Hábitos correctos de estudio

Al inicio del año, siempre nos proponemos mejoras. Una de las más importantes para padres e hijos son las académicas.

Necesitamos ayudarles a que saquen buenas notas y se sientan tranquilos con los estudios.

En muchas ocasiones, nuestros hijos van muy bien en los primeros cursos, porque la dificultad es menor y las capacidades de los niños son mayores a lo que se demanda.

Pero cuando llegan a los cursos superiores, la gran mayoría tiene dificultades para superar el trabajo diario y el esfuerzo que tienen que hacer es mucho mayor.

Aprender a estudiar en casa es uno de los pilares fundamentales para el éxito académico, y nosotros tenemos que enseñarles.

Aquí van algunas pautas para comenzar con ello desde el principio del año:

-  Disciplina en el estudio: Los niños, desde que empiezan primaria deben dedicar un tiempo al estudio todas las tardes. Cuando lleguen a casa, pueden distraerse, merendar, quedarse un rato en la calle, pero a partir de una hora, deben sentarse a realizar tareas académicas.  Unas cuantas sumas, o restas… serán lo suficiente para comenzar a entender la dedicación que supone.

-  El tiempo que deben dedicar debe ser limitado: este tiempo estará en función de la edad de los niños. No pueden estar toda la tarde delante de los libros, sino que deben conocer de cuánto tiempo disponen y con un reloj delante, ir viendo que se les va acabando. No pretendemos agobiarles sino que se hagan conscientes del límite. Después podrán jugar o ver la televisión, y ellos deben conocer la secuencia y los tiempos.

- El espacio del que disponen para sus tareas académicas debe ser el adecuado: buena iluminación, temperatura, comodidad, silencio, independencia… y sobretodo, sin objetos distractores.

-  En los primeros cursos debemos acompañarles: Comprobando que leen bien y comprenden lo que se les pide, enseñándoles el orden en el que deben realizar las tareas (primero mirar la agenda para ver si hay alguna anotación, hacer las tareas, estudiar, preparar la mochila para el día siguiente…). El acompañarles no debe entenderse como hacerles el trabajo, simplemente debemos comprobar que realizan bien las tareas.

-  Motivar a nuestros hijos: Es necesario valorarles y reforzarles (no necesariamente con premios materiales). Definirlos como buenos estudiantes, como personas inteligentes, entender que el aprendizaje es una etapa, no un estado, y que conseguirán resultados.

-  Entender el colegio como autoridad: Es importante no cuestionar a los profesores, los exámenes o las tareas que les piden. Tenemos que entender que lo que tiene que hacer es lo adecuado a su edad y a su clase. Ante cualquier duda podemos hablar con los profesores, que a fin de cuentas, reman en nuestro mismo barco y tratan de ayudar a nuestros hijos. No les beneficia que partamos de ideas negativas sobre el colegio o los profesores (a mi hijo le tienen manía, le mandan demasiados deberes, no explican bien…) porque eso les perjudicará.

-  Inculcar el esfuerzo: en nuestra propia vida debemos esforzarnos en lo que hacemos para ser ejemplo.

Pero sobretodo, debemos estar ahí, preocuparnos por ellos y no limitarnos a ir al colegio sólo por las notas. Lo importante es  estar a su lado en todo momento.

Adolescentes y drogas

La adolescencia es una etapa importante en el crecimiento y la búsqueda de identidad.

El grupo de iguales se convierte en una de las referencias más importante. Formar parte de un grupo con ideales, con algunas características concretas, o formas de vestir…  ayuda a nuestros jóvenes a sentir que forman parte de algo y que pertenecen a un grupo independiente de su familia. Esto les ofrece seguridad y contención.

Sin embargo, este grupo de iguales puede ser, en algunas ocasiones, el que empuje a nuestros hijos a realizar conductas que no comparten como individuos independientes, pero sí como miembros de ese grupo. Como por ejemplo, el hecho de probar las drogas.

La adolescencia se caracteriza por la inquietud y la búsqueda de nuevas experiencias, pero también por la inestabilidad emocional y la indecisión.

Suceden cambios internos y personales, que pueden chocar con las creencias y valores familiares.

Como padres, tenemos que ser conscientes de que, aunque ya no podemos prohibir como cuando eran pequeños, si tenemos la capacidad de seguir influyendo en sus decisiones (siguen siendo nuestros hijos, y en el fondo nuestra opinión les sigue importando).

Por ese motivo, tenemos que cuidar y fomentar todo tipo de conversaciones con ellos. Dales tu opinión siempre que sea necesario, sin dejarte llevar por el miedo, evitando los mensajes tremendistas (confirmarán la idea que nuestros hijos tienen de nosotros, como por ejemplo “mis padres no se enteran, son unos exagerados…”).

Lo mejor es encontrar un tono sencillo, amable y directo en relación a algo que veis, oís, o charláis juntos. Con el objetivo de que nuestros hijos tengan una información real de las drogas y estén convencidos de sus consecuencias negativas. En ocasiones tendrás ganas de confrontar su opinión, pero no te llevará a nada, es mejor pedir su opinión y dar la tuya (¡no creas que queda en saco roto!)

Aquí te dejamos algunos ejemplos para comenzar conversaciones con tus hijos sobre drogas y de esta manera sembrar semillas de comunicación entre tus hijos y tú:

• “En la televisión han comentado que sigue disminuyendo la edad de consumo en los adolescentes. ¿Tú qué opinas?, ¿Crees que es verdad?..”

• “Estoy encantada con la ley antitabaco, es que no huelo a tabaco cuando llego a casa, no tengo por qué tragarme el humo de otro. ¿A ti qué te parece?”

• “Me gusta que los jóvenes se manifiesten por causas saludables, como la educación, la justicia… que siempre parece que sólo os sacan para hablar de drogas y botellones, ¿no te parece?”

• No me gusta nada quedar con los amigos de tu padre, al final, después de que se hayan bebido 3 copas de vino, yo ya no se con quién hablar. ¿Alguna vez te ha pasado eso?

• Uffff que horror de accidente, por lo visto ha dado positivo en alcoholemia. ¡No hay derecho! Hay que turnarse en la conducción siempre.

• He leído un artículo que en los institutos ofrecen costo o mariguana. ¿Tú crees que es fácil conseguir droga?

Evitar hablar de las drogas y convertirlas en un tema tabú, no elimina la posibilidad de que tu hijo las consuma, ni reduce las ocasiones en las que tu hijo tendrá que enfrentarse a ellas.

Recuerda que cuantas más herramientas, en forma de información, le des a tu hijo, mejor y más fuerte será para vivir esas situaciones decidiendo por sí mismo.

Aprendiendo a ver la televisión en familia.

Vivimos en un momento en el que la televisión forma parte de nuestra familia. Sin embargo, pocas veces compartimos con nuestros hijos el hecho de ver la tele.

La televisión es un buen trampolín para entender y conocer otras realidades distintas a la nuestra. Pero dependiendo de la edad de los niños, no siempre saben distinguir entre la realidad y la realidad televisiva. Nosotros como adultos debemos acompañarles en esta tarea.

Enseñarles a ver la tele es tan importante como enseñarles a comer, a dormir o a jugar, pues forma parte de una rutina diaria que debemos trabajar cada día.

Os damos algunas claves para hacerlo:

* Incúlcales la elección de ver un programa, no cualquier cosa.

* Ofrece los tiempos adecuados para la edad de tu hijo. En ningún caso superarán las 2 horas al día.

* Es conveniente tener un espacio preestablecido para la televisión (al llegar del cole, un poco antes de cenar, después de hacer los deberes…). Podrás hacer de ese momento un rato familiar (eligiendo en común la película que más os apetece).

* Trata de que la televisión no esté incluida en otras rutinas sino que sea independiente. Es decir, procura que no esté puesta mientras está jugando a otra cosa o para que coma mejor. Es un juego independiente que ofrece una estimulación visual y auditiva estupenda si se sabe utilizar bien.

* Asegúrate de la edad a la que están dirigidos esos dibujos. Aunque parezcan inofensivos, quizá no sean adecuados para el momento evolutivo y la madurez de tu hijo. Te sorprenderá ver como en ocasiones no ha entendido el contenido de lo que ha visto, simplemente lo ha visto y quizá no estaba preparado para comprenderlo. Te darás cuenta de ello fácilmente si ves la tele a su lado. Aprovecha para ayudarle a comprender, hablando de lo que habéis visto juntos.

* Utiliza la televisión como excusa para introducir ciertos temas. Seguro que tus hijos ven algo que les parece nuevo (con respecto a la pareja, los amigos, las familias, la agresividad, …). Puedes preguntarle por su opinión, debatir al respecto si su edad lo permite o compartir la misma opinión, traerlo a la realidad que vivís (pues a un amigo mío le pasó eso…). La televisión también te ayudará a conocer cuáles son los temas más interesantes para tu hijo, puedes comprar un libro sobre ello, invitalé a dibujarlo en algún otro momento…

No permitas que la televisión dificulte la comunicación entre tu hijo y tú. En ocasiones, la tele, poco a poco, va reduciendo las necesidades de relacionarse con los demás. Esto se debe al hecho de que proporciona una falsa relación, con unos personajes desconocidos. Es por este motivo que el abuso de la televisión puede ser negativa para colectivos “interdependientes”, como son los niños o las personas mayores.

Pero sobretodo, recuerda que los niños necesitan de tus guías para comprender, elaborar e incorporar a su vida TODO lo que observan, escuchan, tocan y sienten. SIÉNTATE A SU LADO.

Negociando con nuestro hijo adolescente

El arte de la negociación es un recurso imprescindible con hijos adolescentes.

Quien tiene hijos con edades comprendidas entre los 12 y 18 años, sabe que continuamente tenemos que llegar a acuerdos con ellos para conseguir que realicen las tareas cotidianas del día a día. Negociar se convierte en esencial para establecer reglas o límites con la comunicación como herramienta fundamental.

La negociación, por definición, exige concesiones de ambas partes, padres e hijo deben escucharse, respetarse y expresar sus intereses, pero sobre todo estar dispuestos a comprometerse con lo negociado. En ocasiones pensamos que son los adolescentes los que deben amoldarse a nuestra forma de vivir, a nuestros requisitos o exigencias y olvidamos que empiezan a ser individuos independientes de nosotros que tienen necesidades propias.

Debe quedar claro que la autoridad sigue siendo de los padres, al igual las cuestiones innegociables. Sin embargo, las reglas deben modificarse en función de la edad de los hijos, deben ir siendo más flexibles y las concesiones cada vez mayores. De esta manera, el adolescente siente que los padres también ceden, que es escuchad y, que es comprendido.

Es mediante una comunicación activa y constante, como conseguimos que la negociación tenga éxito, pero no debemos olvidar las bases de la negociación para la resolución de conflictos:

  • Los padres deben expresar de forma clara qué reglas son innegociables. Esto sigue siendo fundamental para dar la autoridad a quien le pertenece y para que no haya dificultad a la hora de entender lo que es la negociación. Sigue habiendo límites.

  • Las normas a negociar deben ser realistas, posibles de cumplir, claras y consistentes. Deben basarse en conductas concretas en las que se especifiquen todos los datos posibles: la frecuencia, la duración, el lugar a realizarla…

  • Escuchar las alegaciones de los hijos, empatizar con ellos por el malestar ante la norma, aceptar sus sentimientos.

  • Sugerir un acuerdo para realizar esa tarea a negociar en el que haya acto y consecuencia.

  • Que ambas partes acepten el compromiso del acuerdo. Podemos poner  el acuerdo por escrito, ya que la posibilidad de leerlo y se firmarlo ayuda a sentir como válido el acuerdo, a respetar la decisión tomada y a cumplir la tarea negociada.

  • Que ambas partes sean consecuentes con las conductas y las consecuencias que se han negociado, sin excusas. La firmeza de las normas y las consecuencias es uno de los pilares básicos de la negociación.

Con la negociación ayudamos a nuestros hijos en su desarrollo social, les damos las herramientas para comprender y manejar su propia agresividad, para aumentar la tolerancia a la frustración, para aumentar su empatía con respecto a los otros y para salir del egocentrismo en el que están inmersos por ser adolescentes, para poner en práctica la comunicación activa y asertiva con los demás.

No debemos olvidar que la última finalidad de la educación es que los hijos sean autónomos e independientes del núcleo familiar, por eso, debemos esforzarnos en permitir que nuestros hijos crezcan y ayudarles a ello, aunque a veces duela.