La violencia nos afecta a todos

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Y no podemos (ni debemos) quedarnos de brazos cruzados. Este asunto lo vamos a tener que ir resolviendo con la colaboración de todos.

Empecemos definiendo. ¿Por qué violencia de género? Se denomina así a la violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer, considerándola inferior o débil. Digamos, que parte de una discriminación y un sexismo y que por eso recibe un nombre diferente.

¿Y cómo afecta la violencia de género a los más pequeños? Como observadores, son víctimas directas. Aunque a veces podamos pensar que si no reciben ellos el golpe o el insulto no están siendo afectados, en realidad están expuestos a unas experiencias nocivas para su propio bienestar.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Que los hijos están sufriendo las consecuencias, lo podemos observar en su comportamiento. Para los peques suele haber dos polos por los que pueden moverse: el comportamiento agresivo ante todo y ante todos, sin motivo aparente (porque no ha aprendido a enfrentarse a los problemas y las discusiones de una manera sana y constructiva) o por el contrario, por la más absoluta sensación de indefensión. Y pueden incluso aparecer ambas cosas a la vez, según el momento o la persona con la que estén hablando y el trato que estén recibiendo. Digamos que tienen los dos modelos en casa y es una situación que ellos al principio pueden llegar a normalizar porque no conocen otra cosa (“pues será que los papás pegan a las mamás“), de modo que a veces se comportarán de una manera o de otra.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. En los últimos años está habiendo un crecimiento enorme en las adolescentes que empiezan a tener relaciones sentimentales potencialmente maltratadoras. El control (exacerbado con los móviles y las redes sociales), el aislamiento y la presión psicológica a las que les someten suelen ser los primeros pasos. Pero no está tan lejos de la agresión física como podemos imaginar. Tenemos que hacerles ver desde pequeñas que ciertas cosas no son amor, que ellas valen por sí mismas, sin importar la persona que tienen al lado.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Porque quienes están alrededor, también están perdiendo. Un paso muy habitual para los agresores es el aislamiento de las víctimas, alejarles poco a poco de su familia y amigos, que sufren esa distancia e impotencia desde fuera. Aunque lejos y en la sombra, tienen que estar preparados para actuar cuando la víctima decida pedir ayuda.

Las víctimas de la violencia de género somos todos. Socialmente nos afecta, nos remueve y nos revuelve contra estos comportamientos. Debemos actuar con el ejemplo, educar en la no violencia, sea hacia quien sea.

Las víctimas de la violencia de género somos todos, sí… Pero si tú eres una víctima directa, no olvides que de esto se puede salir. No va a ser fácil, pero merece la pena salvaros todos.

La relación entre familia y colegio: ¡fundamental!

La familia y el colegio, son los dos contextos más importantes en el desarrollo de nuestros hijos, a veces durante los primeros años son incluso los únicos.

La educación de nuestros hijos es, en muchas ocasiones, una tarea compartida y la influencia de ambos contextos aumentará si entre estos dos sistemas se establecen relaciones fluidas, complementarias, cordiales y constructivas que tengan como objeto ayudar en el desarrollo infantil.

La relación de colaboración es posible. Cuanto más claros sean los roles y las responsabilidades de cada contexto más fácil será para nosotros respetarlos. Debemos recordar que ya hemos elegido un buen colegio, así que debemos depositar nuestra confianza en el saber profesional de los profesores, sin criticar ni desconfiar.

Igualmente debemos pedir que los profesores reconozcan a la familia como primeros educadores, con sus criterios de educación, sus diferencias y sus características.

Lo ideal es que las relaciones entre padres y maestros sean cordiales y amistosas, para así llegar a acuerdos en cuanto a objetivos y trato con los pequeños.

Si conseguimos esta buena relación, y generamos un buen clima de confianza entre todos, ayudamos a nuestros niños y niñas a aumentar sus sentimientos de seguridad y motivación hacia el aprendizaje y sobre todo mantenemos y respetamos las figuras de autoridad en todos los ámbitos ayudando a nuestros hijos.

De esta manera los niños son conscientes de la preocupación y la labor educativa que realizan sus padres y maestros.

Remar barcoNo debemos olvidar que somos del mismo equipo, que todos remamos en el mismo barco y que lo que pretendemos es construir niños felices, que disfruten de su infancia y que lleguen a ser personas adultas e independientes. Remando en una misma dirección y con el mismo empeño llegaremos a buen puerto.

¡Feliz Día del Docente!

El instinto maternal en el parto

Es verdad que estamos en una sociedad del siglo XXI, medicalizada en muchos aspectos, y el parto sin duda es uno de ellos.

A pesar de acudir a hospitales que dicen tener en cuenta a la MAMÁ y a sus decisiones, no siempre podemos conseguirlo.

Quizá por prevención, quizá por asegurarnos un parto en el que el bebé nazca sin problemas, quizá por nuestros miedos e incluso quizá por las prisas de todos (que también llegan hasta los quirófanos), a veces somos empujadas a vivir una experiencia de parto que no tiene muy en cuenta a la propia mamá y al propio bebé, y mucho menos a los tiempos propios de este proceso de la naturaleza.

¿Qué podemos hacer en las ocasiones en las que no nos escuchan ni nos ven, porque hay prioridades médicas?, ¿qué debemos hacer con nuestras necesidades y nuestros instintos? Es una buena pregunta, pero de muy difícil respuesta.

Sin embargo, aunque no podamos imponer nuestro instinto siempre debemos ESCUCHARLO.

instinto piesDesde GADEPSI creemos que el instinto maternal es fundamental para que un bebé se sienta protegido y para que la mamá se sienta dueña de su nuevo rol.

Os invitamos a dar la bienvenida a todas aquellas sensaciones propias del hecho de haberse convertido en MAMÁ, tendremos ganas de proteger a nuestro bebé y aflorarán sentimientos de rabia, de tristeza, de culpa… por las situaciones que no podamos controlar. No os preocupéis, es normal.

Os animamos a decir todo aquello que sentís, y todo lo que creéis que necesitáis, no sólo para proteger a vuestro bebé, sino también a vosotras mismas. A doctores y matronas, a enfermeras y familiares… todos pueden escuchar vuestras inquietudes, vuestros temores y vuestra ilusión.

Decir aquello con lo que no estáis de acuerdo ayudará a manejar la ansiedad de esos primeros momentos. Preguntar lo que no entendéis, o sentiros en el derecho de opinar, aunque vuestra opinión no sea profesional. No dudéis en comunicar a vuestra pareja aquello que deseáis con respecto a vosotras y a vuestro nuevo hijo.

Y sobre todo, no olvidéis que aunque estéis un poco nerviosas y perdidas… sois la que más conoce a vuestro bebé, sólo tenemos que escucharle.

¡Socorro!

Hoy es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, un día para concienciar sobre el suicidio y promover la ayuda. El lema de este año es “Prevenir el Suicidio: Tender la mano y salvar vidas”. Y desde Gadepsi hemos pensado, ¿cómo no íbamos a querer tender la mano a las personas que más queremos?

Porque el suicidio cada año tiene cifras mayores, sobre todo entre adolescentes; por ejemplo, en 2012 se registraron más de 800 suicidios en adolescentes de entre 15 y 19 años (y subrayo lo de se registraron: quizás el número sea mayor, pero todavía hay mucho estigma al respecto y no siempre se contabiliza como suicidio una muerte en circunstancias extrañas). Y a esto hay que ponerle freno.

Empecemos por el porqué. Hay quienes piensan que el suicidio (o el intento) es una simple llamada de atención por parte del adolescente, que sólo quiere que le hagamos más caso. Corrijamos: se trata de una llamada de auxilio, nos está pidiendo ayuda con esta amenaza porque no sabe gestionar la situación de otra manera. Y sí, quizá pasa por hacerles más caso, pero no en el “hacer lo que ellos quieran”. A veces basta con preguntar, interesarse, escuchar; intentar entender por qué está tan triste últimamente.

También está qué podemos hacer como padres. Siempre que sepamos de una situación en la que el menor está pasando una mala racha, hay cosas que podemos hacer por ellos. Lo primero, interesarnos por su vida y su situación, hacerles sentir que no están solos. Pero ¡ah! Es que a veces sí están solos. A veces han sufrido una pérdida o un conflicto con los amigos que puede hacer que lo vean todo más negro aún. Con nuestra presencia, les tenemos que conectar a la vida. Hay que luchar contra su aislamiento si es que lo hay, hacerles sentir que no están solos aunque piensen que sí (recordemos que en la adolescencia, todo es blanco o negro, no hay un gris de “medio solo, medio acompañado”).

Otro apartado importante: cómo ayudarles. Piensa que se trata de una situación en la que la persona está muy vulnerable, tanto como para decidir que la muerte es la mejor solución. Su autoestima está por los suelos, de manera que tenemos que intentar elevarla, darles mensajes de cariño y apoyo, porque para infravalorarse ya están ellos. Por ejemplo, si realmente nos reconoce que está pensándolo o ya lo ha intentado, a lo mejor nuestra inmediata es: “¡Pero qué dices! ¡Es que no se te ocurren más que tonterías, verás cuando se lo cuente a […]!”. Sabemos que es difícil a lo mejor controlar el shock de una noticia como ésta, pero en ese momento, lo que le llega a esa persona que lo está pasando mal es: “No se lo debería haber contado, no me va a guardar el secreto, tiene razón, soy tonto… no hago más que estorbar” y ha vuelto sin darse cuenta a su idea inicial.

Por eso, lo que debemos hacer es acercarnos a ellos con cariño, ofrecerles nuestra ayuda y colaboración para conseguir que deje de sentirse de esa forma, no quitarle importancia al origen de las ideas suicidas (si a ellos les importa, tienen un valor que no podemos desmontar con un simple pero no pienses eso, si ya ves tú qué tontería).

Y es importante que encuentren una figura de apoyo en la que confiar. A veces como padres nos costará pensar que esa figura no somos nosotros, pero hay que ofrecerle alternativas: piensa que si le ayudas a ayudarse, ya le estás cuidando. Podemos proponerle que hable con algún familiar con el que sepamos que se lleva muy bien (preferiblemente mayor que ellos) y que vaya a saber soportar esta información; alguna amistad que vaya a ser de ayuda y que cuide a nuestro hijo; y, si lo consideramos oportuno, un profesional que pueda ayudaros a todos: a la persona en riesgo de suicidio a mejorar y a nosotros a encajar una situación tan difícil.

Pero todo se resume en una actitud de apoyo al menor. Tiene que saber que puede contar contigo, que vas a luchar por su vida cuando él o ella dejen de luchar, que vas a cogerles de la mano si tropiezan. Recuerda: ¡tender la mano y salvar vidas!

Aprender a ser padres siendo equipo

La llegada de un bebé a una familia revoluciona por completo la casa. Empezando por el orden, que tardamos unos días en habituarnos a tanto espacio para pañales, calcetines y biberones, y terminando por la necesidad de reorganizar nuestros horarios y nuestros tiempos.

Pero lo más importante que tenemos que organizar, por encima de buscar una balda para los diminutos calcetines e incluso más que estructurar nuestros horarios para no notar tanto la falta de sueño, es formar equipo con mi pareja para enfrentarnos juntos a lo que hemos empezado: una vida como padres.

Dos para unoHasta ahora, cada uno podía tener formas diferentes de hacer las cosas y se podían resolver las dificultades más fácilmente. Pero si somos padres en pareja, tendremos que negociar mucho a partir de ahora, intentando mantener una visión y un objetivo común, para que este primer hijo y los que le puedan seguir nos vean como un fuerte unido.

Además, hay una variable a tener en cuenta: las familias de origen de cada uno. Al fin y al cabo, el ejemplo más cercano de cómo se es padre y madre lo hemos tenido en nuestra familia a medida que crecíamos y puede ser que nuestra pareja no haya vivido lo mismo. O, incluso, que habiendo tenido un modelo parecido de educación, a uno de nosotros nos parezca un ejemplo a seguir mientras que el otro lo ve como algo que no quiere para sus hijos. ¿Qué hacer entonces?

Lo primero que tenemos que hacer es mantener en mente que ese tipo de educación no ha funcionado tan mal como yo puedo pensar: al fin y al cabo, ha dado lugar a la persona que es mi pareja hoy en día, una persona que ha conseguido enamorarme y de la que me gustan muchas cosas. Así, aunque de primeras no confíe mucho en las técnicas que propone mi pareja, es bueno mantener en las ocasiones en que me toque ceder la fe en que puede funcionar esta otra forma de hacer las cosas.

Y es que habrá que hablar mucho, mucho en la pareja sobre la educación de los pequeños de la casa, porque tendremos que intentar estar de acuerdo en casi todo (o acercar posturas lo máximo posible), porque la meta es la misma: que el bebé crezca feliz y sintiéndose querido hasta convertirse en una buena persona.

Por cierto, ya que hablamos de la familia política, tenemos que mantener en mente que son personas importantes en la vida de nuestros hijos, de manera que cuanto mejor sea nuestra relación con ellos, mejor para el funcionamiento de la familia en general. Para ello, una de las cosas que debemos hacer es que, a la hora de confrontar o ponerles límites, sea cada uno con su propia pareja. Es decir, siempre será mejor que yo como hija o hermana hable con mis padres y hermanos de lo que quiero para mis hijos, a que mi pareja tenga que enfrentarse a los suegros y cuñados.

Recuerda que cuanto más claras sean las cosas para tu hijo o hija, más entenderá cómo funciona todo a su alrededor. Es de vital importancia que entre esas cosas esté lo que los padres y madres les vamos a dar: que se sientan seguros y protegidos con ambos progenitores, que sepan que pueden confiar en cualquiera de los dos y que las recompensas y los castigos lleguen siempre por las mismas cosas, pues puede resultarles caótico no saber a qué normas atenerse, creando la creencia de que nunca se sabe qué va a pasar.

Juntos, como equipo, podremos garantizar a nuestros peques qué va a pasar y cómo funciona el mundo.

Escríbeme un WhatsApp

Es difícil saber cuál es el momento idóneo para tener un móvil. Pero es que además, hoy en día, lo que nos piden nuestros hijos no es un móvil con el que llamar en caso de que ocurra una emergencia, sino un Smartphone con el que tienen acceso a miles de cosas, lo que aumenta la dificultad de la decisión. Por eso, una vez que lo hayamos decidido, debemos enseñarles a hacer un buen uso de todas las aplicaciones que se descarguen.

Por ejemplo, el WhatsApp (Viber, Line, etc.) es una de las aplicaciones más utilizadas para chatear. Pueden estar en contacto constante con todos sus contactos: hablar, enviar imágenes, vídeos… Que se pueden quedar ellos para siempre.

Está claro que conocemos a las personas a las que vamos a enviar fotos nuestras, pero, sin quererlo, una foto puede dar muchas vueltas y puede acabar siendo utilizada para algo que el adolescente no imaginaba cuando envió esa fotografía o la puso de perfil. Por eso, tenemos que enseñarles a elegir bien la información que se da porque queda escrito, lo que tiene ventajas e inconvenientes:

  • Ventajas: el contenido es más meditado y trabajado: hemos tenido que buscar el chat de la persona, se piensa qué decir, se escribe, se envía…
  • Inconvenientes: la información es tangible y verificable, todo lo escrito queda ahí hasta que alguien elimine el chat. Además, todo el proceso de escribirlo lleva un mayor consumo de tiempo que decirlo cara a cara y no tienes las reacciones del otro como retroalimentación para la conversación. Para combatir la falta de comunicación no verbal, se pueden utilizar los distintos emoticones (los dibujos que imitan expresiones faciales con signos escritos), pero no siempre las palabras tienen el mismo efecto, porque hay una parte en nuestra lectura que parte de la interpretación (el tono que le queramos poner, por ejemplo).

Por eso, aunque parezca una enorme ventaja contar con estas aplicaciones para mantener el contacto con las personas de nuestro círculo de amigos, no hay que eliminar la importancia de los encuentros cara a cara. Debemos inculcar a nuestros hijos (¡y aprender nosotros!) que en ningún momento las redes sociales son un sustituto para las amistades y relaciones “en directo”, que deben seguir buscando el momento para estar con ellos y disfrutar de su compañía.

Escríbeme un WhatsApp (Principito)Para ello, como con todo, el ejemplo que les demos es la mejor arma, y nuestros hijos tienen que ver que nosotros seguimos prefiriendo llamar a un amigo o familiar que vive lejos de vez en cuando para mantener el contacto (aunque también utilicemos los chats para contarnos otras cosas); podemos poner normas de “no móvil” cuando se está en reuniones familiares o cuando estamos con amigos, porque el tiempo que nos estamos dedicando mutuamente será más rico si todos estamos pendientes de la conversación y no del pitido del teléfono; podemos decirles que nos manden un WhatsApp si van a llegar tarde a casa, pero si tenemos que hablar con ellos sobre ello lo haremos en persona cuando llegue a casa.

En definitiva, tenemos que enseñarles a valorar las cosas buenas de la inmediatez de Internet en nuestro bolsillo, pero también a valorar una conversación cara a cara.

“Un amigo que vive dentro de mí”

Aunque no lo creamos, es muy habitual que nuestros hijos desarrollen en algún momento un amigo imaginario (hay estudios que confirman que entre un 50 y un 60% tienen uno al menos una vez durante su infancia). Puede surgir a los 2-3 años, cuando empiezan a tener un círculo social, pero tampoco es raro que aparezca más adelante, a los diez años.

Una publicación de 1934 (Svendsen) ya hablaba de los amigos imaginarios y los definía como “un personaje invisible, al que se nombra y se hace referencia en conversaciones con otras personas o con el que se juega […] y que tiene un aire de realidad para el niño”. Históricamente se ha asociado la presencia de ese amigo invisible a problemas de relación del pequeño, como que no supiera socializar o que fuera una figura de protección con la que compartir los problemas; sin embargo, es una cosa muy común que puede formar parte de su proceso evolutivo. También hay estudios que consideran que es el primer paso hacia la independencia del niño: una figura lo bastante cercana a mí pero que no son mis padres y por lo tanto puedo hacer cosas nuevas porque sí cuento con la “protección” de alguien.

pizarra sueloEn general, podría decirse que los amigos invisibles surgen en un momento de soledad o de inseguridad, aunque sea puntual: el niño o la niña puede estar jugando a solas en la habitación e imaginarse que juega con otro; y luego esa figura puede que se quede más tiempo.

Pero… ¿cómo nos comportamos alrededor de este nuevo amigo? Porque para los adultos resulta mucho menos natural de lo que es para los niños. También es verdad que los pequeños no siempre hablan de ello con naturalidad porque en cierto modo les da vergüenza, pero lo que debemos tener en cuenta es que, sea por el motivo que sea, para nuestro hijo o hija se trata de un personaje importante en ese momento de su vida, de manera que no lo podemos deconstruir a la primera de cambio.

Por eso, lo mejor es que le tratemos de la misma forma que le trata el niño pero quitándole la importancia que éste le da. Por ejemplo, en caso de que nuestro hijo insista en que pongamos un cubierto para su amigo imaginario en la mesa, en lugar de decirle enfadados que eso es una tontería y que no existe, podemos intentar convencerle de que ahora no va a comer con nosotros: “ya ha comido antes”, “seguramente no le gusta lo que hemos preparado hoy y como no es mi hijo, no le puedo insistir”, “mejor comemos nosotros primero y que tu amigo siga jugando”, etcétera. De esta manera, estamos estableciendo unos límites (que el amigo imaginario no puede hacerlo todo con nosotros) pero estamos dándole tiempo a nuestro hijo para que resuelva aquello para lo que ha surgido este personaje.

En cualquier caso, si notáis que lo que está pasando os preocupa porque no veis que sea una situación habitual u os preocupa la conducta del pequeño, ya sabéis que podéis dejarnos un comentario o escribirnos a info@gadepsi.com. Si no, en Gadepsi (www.gadepsi.com) estamos disponibles para cualquier consulta, tanto con el peque como con vosotros los padres, para daros las herramientas necesarias para manejar esta situación.

Trabajar en Navidad

En estas fechas, se juntan muchas emociones y a veces no sabemos muy bien cómo administrarlas o gestionarlas: los peques nerviosos por la llegada de los Reyes y Papá Noel (y también nosotros, por aquello de decirles bien qué es lo que tienen que traer), los mayores ajetreados con todo lo que hay que organizar, el tener que hacer números porque es una época con mucho gasto, la tristeza de los que no están…

Por eso vamos a dedicar esta época y varios posts a hablar de todos estos temas en relación a los más pequeños de la casa.

Hoy escribimos sobre el tiempo que los navidad-y-deberespequeños pasan en casa en este periodo sin clase y sobre la forma de que no se desconecten del todo de su rutina: ¿cómo podemos gestionar el tiempo libre?

Para empezar, debemos tener en cuenta que no es un periodo tan largo como las vacaciones de verano, así que hay que reservar un rato cada día en el que mantener los estudios y sus obligaciones del colegio. No tiene por qué ser una dedicación muy extrema, siempre algo teniendo en cuenta su edad y su nivel de conocimiento:

  • Para los más pequeños puede reducirse a un rato de pintar, para que haya un tiempo de estar sentado prestado atención a una actividad similar a las fichas que hacen en la guarde o en el cole diariamente.
  • Si ya empiezan a leer y escribir, tener la costumbre de que lean y escriban unas letras o palabras cada día.
  • Cuando van creciendo, es habitual que les manden un libro para leer durante este periodo o que tengan un trabajo a entregar. Concretar esa lectura en un capítulo o el número de páginas al día que leerán.
  • Los más mayores de la casa a lo mejor tienen deberes o incluso un examen en cuanto vuelvan a la rutina del colegio. Con ellos hay que acordar tiempos para trabajar un poco cada día, transmitiéndoles que así no tendrán que estudiarlo todo el último día y podrán disfrutar más el 7 de enero de los posibles regalos de Reyes.

En cualquier caso, esto es solo una orientación, también hay que saber adaptarlo a las fiestas y a los días de descanso, porque está claro que las vacaciones también están para pasarlo bien: hacer planes en familia, aprovechar para visitar a viejas amistades o a familiares a los que no se ve con mucha frecuencia, dormir un poco más si con la emoción navideña nos hemos acostado algo más tarde de lo habitual…

A lo mejor no podemos pasar todo el tiempo que querríamos con ellos porque las vacaciones de los adultos no siempre son tan largas como las suyas, pero si nos organizamos podemos hacer cosas extraordinarias de las que disfruten mucho (reservando, por supuesto, un rato para los nuevos juguetes que hayan traído Papá Noel o los Reyes Magos).

Aprovechamos para desearos desde Gadepsi una FELIZ NAVIDAD. Ojalá que los días de fiesta hayan sido estupendos para pequeños y mayores.

El bullying: cuando el colegio no parece un sitio seguro

Todos oímos hablar del bullying, pero ¿qué es realmente? Se entiende por bullying cualquier tipo de abuso que tenga lugar en el ámbito escolar: motes ofensivos, empujones, risas, humillaciones… y, por supuesto, esto también comprende agresiones físicas.

bullying

Ahora es cuando pensamos en aquel compañero que tuvimos de pequeños o que vemos ahora en la clase de nuestros hijos, el que es centro de todas las burlas (incluso a lo mejor estamos recordando un momento en que nosotros participamos de esas burlas). Puede parecer exagerado que tachemos de bullying  una situación que no tuvo más importancia porque se dio uno o dos días pero al día siguiente todo volvió a la normalidad.

Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños o que no tiene más importancia, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.

  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es víctima de bullying? Notaremos cosas como ansiedad ante el colegio, absentismo (pellas, cuando normalmente no las hacía), referencias a que no tiene muchos amigos o ha perdido los que ya tenía, miedo y nervios por todo lo relacionado con el centro escolar, cambios en el rendimiento escolar, secretismo y marcas o heridas injustificadas (o con una justificación poco creíble).Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.
  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es el que hace bullying? Es mucho más difícil, pues incluye una parte de ver que nuestro hijo hace algo malo a otro (¡OJO! que haga algo malo no quiere decir que nuestro hijo sea malo). Podemos ver cambios en que se ríe mucho de los compañeros o que les pone motes (debemos prestar atención a si son motes cariñosos, como podría ser llamar a un amigo por su apellido o una característica de la que se sienta orgulloso, o por el contrario son motes insultantes y ofensivos), que tiene cosas que no son suyas o que tenga dinero que no le hemos dado. Además, no suele ser una conducta única del colegio, sino que podremos ver que con otros iguales (amigos del barrio, hermanos, primos…) también suele ponerse en una posición superior.

Ante un indicio de bullying, sea por el lado que sea, lo que debemos hacer es mostrarnos empáticos y comprensivos con nuestro hijo: no empezar la conversación con una bronca, porque eso hará que no reconozca lo que está ocurriendo. Además, debemos mantener un poco la calma, para no activar las alarmas sin motivo y actuar solo si de verdad algo está ocurriendo (pues tampoco queremos sobreproteger a un niño que no es víctima ni convertir en verdugo a otro).

Lo primero a tener en cuenta en estas situaciones es que tenemos que preguntar sin dar la respuesta, es decir, siempre será preferible hacer preguntas abiertas y que el niño dé una respuesta innata de lo que está viviendo a que se adapte a nuestra manera de preguntarlo:

  • ¿Hay algún compañero con quien no te lleves bien? mejor que Ha sido esa pandilla, ¿verdad?
  • ¿Cómo has comprado eso? mejor que Llevabas dinero, ¿no? ¡No se lo habrás quitado a alguien!
  • ¿Se lo has contado a alguien aparte de a mí? mejor que ¡Habérselo dicho a los profesores y que les regañara!
  • ¿Y ese moratón? ¿Qué te ha pasado? mejor que ¿A que te han pegado?

Cuando estén confirmados los indicios,debemos notificarlo al colegio para que pongan en marcha el procedimiento que siguen en estos casos, el cual estará recogido en los protocolos del centro. Sin embargo, nuestra labor como padres en el tema del bullying no acaba ahí: en casa debemos fortalecer a nuestro hijo. Fortalecer su autoestima, hacerle sentir valioso y querido. Debemos potenciar sus amistades sanas y enseñarle a pedir ayuda cuando la necesite, a nosotros o a los profesores cuando esté en el colegio. Tenemos que potenciar que hable sobre sus problemas, para poder enterarnos (y solucionar después) de lo que ocurra en el colegio si la situación no mejora.

Lo más importante es transmitir el mensaje de que nadie tiene derecho a pegar a otro por nada de lo que haga y enseñar a valorar las diferencias individuales de cada uno, en lugar de utilizarlas como insultos.

Mamá, Papá… Quiero tener mi propio “Perfil”

La adolescencia es una etapa en la que los hijos buscan su propia identidad e intentan acercarse más a sus iguales. Y, hoy en día, las redes sociales son una manera accesible y fácil que tienen para ello.

No nos debe asustar que nuestros hijos tengan una cuenta de tuenti, de Facebook, de twitter… Pero sí debemos transmitirles la importancia que puede llegar a tener. En la naturaleza de los adolescentes está el no ser capaces de adelantar las consecuencias de la manera en que hacemos los adultos, por eso tenemos que prestarles nuestra visión de las cosas.

adolescencia y redes sociales (vida en la red)

En algún momento el adolescente se planteará tener una cuenta en una red social (por los amigos, porque en el colegio se habla de ello), así que hay que ir teniendo presente esa posibilidad y hablar de ello con naturalidad:

  • ¿Alguno de tus compañeros ya tiene tuenti?
  • ¿En el colegio/instituto os han hablado de las redes sociales?

Si como padres tenemos una propia cuenta, puede ser una buena oportunidad para hacerle comentarios al respecto, por ejemplo, con la foto elegida para ser la foto de perfil: “Pues no sé cuál ponerme, porque al final es la que ve todo el mundo y no sé si me debería presentar así. ¿Me ayudas a elegir una?”. De esta manera, no solo le damos importancia a esa primera impresión, sino que además estamos haciéndole cómplice en algo que para nuestro hijo va a ser importante.

Primero tenemos que informarnos un poco de qué cuenta es la que se está pensando abrir, con quién quiere hablar, por qué la quiere ahora… Para conocer de qué manera funciona y cómo podemos ayudarle a hacer un buen uso de la misma.

Una vez que tengan una cuenta, debemos repasar con ellos los ajustes de Privacidad: “no voy a cotillear las fotos ni los comentarios, pero si te parece podemos ver juntos los ajustes de tu perfil”. Repasando cada punto con ellos y dando en voz alta los motivos por lo que marcamos determinada opción, les planteamos posibilidades: “Aquí marcamos que solo tus contactos puedan ver tu tablón/tu muro, que está bien porque en realidad tampoco hace falta que se entere todo el mundo de tus cosas, ¿no?”.

Sabemos que va a querer subir determinadas fotos y podemos incluir con normalidad esa posibilidad en las conversaciones familiares:

  • “Mira, esa foto que tienes en el corcho con tus amigos es muy bonita. ¿La has subido también a tuenti?”
  • Cuando dos hijos/primos ya tengan una cuenta: “Podrías subir esa foto con tu prima, pero ésta no, que sale tu hermano pequeño… y él no tiene tuenti como tú, si quiere subirla en un futuro ya lo hará él”

La idea es hacerles celosos de su intimidad, que sepan que hay muchísimas cosas que pueden compartir con sus amigos y contactos, pero que en la red hay otras muchas que no controlamos y que tenemos que mantener guardadas para nosotros.