La violencia nos afecta a todos

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Y no podemos (ni debemos) quedarnos de brazos cruzados. Este asunto lo vamos a tener que ir resolviendo con la colaboración de todos.

Empecemos definiendo. ¿Por qué violencia de género? Se denomina así a la violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer, considerándola inferior o débil. Digamos, que parte de una discriminación y un sexismo y que por eso recibe un nombre diferente.

¿Y cómo afecta la violencia de género a los más pequeños? Como observadores, son víctimas directas. Aunque a veces podamos pensar que si no reciben ellos el golpe o el insulto no están siendo afectados, en realidad están expuestos a unas experiencias nocivas para su propio bienestar.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Que los hijos están sufriendo las consecuencias, lo podemos observar en su comportamiento. Para los peques suele haber dos polos por los que pueden moverse: el comportamiento agresivo ante todo y ante todos, sin motivo aparente (porque no ha aprendido a enfrentarse a los problemas y las discusiones de una manera sana y constructiva) o por el contrario, por la más absoluta sensación de indefensión. Y pueden incluso aparecer ambas cosas a la vez, según el momento o la persona con la que estén hablando y el trato que estén recibiendo. Digamos que tienen los dos modelos en casa y es una situación que ellos al principio pueden llegar a normalizar porque no conocen otra cosa (“pues será que los papás pegan a las mamás“), de modo que a veces se comportarán de una manera o de otra.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. En los últimos años está habiendo un crecimiento enorme en las adolescentes que empiezan a tener relaciones sentimentales potencialmente maltratadoras. El control (exacerbado con los móviles y las redes sociales), el aislamiento y la presión psicológica a las que les someten suelen ser los primeros pasos. Pero no está tan lejos de la agresión física como podemos imaginar. Tenemos que hacerles ver desde pequeñas que ciertas cosas no son amor, que ellas valen por sí mismas, sin importar la persona que tienen al lado.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Porque quienes están alrededor, también están perdiendo. Un paso muy habitual para los agresores es el aislamiento de las víctimas, alejarles poco a poco de su familia y amigos, que sufren esa distancia e impotencia desde fuera. Aunque lejos y en la sombra, tienen que estar preparados para actuar cuando la víctima decida pedir ayuda.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Socialmente nos afecta, nos remueve y nos revuelve contra estos comportamientos. Debemos actuar con el ejemplo, educar en la no violencia, sea hacia quien sea.

Las víctimas de la violencia de género somos todos, sí… Pero si tú eres una víctima directa, no olvides que de esto se puede salir. No va a ser fácil, pero merece la pena salvaros todos.

¡¡¡¡Mañana empieza el Cole!!!!

No es raro escuchar estos días a grupos de papás y mamás comentando las ganas que tienen de que sus hijos empiecen el colegio.

Hasta ahí, todo bien. Es verdad que a muchas familias realmente se les complica la conciliación familiar y laboral. Tienen que hacer verdaderos malabarismos para que sus hijos se queden en casa disfrutando de las vacaciones, mientras ellos van a trabajar. Es lógico y real que el cole nos facilita este tema y nos sentimos más cómodos por ello, sin pedir ayuda a abuelos ni favores.

Sin embargo, muchas en ocasiones, estos comentarios van acompañados de frases del tipo “estoy deseando que vayan al cole, yo ya estoy agotada, a ver si se van de una vez, a ver si se meten en rutina porque estoy harto, están salvajes….”

Como siempre este blog nos invita a reflexionar. En este caso, sobre estas frases, que solemos decir sin pudor delante de amigos, familia, vecinos… pero sobretodo delante de nuestros hijos.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja dijese “estoy deseando que empieces a trabajar porque estás pesadísima” o “cariño se me están haciendo las vacaciones de chicle contigo” …?

Lo cierto es que nos sentiríamos muy mal y nos afectaría en nuestra autestima y nuestra sensación de apego y seguridad con esa persona. Bien, pues a nuestros hijos les pasa lo mismo.

Recuerda que su casa, su hogar y sus padres, son sus lugares referenciales para el crecimiento. Es donde se les debe permitir SER, EXPERIMENTAR, SENTIR, PROBAR, JUGAR…. y EQUIVOCARSE.

Recuerda que el sentimiento de seguridad, apego y autoestima van unidos y somos nosotros, los papás, los encargados de reforzarlo y construirlo poco a poco.

¿Cuál es la mejor edad para que nuestros peques vayan a la guarde?

 

Llega Septiembre y el momento de llevar a los niños a la guardería. Pero sobretodo llegan las dudas sobre si nuestro hijo está o no preparado para ello.

En ocasiones, no tenemos opción de elegir, es decir, nuestras circunstancias nos obligan a meter a nuestros peques en la guardería desde los 4 meses. En ese caso, no debemos preocuparnos. Busca una buena escuela infantil cerca de tu casa o de tu trabajo, en la que tengas confianza para preguntar todas tus dudas y en la que te den facilidades para adaptar tu horario al suyo, para poder mantener la lactancia materna si es lo que quieres o poder ver al peque cuando lo necesites. A partir de esa decisión, confía en los profesionales.

Recuerda que no hay nada mejor que el hecho de que a tu hijo lo quieran muchas personas y que reciba amor desde muchos lugares. Sin duda, las educadoras y su escuela infantil es un lugar muy importante desde el que se les quiere y se les acompaña en su crecimiento.

Sin embargo, si  tenemos posibilidad de elegir el momento de entrada y la pregunta es ¿cuándo es adecuado que los peques vayan a la guardería? entonces responderemos de la siguiente manera:

Durante el primer año del niño, la necesidad de apego del bebé responde a una única función de cuidado, la función materna (la ejerza quién la ejerza). Esta función tiene como objetivos la alimentación, la protección, la identificación de las necesidades básicas y la contención de las mismas.

Durante este primer año, los bebés,  desde muy pronto,  conocen la diferencia entre un objeto y  una persona (saben qué esperar de una cara humana, saben que pueden influir en ella con sus sonrisas o con sus llanto).

Sin embargo, los  bebés no tienen concepto de sí mismo hasta aproximadamente los 15 meses. Es a partir de ese momento cuando el pequeño empieza a  entender que él mismo es un ser diferenciado de los demás. Comienza a adquirir un sentido del sí mismo como sujeto separado, física y psicológicamente, de los demás y distinto al resto.

Algunas de las cosas que les sucede en esta etapa y que nos dan pistas de ese crecimiento y del autoconcepto que van adquiriendo son:

-  El lenguaje, comienzan a intentar comunicarse con el exterior, a hacer intentos por darse a entender y por pedir lo que desean.

-  Aparece el “NO” en sus conductas. Ya no tengo por qué hacer lo que tú me dices, porque soy otro.

Conocen las distintas partes de su cuerpo y las de otras personas.

-  La movilidad, bien andando o a gatas, les permite tener intereses independientes del resto de las personas. Hay independencia física que se corresponde a la independencia que ellos empiezan a sentir.

-  El sentimiento de propiedad se hace patente, especialmente puesto en práctica en el parque donde todo es suyo. Ya saben que hay cosas que no le corresponden, aunque intenten quedarse con todo.

-  La cooperación comienza. Es posible llenar un cubo de arena entre dos niños, o esperar el turno para poder montar en el columpio.

-  La posibilidad de disfrutar fuera de esa función materna ya se ha disparado, y aunque se llore con la separación, no hay motivo por el que pensar que no va a disfrutar de ella.

-  Igualmente comienzan a entender que los demás disfrutan sin su compañía (mamá va a trabajar y lo pasa bien, duerme con papá y no me necesita, se va a la peluquería y vuelve guapa y contenta….)

Por estos motivos el niño ya está preparado para separarse de esa función materna y empezar a vivir en sociedad. Poco a poco en el cole, se va sintiendo parte de un grupo de iguales con intereses conjuntos, ya no es parte de una pareja mamá-hijo, de la que paulatinamente tiene que ir saliendo para disfrutar del mundo exterior.

Encontrarse con compañeros de juegos nuevos, comprobar los límites de otros, aprender nuevas cosas, y jugar es parte del crecimiento, no lo dudes.

Padres de Adopción

El hecho de adoptar, marca una diferencia importante en la manera de tener y ciar un hijo.

Igualmente somos padres, pero hemos construido el deseo de tener un hijo con mucho más esfuerzo y de un modo distinto.

Adoptar proviene del latín “Adoptare”, se compone de Ad (asociar) y Optare (Desear o elegir). De modo que Adoptare expresa la idea de desear a alguien o algo para asociarlo o vincularlo a uno mismo.

Es decir, que a través del deseo, se hace un lugar en la familia a un miembro que no pertenece a ella.

No son hijos de sangre sino hijos del deseo.famille

Sin embargo este deseo y este amor no protegen del todo a nuestros hijos de la verdad de haber sido “abandonados” por unos padres biológicos que no le desearon en algún momento de su vida.

Por ese motivo, los padres adoptivos debemos saber que nuestros hijos vienen con un dolor inicial, que probablemente no podamos “curar” nunca, pero que sí podemos paliar.

Aquí os dejamos algunas ideas para ayudaros a afrontar este tema:

– Es mejor decirles que son adoptados desde el principio, (como con cualquier asunto a todos los niños). La verdad siempre nos protege. Las mentiras siempre perjudican en el desarrollo psíquico. A veces no se dice la verdad por no hacerles daño, pero tenemos que entender que el daño ya está hecho (aunque sea muy pequeño, incluso los bebés saben y sienten más de lo que creemos). La mentira supone añadir un daño nuevo.

– La manera de decírselo debe ser, como ya hemos dicho, desde el principio y a su lado, nunca por delante. Es decir, lo explicaremos con sus palabras, respondiendo a las preguntas que ellos nos hacen y a la edad a la que nos las vayan haciendo, poco a poco y en el discurso diario, sin ocultar.

– Aunque es difícil, trataremos de diferenciar nuestras dificultades de las suyas. Además de todos los sentimientos que se tienen como cualquier padre, (miedo a que les pase algo, sentimientos de culpa por no hacerlo bien…) La adopción supone unos sentimientos añadidos, como por ejemplo, el dolor por nuestra fertilidad, todo lo que hemos vivido durante el proceso, la inseguridad por los orígenes biológicos de nuestro hijo…, e incluso la inseguridad por si nuestro hijo algún día conocerá a sus padres y dejará de querernos.

Siempre es recomendable que si las dificultades propias nos superan, acudamos a un experto en adopción que nos ayude y nos acompañe.

– Seremos conscientes de que el periodo de la adolescencia, en el que todos buscamos nuestra identidad y necesitamos un lugar como persona independiente de la familia, será especialmente duro para todos los miembros.

– Trataremos de ayudarle a construir su historia, cuando el niño, quizá ya adulto, lo desee. Y será en ese momento cuando no le dejaremos solo en ningún caso, le demostraremos que es nuestro hijo, aunque haya sido gestado por otros padres, y que su bienestar, su cuidado y su identidad como sujeto es lo que más nos importa.

– Pero sobretodo, debemos, de manera explícita, implícita y simbólica, dar las GRACIAS, PORQUE GRACIAS A NUESTRO HIJO SOMOS PADRES.

 

Papás, ¡¡¡Os queremos!!!

¡¡NECESITAMOS A LOS PAPÁS!!

REY LEON

La necesidad de una función paterna en el desarrollo evolutivo y psíquico de nuestros hijos es imprescindible.

Esto no significa que esta función la tenga que hacer un padre necesariamente, ya sea biológico o adoptivo. Esta función la puede ejercer un abuelo, un profesor o incluso una madre que duplica funciones.

Lo que los hijos necesitan es que haya alguien que SEA PAPÁ, entendiendo como PAPÁ alguien que incorpora la ley, lo social y el trabajo.

Los niños necesitan….

Un papá que protege a la vez que prohíbe.

Un papá que cuida a la vez que exige.

Un papá que se ríe unas veces y se enfada otras.

Un papá que valora a los demás y también a su hijo.

Un papá que comprende a la vez que obliga.

Un papá que defiende a la vez que anima.

Un papá que tiene amigos y hace que el niño los tenga.

Un papá que ayuda a la vez que sabe que lo hará el niño solo.

Un papá que se va a trabajar pero vuelve.

Un papá que escucha pero también comparte.

Un papá que juega un rato y que al rato tiene muchas cosas que hacer.

Un papá que está a nuestro lado pero deja distancia.

Un papá que quiere a la mamá y la respeta aunque opine de otra manera.

Un papá adulto que se comporta a veces como un niño.

 

OS QUEREMOS PAPÁS, no podemos olvidar nunca que os debemos lo mejor que tenemos: NUESTROS HIJOS

¿Cómo separarme de mi bebé sin angustia?

 

Normalmente a los 8 meses aproximadamente, nuestros hijos sufren uno de los miedos más importantes y significativos para ellos, el miedo a separarse de su figura de apego.

A esta edad, aproximadamente, comienzan a reconocer caras conocidas , y por tanto a extrañar a las personas menos habituales de su entorno. De manera que cuando desaparece esa persona que les cuida, normalmente la madre, sienten un gran miedo. Este miedo se debe a nuestro instinto de supervivencia, ya que es nuestra madre la que nos alimenta y nos aporta el amor necesario para seguir viviendo.

Los tiempos para nuestros hijos son muy diferentes, el concepto temporal va cambiando con el tiempo. Y lo que para nosotros son unas horas para ellos es una eternidad. Por eso debemos ser comprensivos con sus reacciones y prevenirlas lo mejor posible.

Los pequeños, suelen reaccionar de la siguiente manera:

-          Cuando su madre no está: lloran desconsoladamente, succionan más de lo habitual, buscan la atención inmediata, busqueda de la madre constantemente.

-          Cuando su madre sí está: lloran, se despiertan más a menudo, buscan el contacto visual, mayor necesidad de tomar pecho (si hay lactancia materna), siguen a la madre con la mirada, quieren estar en sus brazos constantemente.

Las mamás también tienen sus reacciones, los sentimientos más habituales son:

-          Culpabilidad, especialmente cuando está separada de su bebé.

-          Preocupación porque el cuidador sea capaz de realizar las tareas necesarias.

-          En ocasiones, también se sienten agobiadas cuando están con el bebé por esa dependencia constante del peque hacia ellas.

Aquí te dejamos algunas pautas para ayudaros a ambos a superar esta separación:

-          Si tienes previsto ausentarte largas horas, por ejemplo por la incorporación al trabajo, trata de pasar algunos días previos con el cuidador sustituto, para que tu hijo vaya poco a poco incorporándole junto a ti.

-          Elige a alguien de tu confianza, que sepas que va a querer y cuidar al bebé. Que te haga sentir tranquila con la decisión.

-          Acostúmbrate a contarle siempre lo que vas a hacer, es decir, aunque sólo vayamos a la cocina, o le dejemos jugando en el salón, si le decimos qué vamos a hacer y cuándo vamos a volver, le ayudará a organizarse en el tiempo y a acostumbrarse a los espacios sin ti.

-          Comunica de antemano al bebé, tenga la edad que tenga, que te vas a ir. Es mejor que te despidas y que le digas cuánto tiempo vas a estar fuera.

-          No mentirle, a veces sufren más por la mentira que les contamos que por la separación. Es cierto que a veces nos resulta más cómodo irnos sin avisar, o decirle que vamos al baño…. Y aunque es verdad que evitamos la expresión de malestar en el momento, provocamos un enfado mayor después y sobretodo una gran desconfianza para las futuras ocasiones.

-          Despídete de forma rápida, no hagas que la despedida sea angustiosa y duradera, cuanto menos tiempo y menos apegada sea mejor. Es decir, si ya anda puede llegar al centro andando o si tiene que ir en brazos hacer el traslado de brazos a brazos de forma rápida.

-          Si la ausencia es de varios días, puedes llamarle por teléfono para charlar con él, contarle cuánto queda de separación y que oiga tu voz.

-          Dile “hola” al llegar de forma inmediata, que sienta que él es lo que más has echado de menos durante la ausencia. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nuestra pareja, después de un largo viaje tarda en saludarte?

-          Debemos entender que la separación es una frustración necesaria para el desarrollo psíquico de nuestros hijos. Es una de las primeras situaciones en las nos vemos privados de algo que queremos, y debemos entenderlo como un aprendizaje fundamental para la vida futura que nos privará de muchas cosas más.

-          No ridiculizar ni desvalorizar las reacciones ni los sentimientos de nuestros hijos en ningún entorno.

-          Ayudar a tu hijo a comprender el concepto abstracto de estar y no estar, aunque se sigue estando y se sigue existiendo, por ejemplo con los siguientes juegos:

  • CUCU-TRAS: Nos escondemos el rostro tras las manos mientras nos ve el resto de nuestro cuerpo.
  • ESCONDITE: Podemos ayudarle a buscar a otras personas conocidas o incluso a él mismo /  nosotros mismos.
  • HABLARLE DESDE OTRA HABITACIÓN: Le podemos contar, hablar cantar, desde lejos para que nos oiga y comprenda que estamos aunque no pueda vernos.

No olvidemos que las lágrimas son la única manera que tiene de decirte que te ha echado de menos, que te quiere. No te preocupes, acoge ese sentimiento y dile que tú también le has echado de menos, de esa manera, poco a poco se irá acostumbrando a no tenerte físicamente, pero sí a poder expresarte sus frustraciones cuando lo necesite, porque en realidad siempre estás ahí.

Y recuerda que la separación es dura para todos.

 

10 Motivos por los que llevar a tu hij@ al psicólogo

Cuando algún profesional de la educación nos recomienda que nuestro hijo visite a un psicólogo se despiertan en nosotros las dudas y los sentimientos de culpa, impidiéndonos pensar con claridad con respecto a lo que un psicólogo supone para nuestro hijo.

Aquí te dejamos 10 motivos por los que debemos llevar a nuestro hijo a terapia si nos lo han recomendado.

- Porque el psicólogo ofrecerá a tu hijo un espacio de atención exclusiva, que los peques disfrutan y agradecen especialmente por su necesidad de atención individualizada, con la que se construyen como personas.

- Porque actualmente les llevamos a clases de piscina, fútbol, piano e inglés… Sin embargo, no debemos olvidar la parte que incluye la inteligencia emocional. Es una habilidad más que debemos practicar para ser feliz.

- Porque el psicólogo ofrecerá un lugar de diversión para él, de expresión de sentimientos, en ningún caso pasará un mal rato, ni se le forzará a realizar algo que no le apetezca.

- Porque el psicólogo dará herramientas a tu hijo para enfrentarse a situaciones que le resultan difíciles en la vida cotidiana, ya sean académicas, sociales o personales.

- Porque el hecho de que nuestro hijo necesite un psicólogo no significa que seamos peores padres, que tengamos la culpa de no haber cubierto “algo” en nuestro pequeño. Muy al contrario, el hecho de darnos cuenta de lo que necesita y ofrecérselo, nos convierte en padres atentos y contenedores.

- Porque aunque los hijos nos consideren omnipotentes no lo somos. Es verdad que nuestros hijos son una extensión de nosotros mismos, pero eso no significa que tengan la madurez suficiente para resolver las situaciones tal y como nosotros lo haríamos. E incluso ocurre que no siempre necesitan las mismas cosas que nosotros, por eso no siempre podemos ayudarles y no siempre podemos evitarles sufrir, aunque nos gustaría.

- Porque, si lo necesitamos, el psicólogo también nos orientará como padres, y nos dará pautas para relacionarnos con nuestro hijo y que podamos ayudarle en casa. Pero esas pautas no son tan importantes como la sensación de estar haciendo lo correcto. La seguridad que nos aporta el psicólogo como padres, la sensación de sentirnos respaldados, hace que nuestro comportamiento favorezca al crecimiento y desarrollo emocional de nuestros hijos.

- Porque el psicólogo no cambiará aquello que no queremos cambiar. Simplemente nos acompañará en el crecimiento de nuestro hijo, y en el nuestro propio.

- Porque el psicólogo siempre debe ser el paso complementario a la medicación. En algunas ocasiones los pediatras medican a nuestros hijos, y creemos que es suficiente para mejorar la calidad de vida del pequeño, pero no podemos jugarnos la mejora a una sola carta, debemos cubrir todos los aspectos necesarios, y la parte emocional o psicológica desde luego lo es.

- Pero sobre todo, porque haríamos cualquier cosa por ellos. Porque hacerles la vida más fácil es uno de los objetivos de los padres, y porque su felicidad es la nuestra.

Mentiras infantiles

 

Es normal que te preocupe si observas que tu hijo cuenta mentiras. Por eso te recomendamos que te leas este pequeño artículo para conocer las funciones de las mentiras y así comprender a tu hijo.

La mentira es un mecanismo de defensa muy utilizado en el ser humano. A pesar de que es negativo y se vuelve en nuestra contra, obtiene de manera inmediata unos beneficios que hacen que lo sigamos utilizando para proteger la autoestima, sentirnos aceptados, obtener algo que se desea, evitar que nos juzguen…

¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS Y NIÑAS?

Todos los niños y niñas pequeños en algún momento de su desarrollo mienten. Debemos saber que es natural que los niños utilicen las mentiras, pero tenemos que prestar atención para que no se conviertan en un algo habitual en ellos.

Podemos diferenciar varios tipos de mentiras:

  • Anteriores a los 5 años: Son mentiras naturales y apropiadas, sin intención ninguna. En este caso tienen que ver con el mundo de fantasía de los niños.
  • Después de los 5 años: aparecen las mentiras intencionadas, es decir, los peques ya son conscientes de que están mintiendo y lo hacen por algo en concreto:
    • Para conseguir algo que desean o evitar algo que no desean. Por ejemplo, para librarse de un castigo o tener una recompensa.
    • Para aparentar ante alguien. Suele darse ante el grupo de amigos.
    • Por imitación.

Estas mentiras siempre tienen objetivos inconscientes como:

  • Necesidad de ser aceptado y amado por otro.
  • Miedo (Si algo me da miedo, invento una realidad que yo controlo).
  • Autoestima (Necesito sentirme bien conmigo y con los demás).
  • Mantener la estabilidad de algo que sucede (Por dificultad para asumir una nueva realidad)

Una mentira no tiene más importancia, pero cuando se mantiene pasada esta edad y se convierte en algo habitual, hay que intervenir.

En estos casos, debemos darnos cuenta del motivo por el que nuestro hijo está mintiendo, debemos comprobar si hay algún problema detrás o si se está convirtiendo en un hábito a eliminar.

Pero sobretodo no debemos reaccionar de forma desproporcionada: hablaremos con él en privado no en público, preguntaremos a nuestro hijo el motivo de la mentira, le haremos saber que comprendemos el motivo, pero no lo justificaremos y tomaremos las medidas adecuadas (castigo, no conseguir una recompensa, que pida disculpas…)

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR LAS MENTIRAS?

  • Ser buenos ejemplos: Ne debemos mentir en ninguna circunstancia, porque el niño no conoce los términos medios (o se puede o no se puede).
  • Procura no juzgar a tu hijo, se comprensivo y acepta la sinceridad de tu hijo aunque no sea la adecuada. Proporciona confianza y seguridad, para que tu hijo no se sienta amenazado, ni tenga miedo a perder el cariño y crezca en un ambiente que le ofrezca autoestima.
  • Refuerza la sinceridad. Siempre que nos diga la verdad lo valoraremos. Y aunque obtenga un castigo por la mala conducta, le diremos que ha sido valiente por decir la verdad y alabaremos su sinceridad.
  • Explica claramente la diferencia entre mentira y verdad, y sobre todo las consecuencias de ambas conductas.
  • No le mientas nunca. Solemos pensar que les evitamos sufrimiento, que así no se enteran… pero no sólo nos engañamos a nosotros mismos porque sí les hacemos sufrir cuando se enteran, y además les damos permiso para mentir.

 La sinceridad y la asertividad nos liberan de sentirnos culpables con nosotros mismos y nos favorecen el equilibrio emocional.

Llega la navidad y… ¡¡los regalos!!

¡¡¡¡ME LO PIDO!!!!

La navidad está a la vuelta de la esquina. Las campañas publicitarias están en marcha y los niños están decidiendo qué le van a pedir a los Reyes Magos y/o Papá Noel.

Las estadísticas indican que los niños reciben una media de cinco regalos por estas fechas y que la ilusión por un juguete nuevo  dura entre tres y cinco horas de media.

  • ¿Por qué caemos en la tentación de colmarles de regalos?:

-  No hay nada más satisfactorio y que nos llene de más felicidad que ver sus caritas al abrir los regalos: Padres y familiares desean hacer felices a los niños y en ocasiones se confunde la ilusión de abrir un regalo por felicidad.

-  “No quiero que le falte de nada”: Desde el deseo de cubrir todas las necesidades del pequeño, se puede caer en error de tratar de darle todo lo que pide. Una de nuestras misiones a la hora de educarlos es enseñarles no solo a tolerar la frustración si no tambien a conocer sus propios deseos.
/p>

-  Redimir el sentimiento de culpa por no pasar tiempo con ellos: el sentimiento justificado o no de no ser buenos padres favorece que intentemos compensarles cumpliendo todos su deseos.

-  Las campañas de publicidad y el ambiente navideño-consumista: No podemos negar la influencia de la sociedad en la que vivimos. El consumismo está incorporado a nuestra manera de vivir y de comprar.

-  Los niños SIEMPRE lo quieren todo: Y como buenos niños todo lo piden con intensidad e ilusión. Si miran un catalogo de juguetes, lo más probable es que elijan varias cosas de cada página.

  • Antes de escribir la carta a los Reyes Magos/ Papá Noel:

-  Decidir el número de regalos máximos que podrán tener: recibir muchos regalos es tan negativo como no recibir ninguno. Tres regalos es un límite aceptable. No obstante cada familia tendrá que decidir según sus posibilidades y su criterio el número máximo.

-  Organización con el resto de familiares en la compra de los regalos: Una de las tareas más difíciles será explicar al resto de la familia esa limitación de regalos. A ellos les pasa lo mismo, también desean cumplir los deseos del pequeño. Para ello podemos remarcar que no disfrutan de cada regalo como se merece si tiene muchos mismo tiempo. A veces compramos mil regalitos de bajo coste pero de mala calidad. La familia se puede organizar para que entre todos se compren el numero de juguetes que hemos establecido.

  • Instaurando nuestra propia tradición navideña:

-  Explicar a los niños el motivo por el que el número de regalos es limitado: La creatividad será nuestra mejor arma. Hacer de ello una historia, un juego hará que los niños lo entiendan mejor y se molesten menos. Por ejemplo, podemos contarles que a los Reyes Magos les gusta regalarle cosas con las que se lo pase muy bien y con las juegue mucho. Por este motivo, sólo le traerán 3, para que le de tiempo a jugar mucho con ellas.

-  Hacer una tradición familiar de escribir la carta a los Reyes Magos/Papá Noel: lo que más desean los niños es pasar tiempo con sus padres. Convierte el hecho de escribir la carta en algo familiar y divertido (utiliza folios de colores, adornar la carta juntos, tomar una merienda especial mientras, poner música…).

-  No utilizar catálogos de juguetes para escribirla: Si tienen tanta variedad de juguetes a la vista, les va a resultar muy difícil elegir.

-  Jugar juntos a decidir qué regalos son los que más desea: Es fundamental que nos expliquen por qué lo desean, qué es lo que les gusta de ese juguete, cuánto tiempo serían capaces de esperar para conseguirlo, si creen que lo desearán mañana también.

-  Convertir el encuentro familiar en lo más importante: organizar una merienda de reyes para que vengan los abuelos, tíos… donde podrán mostrar los regalos que han tenido y al mismo tiempo disfrutar de la familia.

Por último, como indicación para decidir qué comprarles lo fundamental es tener en cuenta que los regalos de navidad deben ser deseados por el niño y  fomentar el juego, que, al fin y al cabo, es la actividad principal para su desarrollo.

La importancia de los abuelos

Todos los que tenemos abuelos, sabemos de la importancia que tienen en nuestras vidas.

Pero quizá no sabemos lo influyentes que son en nuestro desarrollo psicológico. Tanto si son cuidadores habituales, como sí lo son esporádicos, se trata de figuras imprescindibles en el desarrollo de nuestras vidas.

Compartir a nuestros hijos con nuestros padres, es una maravillosa manera de regalar a nuestros hijos parte de nosotros mismos.

Si tienes que dejar a tus hijos con sus abuelos, no te sientas culpable. Lo único que debemos tener en cuenta para mantener una relación saludable entre todos, es la importancia de establecer unos límites claros. La autoridad de los padres no debe saltarse, pero las cesiones a los abuelos en su terreno son necesarias.

AbuelosLos abuelos, por su edad,  tienen que sustituir la relación física por la comunicación, y eso es lo mágico de la relación, que al basarse sólo en las palabras, van cargadas de mucho amor y afecto.

 Estas son algunas de las funciones de los abuelos con nuestros hijos:

- El abuelo es el encargado de transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias que cuentan los abuelos sobre su vida, incluye a sus hijos de niños (es decir, a los padres), haciendo que el peque se identifique con ellos (¡mi padre o madre también fue pequeño y hacía travesuras!). Además dan sentido de continuidad a la familia, proporcionan conocimiento de la vejez y del pasado familiar, y nos acercan a nuestras raíces.

- La abuela es la encargada de amar a nuestros hijos de manera incondicional. No hay excepciones en la fantasía emocional del niño, la abuela me quiere, me cuida, me protege, me defiende, está orgullosa…. SIEMPRE. Es un amor incondicional tan grande y tan duradero que los niños disfrutan de su compañía aumentando su sentimiento de autoestima y seguridad emocional.

- Los abuelos pueden parar el tiempo. Permiten salirse de las rutinas y el estrés diario. En casa de los abuelos reciben atención, tiempo para conversar, para escuchar y para jugar.

- Los abuelos tratan a los nietos como niños. La diferencia generacional entre abuelos y nietos hace que los mayores vean siempre a los pequeños como “muy pequeños”. Por lo general, los abuelos mantienen la exigencia por debajo de las posibilidades de los niños, y eso les permite relajarse, o sencillamente expandirse desde una perspectiva más infantil porque es acurrucado y recibe el tratamiento cariñoso como niño que realmente es.

- Los abuelos ayudan a cuidar de los niños. Esto hace que se sienten útiles, más considerados y valorados. Ésto influye en su felicidad pero también en la de nuestros peques, que son cuidados por personas felices, tranquilas y pacientes.

- Los abuelos ayudan a los padres a seguir siendo pareja. Además de padres, somos pareja. Dejar a nuestros hijos en casa de los abuelos para tener un tiempo de pareja y no familiar, hará que nos sintamos más “individuos” y puede ayudar a que nuestra relación con nuestros hijos sea mejor, pues nos sentimos más satisfechos o menos presionados por la faceta de madre o padre.

Y no menos importante.., para los abuelos, los nietos son el postre de la vida.