El instinto maternal en el parto

Es verdad que estamos en una sociedad del siglo XXI, medicalizada en muchos aspectos, y el parto sin duda es uno de ellos.

A pesar de acudir a hospitales que dicen tener en cuenta a la MAMÁ y a sus decisiones, no siempre podemos conseguirlo.

Quizá por prevención, quizá por asegurarnos un parto en el que el bebé nazca sin problemas, quizá por nuestros miedos e incluso quizá por las prisas de todos (que también llegan hasta los quirófanos), a veces somos empujadas a vivir una experiencia de parto que no tiene muy en cuenta a la propia mamá y al propio bebé, y mucho menos a los tiempos propios de este proceso de la naturaleza.

¿Qué podemos hacer en las ocasiones en las que no nos escuchan ni nos ven, porque hay prioridades médicas?, ¿qué debemos hacer con nuestras necesidades y nuestros instintos? Es una buena pregunta, pero de muy difícil respuesta.

Sin embargo, aunque no podamos imponer nuestro instinto siempre debemos ESCUCHARLO.

instinto piesDesde GADEPSI creemos que el instinto maternal es fundamental para que un bebé se sienta protegido y para que la mamá se sienta dueña de su nuevo rol.

Os invitamos a dar la bienvenida a todas aquellas sensaciones propias del hecho de haberse convertido en MAMÁ, tendremos ganas de proteger a nuestro bebé y aflorarán sentimientos de rabia, de tristeza, de culpa… por las situaciones que no podamos controlar. No os preocupéis, es normal.

Os animamos a decir todo aquello que sentís, y todo lo que creéis que necesitáis, no sólo para proteger a vuestro bebé, sino también a vosotras mismas. A doctores y matronas, a enfermeras y familiares… todos pueden escuchar vuestras inquietudes, vuestros temores y vuestra ilusión.

Decir aquello con lo que no estáis de acuerdo ayudará a manejar la ansiedad de esos primeros momentos. Preguntar lo que no entendéis, o sentiros en el derecho de opinar, aunque vuestra opinión no sea profesional. No dudéis en comunicar a vuestra pareja aquello que deseáis con respecto a vosotras y a vuestro nuevo hijo.

Y sobre todo, no olvidéis que aunque estéis un poco nerviosas y perdidas… sois la que más conoce a vuestro bebé, sólo tenemos que escucharle.

¡Socorro!

Hoy es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, un día para concienciar sobre el suicidio y promover la ayuda. El lema de este año es “Prevenir el Suicidio: Tender la mano y salvar vidas”. Y desde Gadepsi hemos pensado, ¿cómo no íbamos a querer tender la mano a las personas que más queremos?

Porque el suicidio cada año tiene cifras mayores, sobre todo entre adolescentes; por ejemplo, en 2012 se registraron más de 800 suicidios en adolescentes de entre 15 y 19 años (y subrayo lo de se registraron: quizás el número sea mayor, pero todavía hay mucho estigma al respecto y no siempre se contabiliza como suicidio una muerte en circunstancias extrañas). Y a esto hay que ponerle freno.

Empecemos por el porqué. Hay quienes piensan que el suicidio (o el intento) es una simple llamada de atención por parte del adolescente, que sólo quiere que le hagamos más caso. Corrijamos: se trata de una llamada de auxilio, nos está pidiendo ayuda con esta amenaza porque no sabe gestionar la situación de otra manera. Y sí, quizá pasa por hacerles más caso, pero no en el “hacer lo que ellos quieran”. A veces basta con preguntar, interesarse, escuchar; intentar entender por qué está tan triste últimamente.

También está qué podemos hacer como padres. Siempre que sepamos de una situación en la que el menor está pasando una mala racha, hay cosas que podemos hacer por ellos. Lo primero, interesarnos por su vida y su situación, hacerles sentir que no están solos. Pero ¡ah! Es que a veces sí están solos. A veces han sufrido una pérdida o un conflicto con los amigos que puede hacer que lo vean todo más negro aún. Con nuestra presencia, les tenemos que conectar a la vida. Hay que luchar contra su aislamiento si es que lo hay, hacerles sentir que no están solos aunque piensen que sí (recordemos que en la adolescencia, todo es blanco o negro, no hay un gris de “medio solo, medio acompañado”).

Otro apartado importante: cómo ayudarles. Piensa que se trata de una situación en la que la persona está muy vulnerable, tanto como para decidir que la muerte es la mejor solución. Su autoestima está por los suelos, de manera que tenemos que intentar elevarla, darles mensajes de cariño y apoyo, porque para infravalorarse ya están ellos. Por ejemplo, si realmente nos reconoce que está pensándolo o ya lo ha intentado, a lo mejor nuestra inmediata es: “¡Pero qué dices! ¡Es que no se te ocurren más que tonterías, verás cuando se lo cuente a […]!”. Sabemos que es difícil a lo mejor controlar el shock de una noticia como ésta, pero en ese momento, lo que le llega a esa persona que lo está pasando mal es: “No se lo debería haber contado, no me va a guardar el secreto, tiene razón, soy tonto… no hago más que estorbar” y ha vuelto sin darse cuenta a su idea inicial.

Por eso, lo que debemos hacer es acercarnos a ellos con cariño, ofrecerles nuestra ayuda y colaboración para conseguir que deje de sentirse de esa forma, no quitarle importancia al origen de las ideas suicidas (si a ellos les importa, tienen un valor que no podemos desmontar con un simple pero no pienses eso, si ya ves tú qué tontería).

Y es importante que encuentren una figura de apoyo en la que confiar. A veces como padres nos costará pensar que esa figura no somos nosotros, pero hay que ofrecerle alternativas: piensa que si le ayudas a ayudarse, ya le estás cuidando. Podemos proponerle que hable con algún familiar con el que sepamos que se lleva muy bien (preferiblemente mayor que ellos) y que vaya a saber soportar esta información; alguna amistad que vaya a ser de ayuda y que cuide a nuestro hijo; y, si lo consideramos oportuno, un profesional que pueda ayudaros a todos: a la persona en riesgo de suicidio a mejorar y a nosotros a encajar una situación tan difícil.

Pero todo se resume en una actitud de apoyo al menor. Tiene que saber que puede contar contigo, que vas a luchar por su vida cuando él o ella dejen de luchar, que vas a cogerles de la mano si tropiezan. Recuerda: ¡tender la mano y salvar vidas!