Mentiras infantiles

 

Es normal que te preocupe si observas que tu hijo cuenta mentiras. Por eso te recomendamos que te leas este pequeño artículo para conocer las funciones de las mentiras y así comprender a tu hijo.

La mentira es un mecanismo de defensa muy utilizado en el ser humano. A pesar de que es negativo y se vuelve en nuestra contra, obtiene de manera inmediata unos beneficios que hacen que lo sigamos utilizando para proteger la autoestima, sentirnos aceptados, obtener algo que se desea, evitar que nos juzguen…

¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS Y NIÑAS?

Todos los niños y niñas pequeños en algún momento de su desarrollo mienten. Debemos saber que es natural que los niños utilicen las mentiras, pero tenemos que prestar atención para que no se conviertan en un algo habitual en ellos.

Podemos diferenciar varios tipos de mentiras:

  • Anteriores a los 5 años: Son mentiras naturales y apropiadas, sin intención ninguna. En este caso tienen que ver con el mundo de fantasía de los niños.
  • Después de los 5 años: aparecen las mentiras intencionadas, es decir, los peques ya son conscientes de que están mintiendo y lo hacen por algo en concreto:
    • Para conseguir algo que desean o evitar algo que no desean. Por ejemplo, para librarse de un castigo o tener una recompensa.
    • Para aparentar ante alguien. Suele darse ante el grupo de amigos.
    • Por imitación.

Estas mentiras siempre tienen objetivos inconscientes como:

  • Necesidad de ser aceptado y amado por otro.
  • Miedo (Si algo me da miedo, invento una realidad que yo controlo).
  • Autoestima (Necesito sentirme bien conmigo y con los demás).
  • Mantener la estabilidad de algo que sucede (Por dificultad para asumir una nueva realidad)

Una mentira no tiene más importancia, pero cuando se mantiene pasada esta edad y se convierte en algo habitual, hay que intervenir.

En estos casos, debemos darnos cuenta del motivo por el que nuestro hijo está mintiendo, debemos comprobar si hay algún problema detrás o si se está convirtiendo en un hábito a eliminar.

Pero sobretodo no debemos reaccionar de forma desproporcionada: hablaremos con él en privado no en público, preguntaremos a nuestro hijo el motivo de la mentira, le haremos saber que comprendemos el motivo, pero no lo justificaremos y tomaremos las medidas adecuadas (castigo, no conseguir una recompensa, que pida disculpas…)

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR LAS MENTIRAS?

  • Ser buenos ejemplos: Ne debemos mentir en ninguna circunstancia, porque el niño no conoce los términos medios (o se puede o no se puede).
  • Procura no juzgar a tu hijo, se comprensivo y acepta la sinceridad de tu hijo aunque no sea la adecuada. Proporciona confianza y seguridad, para que tu hijo no se sienta amenazado, ni tenga miedo a perder el cariño y crezca en un ambiente que le ofrezca autoestima.
  • Refuerza la sinceridad. Siempre que nos diga la verdad lo valoraremos. Y aunque obtenga un castigo por la mala conducta, le diremos que ha sido valiente por decir la verdad y alabaremos su sinceridad.
  • Explica claramente la diferencia entre mentira y verdad, y sobre todo las consecuencias de ambas conductas.
  • No le mientas nunca. Solemos pensar que les evitamos sufrimiento, que así no se enteran… pero no sólo nos engañamos a nosotros mismos porque sí les hacemos sufrir cuando se enteran, y además les damos permiso para mentir.

 La sinceridad y la asertividad nos liberan de sentirnos culpables con nosotros mismos y nos favorecen el equilibrio emocional.

Hábitos correctos de estudio

Al inicio del año, siempre nos proponemos mejoras. Una de las más importantes para padres e hijos son las académicas.

Necesitamos ayudarles a que saquen buenas notas y se sientan tranquilos con los estudios.

En muchas ocasiones, nuestros hijos van muy bien en los primeros cursos, porque la dificultad es menor y las capacidades de los niños son mayores a lo que se demanda.

Pero cuando llegan a los cursos superiores, la gran mayoría tiene dificultades para superar el trabajo diario y el esfuerzo que tienen que hacer es mucho mayor.

Aprender a estudiar en casa es uno de los pilares fundamentales para el éxito académico, y nosotros tenemos que enseñarles.

Aquí van algunas pautas para comenzar con ello desde el principio del año:

-  Disciplina en el estudio: Los niños, desde que empiezan primaria deben dedicar un tiempo al estudio todas las tardes. Cuando lleguen a casa, pueden distraerse, merendar, quedarse un rato en la calle, pero a partir de una hora, deben sentarse a realizar tareas académicas.  Unas cuantas sumas, o restas… serán lo suficiente para comenzar a entender la dedicación que supone.

-  El tiempo que deben dedicar debe ser limitado: este tiempo estará en función de la edad de los niños. No pueden estar toda la tarde delante de los libros, sino que deben conocer de cuánto tiempo disponen y con un reloj delante, ir viendo que se les va acabando. No pretendemos agobiarles sino que se hagan conscientes del límite. Después podrán jugar o ver la televisión, y ellos deben conocer la secuencia y los tiempos.

- El espacio del que disponen para sus tareas académicas debe ser el adecuado: buena iluminación, temperatura, comodidad, silencio, independencia… y sobretodo, sin objetos distractores.

-  En los primeros cursos debemos acompañarles: Comprobando que leen bien y comprenden lo que se les pide, enseñándoles el orden en el que deben realizar las tareas (primero mirar la agenda para ver si hay alguna anotación, hacer las tareas, estudiar, preparar la mochila para el día siguiente…). El acompañarles no debe entenderse como hacerles el trabajo, simplemente debemos comprobar que realizan bien las tareas.

-  Motivar a nuestros hijos: Es necesario valorarles y reforzarles (no necesariamente con premios materiales). Definirlos como buenos estudiantes, como personas inteligentes, entender que el aprendizaje es una etapa, no un estado, y que conseguirán resultados.

-  Entender el colegio como autoridad: Es importante no cuestionar a los profesores, los exámenes o las tareas que les piden. Tenemos que entender que lo que tiene que hacer es lo adecuado a su edad y a su clase. Ante cualquier duda podemos hablar con los profesores, que a fin de cuentas, reman en nuestro mismo barco y tratan de ayudar a nuestros hijos. No les beneficia que partamos de ideas negativas sobre el colegio o los profesores (a mi hijo le tienen manía, le mandan demasiados deberes, no explican bien…) porque eso les perjudicará.

-  Inculcar el esfuerzo: en nuestra propia vida debemos esforzarnos en lo que hacemos para ser ejemplo.

Pero sobretodo, debemos estar ahí, preocuparnos por ellos y no limitarnos a ir al colegio sólo por las notas. Lo importante es  estar a su lado en todo momento.

La importancia de los abuelos

Todos los que tenemos abuelos, sabemos de la importancia que tienen en nuestras vidas.

Pero quizá no sabemos lo influyentes que son en nuestro desarrollo psicológico. Tanto si son cuidadores habituales, como sí lo son esporádicos, se trata de figuras imprescindibles en el desarrollo de nuestras vidas.

Compartir a nuestros hijos con nuestros padres, es una maravillosa manera de regalar a nuestros hijos parte de nosotros mismos.

Si tienes que dejar a tus hijos con sus abuelos, no te sientas culpable. Lo único que debemos tener en cuenta para mantener una relación saludable entre todos, es la importancia de establecer unos límites claros. La autoridad de los padres no debe saltarse, pero las cesiones a los abuelos en su terreno son necesarias.

AbuelosLos abuelos, por su edad,  tienen que sustituir la relación física por la comunicación, y eso es lo mágico de la relación, que al basarse sólo en las palabras, van cargadas de mucho amor y afecto.

 Estas son algunas de las funciones de los abuelos con nuestros hijos:

- El abuelo es el encargado de transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias que cuentan los abuelos sobre su vida, incluye a sus hijos de niños (es decir, a los padres), haciendo que el peque se identifique con ellos (¡mi padre o madre también fue pequeño y hacía travesuras!). Además dan sentido de continuidad a la familia, proporcionan conocimiento de la vejez y del pasado familiar, y nos acercan a nuestras raíces.

- La abuela es la encargada de amar a nuestros hijos de manera incondicional. No hay excepciones en la fantasía emocional del niño, la abuela me quiere, me cuida, me protege, me defiende, está orgullosa…. SIEMPRE. Es un amor incondicional tan grande y tan duradero que los niños disfrutan de su compañía aumentando su sentimiento de autoestima y seguridad emocional.

- Los abuelos pueden parar el tiempo. Permiten salirse de las rutinas y el estrés diario. En casa de los abuelos reciben atención, tiempo para conversar, para escuchar y para jugar.

- Los abuelos tratan a los nietos como niños. La diferencia generacional entre abuelos y nietos hace que los mayores vean siempre a los pequeños como “muy pequeños”. Por lo general, los abuelos mantienen la exigencia por debajo de las posibilidades de los niños, y eso les permite relajarse, o sencillamente expandirse desde una perspectiva más infantil porque es acurrucado y recibe el tratamiento cariñoso como niño que realmente es.

- Los abuelos ayudan a cuidar de los niños. Esto hace que se sienten útiles, más considerados y valorados. Ésto influye en su felicidad pero también en la de nuestros peques, que son cuidados por personas felices, tranquilas y pacientes.

- Los abuelos ayudan a los padres a seguir siendo pareja. Además de padres, somos pareja. Dejar a nuestros hijos en casa de los abuelos para tener un tiempo de pareja y no familiar, hará que nos sintamos más “individuos” y puede ayudar a que nuestra relación con nuestros hijos sea mejor, pues nos sentimos más satisfechos o menos presionados por la faceta de madre o padre.

Y no menos importante.., para los abuelos, los nietos son el postre de la vida.

Adolescentes y drogas

La adolescencia es una etapa importante en el crecimiento y la búsqueda de identidad.

El grupo de iguales se convierte en una de las referencias más importante. Formar parte de un grupo con ideales, con algunas características concretas, o formas de vestir…  ayuda a nuestros jóvenes a sentir que forman parte de algo y que pertenecen a un grupo independiente de su familia. Esto les ofrece seguridad y contención.

Sin embargo, este grupo de iguales puede ser, en algunas ocasiones, el que empuje a nuestros hijos a realizar conductas que no comparten como individuos independientes, pero sí como miembros de ese grupo. Como por ejemplo, el hecho de probar las drogas.

La adolescencia se caracteriza por la inquietud y la búsqueda de nuevas experiencias, pero también por la inestabilidad emocional y la indecisión.

Suceden cambios internos y personales, que pueden chocar con las creencias y valores familiares.

Como padres, tenemos que ser conscientes de que, aunque ya no podemos prohibir como cuando eran pequeños, si tenemos la capacidad de seguir influyendo en sus decisiones (siguen siendo nuestros hijos, y en el fondo nuestra opinión les sigue importando).

Por ese motivo, tenemos que cuidar y fomentar todo tipo de conversaciones con ellos. Dales tu opinión siempre que sea necesario, sin dejarte llevar por el miedo, evitando los mensajes tremendistas (confirmarán la idea que nuestros hijos tienen de nosotros, como por ejemplo “mis padres no se enteran, son unos exagerados…”).

Lo mejor es encontrar un tono sencillo, amable y directo en relación a algo que veis, oís, o charláis juntos. Con el objetivo de que nuestros hijos tengan una información real de las drogas y estén convencidos de sus consecuencias negativas. En ocasiones tendrás ganas de confrontar su opinión, pero no te llevará a nada, es mejor pedir su opinión y dar la tuya (¡no creas que queda en saco roto!)

Aquí te dejamos algunos ejemplos para comenzar conversaciones con tus hijos sobre drogas y de esta manera sembrar semillas de comunicación entre tus hijos y tú:

• “En la televisión han comentado que sigue disminuyendo la edad de consumo en los adolescentes. ¿Tú qué opinas?, ¿Crees que es verdad?..”

• “Estoy encantada con la ley antitabaco, es que no huelo a tabaco cuando llego a casa, no tengo por qué tragarme el humo de otro. ¿A ti qué te parece?”

• “Me gusta que los jóvenes se manifiesten por causas saludables, como la educación, la justicia… que siempre parece que sólo os sacan para hablar de drogas y botellones, ¿no te parece?”

• No me gusta nada quedar con los amigos de tu padre, al final, después de que se hayan bebido 3 copas de vino, yo ya no se con quién hablar. ¿Alguna vez te ha pasado eso?

• Uffff que horror de accidente, por lo visto ha dado positivo en alcoholemia. ¡No hay derecho! Hay que turnarse en la conducción siempre.

• He leído un artículo que en los institutos ofrecen costo o mariguana. ¿Tú crees que es fácil conseguir droga?

Evitar hablar de las drogas y convertirlas en un tema tabú, no elimina la posibilidad de que tu hijo las consuma, ni reduce las ocasiones en las que tu hijo tendrá que enfrentarse a ellas.

Recuerda que cuantas más herramientas, en forma de información, le des a tu hijo, mejor y más fuerte será para vivir esas situaciones decidiendo por sí mismo.

Aprendiendo a ver la televisión en familia.

Vivimos en un momento en el que la televisión forma parte de nuestra familia. Sin embargo, pocas veces compartimos con nuestros hijos el hecho de ver la tele.

La televisión es un buen trampolín para entender y conocer otras realidades distintas a la nuestra. Pero dependiendo de la edad de los niños, no siempre saben distinguir entre la realidad y la realidad televisiva. Nosotros como adultos debemos acompañarles en esta tarea.

Enseñarles a ver la tele es tan importante como enseñarles a comer, a dormir o a jugar, pues forma parte de una rutina diaria que debemos trabajar cada día.

Os damos algunas claves para hacerlo:

* Incúlcales la elección de ver un programa, no cualquier cosa.

* Ofrece los tiempos adecuados para la edad de tu hijo. En ningún caso superarán las 2 horas al día.

* Es conveniente tener un espacio preestablecido para la televisión (al llegar del cole, un poco antes de cenar, después de hacer los deberes…). Podrás hacer de ese momento un rato familiar (eligiendo en común la película que más os apetece).

* Trata de que la televisión no esté incluida en otras rutinas sino que sea independiente. Es decir, procura que no esté puesta mientras está jugando a otra cosa o para que coma mejor. Es un juego independiente que ofrece una estimulación visual y auditiva estupenda si se sabe utilizar bien.

* Asegúrate de la edad a la que están dirigidos esos dibujos. Aunque parezcan inofensivos, quizá no sean adecuados para el momento evolutivo y la madurez de tu hijo. Te sorprenderá ver como en ocasiones no ha entendido el contenido de lo que ha visto, simplemente lo ha visto y quizá no estaba preparado para comprenderlo. Te darás cuenta de ello fácilmente si ves la tele a su lado. Aprovecha para ayudarle a comprender, hablando de lo que habéis visto juntos.

* Utiliza la televisión como excusa para introducir ciertos temas. Seguro que tus hijos ven algo que les parece nuevo (con respecto a la pareja, los amigos, las familias, la agresividad, …). Puedes preguntarle por su opinión, debatir al respecto si su edad lo permite o compartir la misma opinión, traerlo a la realidad que vivís (pues a un amigo mío le pasó eso…). La televisión también te ayudará a conocer cuáles son los temas más interesantes para tu hijo, puedes comprar un libro sobre ello, invitalé a dibujarlo en algún otro momento…

No permitas que la televisión dificulte la comunicación entre tu hijo y tú. En ocasiones, la tele, poco a poco, va reduciendo las necesidades de relacionarse con los demás. Esto se debe al hecho de que proporciona una falsa relación, con unos personajes desconocidos. Es por este motivo que el abuso de la televisión puede ser negativa para colectivos “interdependientes”, como son los niños o las personas mayores.

Pero sobretodo, recuerda que los niños necesitan de tus guías para comprender, elaborar e incorporar a su vida TODO lo que observan, escuchan, tocan y sienten. SIÉNTATE A SU LADO.

La vuelta al cole

Se acaban las vacaciones y llegan de nuevo las rutinas y los horarios. Nuestros hijos también sufren el síndrome postvacacional y tienen una época de mayor nerviosismo y ansiedad.

El reajuste supone un gran esfuerzo para ellos, pues se pasa de unos días de libertad, de ocio y diversión, a la responsabilidad, la rutina y el deber.

Se trata de un proceso natural de adaptación en el que podemos ayudar a nuestros hijos, pues no debemos olvidar que un buen comienzo es una de las claves para el éxito.

Aquí tenéis algunas pautas que podéis poner en práctica durante los días previos, para hacer a nuestros peques más fácil la vuelta al cole:
Recuérdale todo lo positivo que tiene la nueva etapa: Ver de nuevo a los amigos, libros nuevos, profesores nuevos, las extraescolares que tanto le gustan, más autonomía… Esto hace que no sienta el colegio como una carga y una pérdida de beneficios, sino que vea que también tiene su lado bueno.

Invítale a participar en la preparación escolar: que te acompañe a comprar el uniforme, los libros, que colabore en la limpieza de los materiales antiguos, forrar los libros… De esta manera despertaremos la curiosidad en nuestros hijos, y verá todo lo interesante que supone el nuevo curso.

Cambia los horarios paulatinamente: Algunos días antes, y poco a poco, ve levantando a tus hijos antes, prívales de la siesta que han estado disfrutando todo el verano y que se vayan a dormir en un horario menos flexible. Ve recuperando los horarios en las comidas, y sobretodo, los tiempo de ocio, que han de ir acortándose (la televisión, la videoconsola… deben poco a poco desaparecer). Esto hará que la entrada al colegio no provoque bruscamente un cambio en todas las rutinas.

Darles toda la información posible del primer día de clase: cómo se llama su profesora, con qué compañeros le ha tocado, dónde está su clase… Les ayudará a no sentir angustia con respecto a ese primer día.

Acompañarlo ese primer día de cole, para que se sientan protegidos ante los nuevos cambios.

Fijar el hábito de trabajo desde el principio: A pesar de que los primeros días no tendrá deberes, ya debemos dedicar un tiempo de concentración y hábito de estudio, para que sepan que el tiempo de vacaciones ha terminado.

Fomentar una buena comunicación con respecto al cambio, es decir, expresar nuestro propio “síndrome postvacacional” (siendo un buen ejemplo, con actitud positiva y afrontando la vuelta a la cotidianeidad) y por supuesto permitir que exprese sus sentimientos (temores, nervios…)

• Y, como siempre, fortalecer su autoestima: Necesitamos que nuestros hijos sepan cuánto les queremos en cada paso que dan. No olvides decirle lo orgullosos que estáis de que esté en un nuevo curso, de lo mucho que será capaz de aprender, transmitiéndole confianza y apoyo.

Este proceso dura aproximadamente una media de 2-3 semanas (será más largo para los más pequeños y más corto para los más mayores que ya conocen la dinámica). Pero no menospreciéis el trabajo de adaptación que tienen que hacer nuestros hijos. Sed pacientes y … disfrutad de que vuestros pequeños tengan nuevos retos “profesionales”.

La pirámide de los límites

En ocasiones pensamos que cuanto mayores sean nuestros hijos, más preocupaciones y por tanto, mayor será el número de límites que tendremos que ponerles.

Quizá os sorprenda saber que el número de límites y reglas es inversamente proporcional a número de años de nuestro hijo.

Es decir, los límites son mayores en número y más rígidos cuando nuestros hijos son pequeños, mientras que se irán haciendo más flexibles a medida que nuestros hijos crecen.

Lo difícil de esto es que, por lo general, las desobediencias de los hijos son mucho más angustiosas para nosotros según van siendo más mayores. El hecho de que nuestro hijo no comparta el cubo en el parque, que coma unos gusanitos justo antes de comer o simplemente que coja una rabieta en un comercio… no son situaciones de “peligro, amenaza o  preocupación”. Sin embargo, que no estudie, que quiera salir con sus amigos hasta las 12, que quiera fumar… Nos generan una gran PREOCUPACIÓN, una gran RESPONSABILIDAD, un gran MIEDO.

Es lógico que nos sintamos así, pero el objetivo de una familia es crear individuos independientes de la propia familia. Queremos que sean capaces de tener un trabajo, que tengan sus propios gustos, que elijan una pareja, o una forma de vivir en la que sean felices aunque no estemos nosotros a su lado.

Por ese motivo, la construcción de los límites debe ser piramidal. Es decir la cantidad de límites y de normas se construyen desde la infancia en forma de pirámide, entendiendo que la base es lo que sostiene y dará lugar a que nuestros hijos vayan eligiendo con criterio y autonomía, después de haber ido interiorizado todos nuestros valores a través de los límites y el afecto que les hemos ido dando como guías.

Poner límites con afecto, es el primer lenguaje de amor que tenemos con nuestros hijos. A mayor dependencia, mayor necesidad de contención, cuidado y protección, es decir, de límites.

Sin embargo, a medida que crecen, tendrán más necesidades individuales, mayor será nuestra negociación con ellos y más realistas tendremos que ser a la hora de ajustar esos límites.

Por eso no te sientas mal en prohibir ciertas cosas, en no tolerar otras y en no permitir que nuestros hijos siempre hagan lo que deseen, porque les estamos enseñando a interiorizar las reglas y las normas, a distinguir lo que está bien de lo que está mal, para que ellos puedan elegir correctamente el día de mañana.

La separación de la pareja

La separación de una pareja lleva implícito el cambio en la familia. Por ello debemos preparar a nuestros hijos para la nueva situación, tal y como lo haríamos ante un nuevo colegio o el nacimiento de un hermanito.

Actualmente el número de separaciones en las parejas ha aumentado. Los padres sienten la responsabilidad de cómo encajarán la noticia sus hijos y cómo reaccionarán ante el cambio. Sin embargo, las reacciones de los hijos estarán más relacionadas con las desavenencias entre los dos padres y con el papel que debe cumplir el niño como mediador entre ellos, que con el cambio real de las costumbres o rutinas diarias.

Por ese motivo, te damos unas pautas para ayudar a tu hijo y que ser “hijo de padres separados” influya lo menos posible en su desarrollo evolutivo y sea tan feliz como antes.

  • Debemos explicarle que la decisión de separarse es exclusivamente de la pareja. No tiene nada que ver con los hijos. No depende de que ellos se hayan portado mal, ni de nada que ellos hayan podido hacer.

  • Los padres se separan entre ellos, pero nunca se separan de los hijos. Ellos podrán seguir contando con ambos padres cuando lo necesiten y lo deseen. Lo ideal es que podáis incluir en las rutinas diarias o semanales la relación con ambos padres (que aunque no vivan con el padre, pueda ir a buscarle a fútbol los martes por la tarde y le lleve a casa).

  • Resaltar a los hijos que no sólo tienen el amor de los padres, también otras muchas personas les quieren (abuelos, tíos, profesores…)

  • A veces es bueno hacerles entender la separación con sus palabras. Por ejemplo, que papá y mamá ya no son “mejores amigos” aunque se siguen queriendo, tal y como tú haces con un compañero de colegio. Ese “quererse” debe ser real, es decir, podemos coincidir mínimamente o preguntarnos qué tal.

  • No olvidéis solucionar los puntos conflictivos de la pareja (dinero, nuevas parejas, repartición de bienes…) sin involucrar a los hijos.

  • Aunque tú creas que como pareja haya sido nefasta, para tu hijo es el único padre / madre que tiene. No trates de influir en su opinión ni de criticar su manera de hacer las cosas ante él. Habla de manera objetiva con respecto al otro para que el niño sienta respeto y aceptación.

  • No caigáis en la sobreprotección del hijo. Es un niño normal, y debe tener límites tal y como los tenía.

Las reacciones de los hijos, dependen en parte de la edad en la que suceda esta separación:

Cuanto más pequeños sean, menos comprensión y por tanto la manifestación del cambio y las reacciones son más inconscientes (dolores abdominales, retrocesos en procesos evolutivos como hacerse pis de nuevo, habar de forma infantil, miedo a la separación…). Pero también en esta edad hay más capacidad de adaptación y flexibilidad.

Cuanto más mayores sean, mayor cognición y búsqueda de explicaciones en las que aparecen los sentimientos de culpa. Hay reacciones más conscientes (lloran muy a menudo, negación y deseo de que los padres vuelvan a estar juntos, baja su rendimiento académico…). Pero también hay mayor sentimiento objetivo de mejora en la calidad de vida.

Pero sobretodo “estar disponibles para nuestros hijos”. Debemos saber que durante este proceso deben estar acompañados y deben sentir que pueden contar con nosotros para preguntar, para poder incluir en su discurso al padre que no está, para que se normalice la situación lo antes posible.

Sabemos que una separación es muy dura y que todo esto que te proponemos es muy difícil. La línea que separa el amor del odio es muy fina.Es importante encontrar espacios y lugares para expresar los sentimientos dejando fuera del campo de batalla a los niños.

Si estás en proceso de separarte… no olvides lo que debes poner en una balanza: a un lado el amor hacia tu hijo (que os une) y en el otro la rabia hacia tu expareja (que os desune). Qué pesa más?

Negociando con nuestro hijo adolescente

El arte de la negociación es un recurso imprescindible con hijos adolescentes.

Quien tiene hijos con edades comprendidas entre los 12 y 18 años, sabe que continuamente tenemos que llegar a acuerdos con ellos para conseguir que realicen las tareas cotidianas del día a día. Negociar se convierte en esencial para establecer reglas o límites con la comunicación como herramienta fundamental.

La negociación, por definición, exige concesiones de ambas partes, padres e hijo deben escucharse, respetarse y expresar sus intereses, pero sobre todo estar dispuestos a comprometerse con lo negociado. En ocasiones pensamos que son los adolescentes los que deben amoldarse a nuestra forma de vivir, a nuestros requisitos o exigencias y olvidamos que empiezan a ser individuos independientes de nosotros que tienen necesidades propias.

Debe quedar claro que la autoridad sigue siendo de los padres, al igual las cuestiones innegociables. Sin embargo, las reglas deben modificarse en función de la edad de los hijos, deben ir siendo más flexibles y las concesiones cada vez mayores. De esta manera, el adolescente siente que los padres también ceden, que es escuchad y, que es comprendido.

Es mediante una comunicación activa y constante, como conseguimos que la negociación tenga éxito, pero no debemos olvidar las bases de la negociación para la resolución de conflictos:

  • Los padres deben expresar de forma clara qué reglas son innegociables. Esto sigue siendo fundamental para dar la autoridad a quien le pertenece y para que no haya dificultad a la hora de entender lo que es la negociación. Sigue habiendo límites.

  • Las normas a negociar deben ser realistas, posibles de cumplir, claras y consistentes. Deben basarse en conductas concretas en las que se especifiquen todos los datos posibles: la frecuencia, la duración, el lugar a realizarla…

  • Escuchar las alegaciones de los hijos, empatizar con ellos por el malestar ante la norma, aceptar sus sentimientos.

  • Sugerir un acuerdo para realizar esa tarea a negociar en el que haya acto y consecuencia.

  • Que ambas partes acepten el compromiso del acuerdo. Podemos poner  el acuerdo por escrito, ya que la posibilidad de leerlo y se firmarlo ayuda a sentir como válido el acuerdo, a respetar la decisión tomada y a cumplir la tarea negociada.

  • Que ambas partes sean consecuentes con las conductas y las consecuencias que se han negociado, sin excusas. La firmeza de las normas y las consecuencias es uno de los pilares básicos de la negociación.

Con la negociación ayudamos a nuestros hijos en su desarrollo social, les damos las herramientas para comprender y manejar su propia agresividad, para aumentar la tolerancia a la frustración, para aumentar su empatía con respecto a los otros y para salir del egocentrismo en el que están inmersos por ser adolescentes, para poner en práctica la comunicación activa y asertiva con los demás.

No debemos olvidar que la última finalidad de la educación es que los hijos sean autónomos e independientes del núcleo familiar, por eso, debemos esforzarnos en permitir que nuestros hijos crezcan y ayudarles a ello, aunque a veces duela.

¿Cómo despedirnos de un hijo antes de conocerle?

Aproximadamente el 25% de los embarazos se pierden, es decir 1 de cada 4 embarazos no llega a término. Sin embargo, a pesar lo de frecuente, es un tema tabú del que no se habla.

Los hospitales no tienen protocolos adecuados para estas situaciones, y los familiares y amigos no saben cómo actuar ante esa pareja que aunque no vaya a tener un hijo, ya son padres para toda la vida.

El hecho de perder un hijo durante el embarazo, ya sea una pérdida voluntaria o natural y con independencia de las semanas de gestación, requiere un proceso de duelo, pues una parte del hijo que se estaba gestando ya había nacido.

En el embarazo, van creciendo dos hijos de forma paralela:

-  El feto real que crece en el vientre de la madre.

- El hijo ideal que crece en la cabeza de sus padres y familiares.  Éstos van imaginando y fantaseando cómo será ese bebé desde el momento de la concepción.

En el aborto espontáneo, los padres ya han construido unas expectativas de cómo será su hijo. Quizá le han puesto nombre, o quizá le han buscado durante mucho tiempo, o es posible que ese bebé viniese para acompañar a un hermanito…. Es decir, ya hay muchas fantasías que le incluyen.

Cuando es un aborto inducido, los padres igualmente construyen a ese bebé en su cabeza. Para poder tomar la decisión de abortar han tenido que hacerse cargo de su condición de padres y por tanto de la existencia de un hijo.

Ambas circunstancias duelen. Y este dolor no está socialmente acogido.

Los médicos  indican en el mismo momento de la pérdida espontánea que esperes un par de meses para regular tu cuerpo y vuelvas a intentarlo un poco más adelante. Los familiares y amigos insisten en que “ya tendrás otro”.  No tienen en cuenta que se necesita un cuidado emocional y de contención para esos padres que pueden tener otro hijo, pero no ese hijo.

Es habitual pensar que si alguien no puede o no quiere tener un hijo en ese momento, y decide voluntariamente interrumpir el embarazo, no sufre por ello. Aunque estés convencido de que sólo son unas células, el hijo que has creado en tu cabeza, el que te has imaginado, ese es real y el que te duele perder.

Poco a poco se está empezado a dar cabida a este dolor, y en este momento, hay profesionales y grupos de apoyo que ayudan en esta situación tan dura.

Algo que nos puede ayudar es despedirnos de nuestro hijo no nacido. Cada persona tiene que encontrar su manera de hacerlo. Algunos ejemplos de esto son escribirle una carta, hacer una caja especial con los preparativos del embarazo, realizar un vídeo en honor al bebé con la historia y lo que fuimos haciendo para recibirle…. Lo importante es darle el lugar que merece en la familia, agradecerle lo que nos dió y decirle adiós.

Si te encuentras en esta situación date un tiempo y un espacio para reflexionar sobre ti mismo y para cuidarte.