como ansiedad ante el colegio, absentismo (pellas, cuando normalmente no las hacía), referencias a que no tiene muchos amigos o ha perdido los que ya tenía, miedo y nervios por todo lo relacionado con el centro escolar, cambios en el rendimiento escolar, secretismo y marcas o heridas injustificadas (o con una justificación poco creíble).Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.
  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es el que hace bullying? Es mucho más difícil, pues incluye una parte de ver que nuestro hijo hace algo malo a otro (¡OJO! que haga algo malo no quiere decir que nuestro hijo sea malo). Podemos ver cambios en que se ríe mucho de los compañeros o que les pone motes (debemos prestar atención a si son motes cariñosos, como podría ser llamar a un amigo por su apellido o una característica de la que se sienta orgulloso, o por el contrario son motes insultantes y ofensivos), que tiene cosas que no son suyas o que tenga dinero que no le hemos dado. Además, no suele ser una conducta única del colegio, sino que podremos ver que con otros iguales (amigos del barrio, hermanos, primos…) también suele ponerse en una posición superior.

Ante un indicio de bullying, sea por el lado que sea, lo que debemos hacer es mostrarnos empáticos y comprensivos con nuestro hijo: no empezar la conversación con una bronca, porque eso hará que no reconozca lo que está ocurriendo. Además, debemos mantener un poco la calma, para no activar las alarmas sin motivo y actuar solo si de verdad algo está ocurriendo (pues tampoco queremos sobreproteger a un niño que no es víctima ni convertir en verdugo a otro).

Lo primero a tener en cuenta en estas situaciones es que tenemos que preguntar sin dar la respuesta, es decir, siempre será preferible hacer preguntas abiertas y que el niño dé una respuesta innata de lo que está viviendo a que se adapte a nuestra manera de preguntarlo:

  • ¿Hay algún compañero con quien no te lleves bien? mejor que Ha sido esa pandilla, ¿verdad?
  • ¿Cómo has comprado eso? mejor que Llevabas dinero, ¿no? ¡No se lo habrás quitado a alguien!
  • ¿Se lo has contado a alguien aparte de a mí? mejor que ¡Habérselo dicho a los profesores y que les regañara!
  • ¿Y ese moratón? ¿Qué te ha pasado? mejor que ¿A que te han pegado?

Cuando estén confirmados los indicios,debemos notificarlo al colegio para que pongan en marcha el procedimiento que siguen en estos casos, el cual estará recogido en los protocolos del centro. Sin embargo, nuestra labor como padres en el tema del bullying no acaba ahí: en casa debemos fortalecer a nuestro hijo. Fortalecer su autoestima, hacerle sentir valioso y querido. Debemos potenciar sus amistades sanas y enseñarle a pedir ayuda cuando la necesite, a nosotros o a los profesores cuando esté en el colegio. Tenemos que potenciar que hable sobre sus problemas, para poder enterarnos (y solucionar después) de lo que ocurra en el colegio si la situación no mejora.

Lo más importante es transmitir el mensaje de que nadie tiene derecho a pegar a otro por nada de lo que haga y enseñar a valorar las diferencias individuales de cada uno, en lugar de utilizarlas como insultos.

¡¡¡¡Mañana empieza el Cole!!!!

No es raro escuchar estos días a grupos de papás y mamás comentando las ganas que tienen de que sus hijos empiecen el colegio.

Hasta ahí, todo bien. Es verdad que a muchas familias realmente se les complica la conciliación familiar y laboral. Tienen que hacer verdaderos malabarismos para que sus hijos se queden en casa disfrutando de las vacaciones, mientras ellos van a trabajar. Es lógico y real que el cole nos facilita este tema y nos sentimos más cómodos por ello, sin pedir ayuda a abuelos ni favores.

Sin embargo, muchas en ocasiones, estos comentarios van acompañados de frases del tipo “estoy deseando que vayan al cole, yo ya estoy agotada, a ver si se van de una vez, a ver si se meten en rutina porque estoy harto, están salvajes….”

Como siempre este blog nos invita a reflexionar. En este caso, sobre estas frases, que solemos decir sin pudor delante de amigos, familia, vecinos… pero sobretodo delante de nuestros hijos.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja dijese “estoy deseando que empieces a trabajar porque estás pesadísima” o “cariño se me están haciendo las vacaciones de chicle contigo” …?

Lo cierto es que nos sentiríamos muy mal y nos afectaría en nuestra autestima y nuestra sensación de apego y seguridad con esa persona. Bien, pues a nuestros hijos les pasa lo mismo.

Recuerda que su casa, su hogar y sus padres, son sus lugares referenciales para el crecimiento. Es donde se les debe permitir SER, EXPERIMENTAR, SENTIR, PROBAR, JUGAR…. y EQUIVOCARSE.

Recuerda que el sentimiento de seguridad, apego y autoestima van unidos y somos nosotros, los papás, los encargados de reforzarlo y construirlo poco a poco.

Padres de Adopción

El hecho de adoptar, marca una diferencia importante en la manera de tener y ciar un hijo.

Igualmente somos padres, pero hemos construido el deseo de tener un hijo con mucho más esfuerzo y de un modo distinto.

Adoptar proviene del latín “Adoptare”, se compone de Ad (asociar) y Optare (Desear o elegir). De modo que Adoptare expresa la idea de desear a alguien o algo para asociarlo o vincularlo a uno mismo.

Es decir, que a través del deseo, se hace un lugar en la familia a un miembro que no pertenece a ella.

No son hijos de sangre sino hijos del deseo.famille

Sin embargo este deseo y este amor no protegen del todo a nuestros hijos de la verdad de haber sido “abandonados” por unos padres biológicos que no le desearon en algún momento de su vida.

Por ese motivo, los padres adoptivos debemos saber que nuestros hijos vienen con un dolor inicial, que probablemente no podamos “curar” nunca, pero que sí podemos paliar.

Aquí os dejamos algunas ideas para ayudaros a afrontar este tema:

– Es mejor decirles que son adoptados desde el principio, (como con cualquier asunto a todos los niños). La verdad siempre nos protege. Las mentiras siempre perjudican en el desarrollo psíquico. A veces no se dice la verdad por no hacerles daño, pero tenemos que entender que el daño ya está hecho (aunque sea muy pequeño, incluso los bebés saben y sienten más de lo que creemos). La mentira supone añadir un daño nuevo.

– La manera de decírselo debe ser, como ya hemos dicho, desde el principio y a su lado, nunca por delante. Es decir, lo explicaremos con sus palabras, respondiendo a las preguntas que ellos nos hacen y a la edad a la que nos las vayan haciendo, poco a poco y en el discurso diario, sin ocultar.

– Aunque es difícil, trataremos de diferenciar nuestras dificultades de las suyas. Además de todos los sentimientos que se tienen como cualquier padre, (miedo a que les pase algo, sentimientos de culpa por no hacerlo bien…) La adopción supone unos sentimientos añadidos, como por ejemplo, el dolor por nuestra fertilidad, todo lo que hemos vivido durante el proceso, la inseguridad por los orígenes biológicos de nuestro hijo…, e incluso la inseguridad por si nuestro hijo algún día conocerá a sus padres y dejará de querernos.

Siempre es recomendable que si las dificultades propias nos superan, acudamos a un experto en adopción que nos ayude y nos acompañe.

– Seremos conscientes de que el periodo de la adolescencia, en el que todos buscamos nuestra identidad y necesitamos un lugar como persona independiente de la familia, será especialmente duro para todos los miembros.

– Trataremos de ayudarle a construir su historia, cuando el niño, quizá ya adulto, lo desee. Y será en ese momento cuando no le dejaremos solo en ningún caso, le demostraremos que es nuestro hijo, aunque haya sido gestado por otros padres, y que su bienestar, su cuidado y su identidad como sujeto es lo que más nos importa.

– Pero sobretodo, debemos, de manera explícita, implícita y simbólica, dar las GRACIAS, PORQUE GRACIAS A NUESTRO HIJO SOMOS PADRES.

 

Papás, ¡¡¡Os queremos!!!

¡¡NECESITAMOS A LOS PAPÁS!!

REY LEON

La necesidad de una función paterna en el desarrollo evolutivo y psíquico de nuestros hijos es imprescindible.

Esto no significa que esta función la tenga que hacer un padre necesariamente, ya sea biológico o adoptivo. Esta función la puede ejercer un abuelo, un profesor o incluso una madre que duplica funciones.

Lo que los hijos necesitan es que haya alguien que SEA PAPÁ, entendiendo como PAPÁ alguien que incorpora la ley, lo social y el trabajo.

Los niños necesitan….

Un papá que protege a la vez que prohíbe.

Un papá que cuida a la vez que exige.

Un papá que se ríe unas veces y se enfada otras.

Un papá que valora a los demás y también a su hijo.

Un papá que comprende a la vez que obliga.

Un papá que defiende a la vez que anima.

Un papá que tiene amigos y hace que el niño los tenga.

Un papá que ayuda a la vez que sabe que lo hará el niño solo.

Un papá que se va a trabajar pero vuelve.

Un papá que escucha pero también comparte.

Un papá que juega un rato y que al rato tiene muchas cosas que hacer.

Un papá que está a nuestro lado pero deja distancia.

Un papá que quiere a la mamá y la respeta aunque opine de otra manera.

Un papá adulto que se comporta a veces como un niño.

 

OS QUEREMOS PAPÁS, no podemos olvidar nunca que os debemos lo mejor que tenemos: NUESTROS HIJOS

¿Cómo separarme de mi bebé sin angustia?

 

Normalmente a los 8 meses aproximadamente, nuestros hijos sufren uno de los miedos más importantes y significativos para ellos, el miedo a separarse de su figura de apego.

A esta edad, aproximadamente, comienzan a reconocer caras conocidas , y por tanto a extrañar a las personas menos habituales de su entorno. De manera que cuando desaparece esa persona que les cuida, normalmente la madre, sienten un gran miedo. Este miedo se debe a nuestro instinto de supervivencia, ya que es nuestra madre la que nos alimenta y nos aporta el amor necesario para seguir viviendo.

Los tiempos para nuestros hijos son muy diferentes, el concepto temporal va cambiando con el tiempo. Y lo que para nosotros son unas horas para ellos es una eternidad. Por eso debemos ser comprensivos con sus reacciones y prevenirlas lo mejor posible.

Los pequeños, suelen reaccionar de la siguiente manera:

-          Cuando su madre no está: lloran desconsoladamente, succionan más de lo habitual, buscan la atención inmediata, busqueda de la madre constantemente.

-          Cuando su madre sí está: lloran, se despiertan más a menudo, buscan el contacto visual, mayor necesidad de tomar pecho (si hay lactancia materna), siguen a la madre con la mirada, quieren estar en sus brazos constantemente.

Las mamás también tienen sus reacciones, los sentimientos más habituales son:

-          Culpabilidad, especialmente cuando está separada de su bebé.

-          Preocupación porque el cuidador sea capaz de realizar las tareas necesarias.

-          En ocasiones, también se sienten agobiadas cuando están con el bebé por esa dependencia constante del peque hacia ellas.

Aquí te dejamos algunas pautas para ayudaros a ambos a superar esta separación:

-          Si tienes previsto ausentarte largas horas, por ejemplo por la incorporación al trabajo, trata de pasar algunos días previos con el cuidador sustituto, para que tu hijo vaya poco a poco incorporándole junto a ti.

-          Elige a alguien de tu confianza, que sepas que va a querer y cuidar al bebé. Que te haga sentir tranquila con la decisión.

-          Acostúmbrate a contarle siempre lo que vas a hacer, es decir, aunque sólo vayamos a la cocina, o le dejemos jugando en el salón, si le decimos qué vamos a hacer y cuándo vamos a volver, le ayudará a organizarse en el tiempo y a acostumbrarse a los espacios sin ti.

-          Comunica de antemano al bebé, tenga la edad que tenga, que te vas a ir. Es mejor que te despidas y que le digas cuánto tiempo vas a estar fuera.

-          No mentirle, a veces sufren más por la mentira que les contamos que por la separación. Es cierto que a veces nos resulta más cómodo irnos sin avisar, o decirle que vamos al baño…. Y aunque es verdad que evitamos la expresión de malestar en el momento, provocamos un enfado mayor después y sobretodo una gran desconfianza para las futuras ocasiones.

-          Despídete de forma rápida, no hagas que la despedida sea angustiosa y duradera, cuanto menos tiempo y menos apegada sea mejor. Es decir, si ya anda puede llegar al centro andando o si tiene que ir en brazos hacer el traslado de brazos a brazos de forma rápida.

-          Si la ausencia es de varios días, puedes llamarle por teléfono para charlar con él, contarle cuánto queda de separación y que oiga tu voz.

-          Dile “hola” al llegar de forma inmediata, que sienta que él es lo que más has echado de menos durante la ausencia. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja, después de un largo viaje tarda en saludarte?

-          Debemos entender que la separación es una frustración necesaria para el desarrollo psíquico de nuestros hijos. Es una de las primeras situaciones en las nos vemos privados de algo que queremos, y debemos entenderlo como un aprendizaje fundamental para la vida futura que nos privará de muchas cosas más.

-          No ridiculizar ni desvalorizar las reacciones ni los sentimientos de nuestros hijos en ningún entorno.

-          Ayudar a tu hijo a comprender el concepto abstracto de estar y no estar, aunque se sigue estando y se sigue existiendo, por ejemplo con los siguientes juegos:

  • CUCU-TRAS: Nos escondemos el rostro tras las manos mientras nos ve el resto de nuestro cuerpo.
  • ESCONDITE: Podemos ayudarle a buscar a otras personas conocidas o incluso a él mismo /  nosotros mismos.
  • HABLARLE DESDE OTRA HABITACIÓN: Le podemos contar, hablar cantar, desde lejos para que nos oiga y comprenda que estamos aunque no pueda vernos.

No olvidemos que las lágrimas son la única manera que tiene de decirte que te ha echado de menos, que te quiere. No te preocupes, acoge ese sentimiento y dile que tú también le has echado de menos, de esa manera, poco a poco se irá acostumbrando a no tenerte físicamente, pero sí a poder expresarte sus frustraciones cuando lo necesite, porque en realidad siempre estás ahí.

Y recuerda que la separación es dura para todos.

 

10 Motivos por los que llevar a tu hij@ al psicólogo

Cuando algún profesional de la educación nos recomienda que nuestro hijo visite a un psicólogo se despiertan en nosotros las dudas y los sentimientos de culpa, impidiéndonos pensar con claridad con respecto a lo que un psicólogo supone para nuestro hijo.

Aquí te dejamos 10 motivos por los que debemos llevar a nuestro hijo a terapia si nos lo han recomendado.

- Porque el psicólogo ofrecerá a tu hijo un espacio de atención exclusiva, que los peques disfrutan y agradecen especialmente por su necesidad de atención individualizada, con la que se construyen como personas.

- Porque actualmente les llevamos a clases de piscina, fútbol, piano e inglés… Sin embargo, no debemos olvidar la parte que incluye la inteligencia emocional. Es una habilidad más que debemos practicar para ser feliz.

- Porque el psicólogo ofrecerá un lugar de diversión para él, de expresión de sentimientos, en ningún caso pasará un mal rato, ni se le forzará a realizar algo que no le apetezca.

- Porque el psicólogo dará herramientas a tu hijo para enfrentarse a situaciones que le resultan difíciles en la vida cotidiana, ya sean académicas, sociales o personales.

- Porque el hecho de que nuestro hijo necesite un psicólogo no significa que seamos peores padres, que tengamos la culpa de no haber cubierto “algo” en nuestro pequeño. Muy al contrario, el hecho de darnos cuenta de lo que necesita y ofrecérselo, nos convierte en padres atentos y contenedores.

- Porque aunque los hijos nos consideren omnipotentes no lo somos. Es verdad que nuestros hijos son una extensión de nosotros mismos, pero eso no significa que tengan la madurez suficiente para resolver las situaciones tal y como nosotros lo haríamos. E incluso ocurre que no siempre necesitan las mismas cosas que nosotros, por eso no siempre podemos ayudarles y no siempre podemos evitarles sufrir, aunque nos gustaría.

- Porque, si lo necesitamos, el psicólogo también nos orientará como padres, y nos dará pautas para relacionarnos con nuestro hijo y que podamos ayudarle en casa. Pero esas pautas no son tan importantes como la sensación de estar haciendo lo correcto. La seguridad que nos aporta el psicólogo como padres, la sensación de sentirnos respaldados, hace que nuestro comportamiento favorezca al crecimiento y desarrollo emocional de nuestros hijos.

- Porque el psicólogo no cambiará aquello que no queremos cambiar. Simplemente nos acompañará en el crecimiento de nuestro hijo, y en el nuestro propio.

- Porque el psicólogo siempre debe ser el paso complementario a la medicación. En algunas ocasiones los pediatras medican a nuestros hijos, y creemos que es suficiente para mejorar la calidad de vida del pequeño, pero no podemos jugarnos la mejora a una sola carta, debemos cubrir todos los aspectos necesarios, y la parte emocional o psicológica desde luego lo es.

- Pero sobre todo, porque haríamos cualquier cosa por ellos. Porque hacerles la vida más fácil es uno de los objetivos de los padres, y porque su felicidad es la nuestra.

Mentiras infantiles

 

Es normal que te preocupe si observas que tu hijo cuenta mentiras. Por eso te recomendamos que te leas este pequeño artículo para conocer las funciones de las mentiras y así comprender a tu hijo.

La mentira es un mecanismo de defensa muy utilizado en el ser humano. A pesar de que es negativo y se vuelve en nuestra contra, obtiene de manera inmediata unos beneficios que hacen que lo sigamos utilizando para proteger la autoestima, sentirnos aceptados, obtener algo que se desea, evitar que nos juzguen…

¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS Y NIÑAS?

Todos los niños y niñas pequeños en algún momento de su desarrollo mienten. Debemos saber que es natural que los niños utilicen las mentiras, pero tenemos que prestar atención para que no se conviertan en un algo habitual en ellos.

Podemos diferenciar varios tipos de mentiras:

  • Anteriores a los 5 años: Son mentiras naturales y apropiadas, sin intención ninguna. En este caso tienen que ver con el mundo de fantasía de los niños.
  • Después de los 5 años: aparecen las mentiras intencionadas, es decir, los peques ya son conscientes de que están mintiendo y lo hacen por algo en concreto:
    • Para conseguir algo que desean o evitar algo que no desean. Por ejemplo, para librarse de un castigo o tener una recompensa.
    • Para aparentar ante alguien. Suele darse ante el grupo de amigos.
    • Por imitación.

Estas mentiras siempre tienen objetivos inconscientes como:

  • Necesidad de ser aceptado y amado por otro.
  • Miedo (Si algo me da miedo, invento una realidad que yo controlo).
  • Autoestima (Necesito sentirme bien conmigo y con los demás).
  • Mantener la estabilidad de algo que sucede (Por dificultad para asumir una nueva realidad)

Una mentira no tiene más importancia, pero cuando se mantiene pasada esta edad y se convierte en algo habitual, hay que intervenir.

En estos casos, debemos darnos cuenta del motivo por el que nuestro hijo está mintiendo, debemos comprobar si hay algún problema detrás o si se está convirtiendo en un hábito a eliminar.

Pero sobretodo no debemos reaccionar de forma desproporcionada: hablaremos con él en privado no en público, preguntaremos a nuestro hijo el motivo de la mentira, le haremos saber que comprendemos el motivo, pero no lo justificaremos y tomaremos las medidas adecuadas (castigo, no conseguir una recompensa, que pida disculpas…)

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR LAS MENTIRAS?

  • Ser buenos ejemplos: Ne debemos mentir en ninguna circunstancia, porque el niño no conoce los términos medios (o se puede o no se puede).
  • Procura no juzgar a tu hijo, se comprensivo y acepta la sinceridad de tu hijo aunque no sea la adecuada. Proporciona confianza y seguridad, para que tu hijo no se sienta amenazado, ni tenga miedo a perder el cariño y crezca en un ambiente que le ofrezca autoestima.
  • Refuerza la sinceridad. Siempre que nos diga la verdad lo valoraremos. Y aunque obtenga un castigo por la mala conducta, le diremos que ha sido valiente por decir la verdad y alabaremos su sinceridad.
  • Explica claramente la diferencia entre mentira y verdad, y sobre todo las consecuencias de ambas conductas.
  • No le mientas nunca. Solemos pensar que les evitamos sufrimiento, que así no se enteran… pero no sólo nos engañamos a nosotros mismos porque sí les hacemos sufrir cuando se enteran, y además les damos permiso para mentir.

 La sinceridad y la asertividad nos liberan de sentirnos culpables con nosotros mismos y nos favorecen el equilibrio emocional.

Hábitos correctos de estudio

Al inicio del año, siempre nos proponemos mejoras. Una de las más importantes para padres e hijos son las académicas.

Necesitamos ayudarles a que saquen buenas notas y se sientan tranquilos con los estudios.

En muchas ocasiones, nuestros hijos van muy bien en los primeros cursos, porque la dificultad es menor y las capacidades de los niños son mayores a lo que se demanda.

Pero cuando llegan a los cursos superiores, la gran mayoría tiene dificultades para superar el trabajo diario y el esfuerzo que tienen que hacer es mucho mayor.

Aprender a estudiar en casa es uno de los pilares fundamentales para el éxito académico, y nosotros tenemos que enseñarles.

Aquí van algunas pautas para comenzar con ello desde el principio del año:

-  Disciplina en el estudio: Los niños, desde que empiezan primaria deben dedicar un tiempo al estudio todas las tardes. Cuando lleguen a casa, pueden distraerse, merendar, quedarse un rato en la calle, pero a partir de una hora, deben sentarse a realizar tareas académicas.  Unas cuantas sumas, o restas… serán lo suficiente para comenzar a entender la dedicación que supone.

-  El tiempo que deben dedicar debe ser limitado: este tiempo estará en función de la edad de los niños. No pueden estar toda la tarde delante de los libros, sino que deben conocer de cuánto tiempo disponen y con un reloj delante, ir viendo que se les va acabando. No pretendemos agobiarles sino que se hagan conscientes del límite. Después podrán jugar o ver la televisión, y ellos deben conocer la secuencia y los tiempos.

- El espacio del que disponen para sus tareas académicas debe ser el adecuado: buena iluminación, temperatura, comodidad, silencio, independencia… y sobretodo, sin objetos distractores.

-  En los primeros cursos debemos acompañarles: Comprobando que leen bien y comprenden lo que se les pide, enseñándoles el orden en el que deben realizar las tareas (primero mirar la agenda para ver si hay alguna anotación, hacer las tareas, estudiar, preparar la mochila para el día siguiente…). El acompañarles no debe entenderse como hacerles el trabajo, simplemente debemos comprobar que realizan bien las tareas.

-  Motivar a nuestros hijos: Es necesario valorarles y reforzarles (no necesariamente con premios materiales). Definirlos como buenos estudiantes, como personas inteligentes, entender que el aprendizaje es una etapa, no un estado, y que conseguirán resultados.

-  Entender el colegio como autoridad: Es importante no cuestionar a los profesores, los exámenes o las tareas que les piden. Tenemos que entender que lo que tiene que hacer es lo adecuado a su edad y a su clase. Ante cualquier duda podemos hablar con los profesores, que a fin de cuentas, reman en nuestro mismo barco y tratan de ayudar a nuestros hijos. No les beneficia que partamos de ideas negativas sobre el colegio o los profesores (a mi hijo le tienen manía, le mandan demasiados deberes, no explican bien…) porque eso les perjudicará.

-  Inculcar el esfuerzo: en nuestra propia vida debemos esforzarnos en lo que hacemos para ser ejemplo.

Pero sobretodo, debemos estar ahí, preocuparnos por ellos y no limitarnos a ir al colegio sólo por las notas. Lo importante es  estar a su lado en todo momento.