¿Qué entienden nuestros hijos del accidente de avión?

¿Qué entienden nuestros hijos del accidente de avión? ¿Deberíamos decirles la verdad? ¿Les creará un miedo irracional a montar en ese medio de transporte? 

¿Y si se lo toman como una broma? ¿Entenderán algo?

Estas son algunas de las preguntas que nos han hecho nuestras mamás en estos días, ante la horrible noticia del accidente de avión A320 de la compañía Germanwings, en la que se han visto afectadas más de 150 familias.

Cuando en la televisión, en el colegio, en los comentarios  o…. simplemente en el ambiente, está la preocupación, la incredulidad y la tristeza por algo tan impactante, debemos escuchar a nuestros hijos. ¿Ellos preguntan? ¿Se quedan a nuestro lado cuando estamos hablando de ello con alguien? ¿Escuchan la televisión como uno de nosotros?…. Si estas respuestas son afirmativas, es que nuestro hijo quiere tener información sobre ello, tenga los años que tenga.

Es verdad que los niños no comprenden el concepto de la muerte en su totalidad hasta aproximadamente los 8 años, pero desde bien temprano los niños son muy conscientes del dolor, de los nervios, de la preocupación. Si negamos esos sentimientos en nosotros mismos, si al hacernos una pregunta “quitamos hierro al asunto”, nuestros hijos no entenderán la incoherencia entre lo verbal y lo no verbal y aprenderán que lo correcto es ocultar aquello que les preocupa o les entristece, tal y como haces tú.

Tendremos que hacer un gran esfuerzo por ajustar nuestro lenguaje a su edad y a su comprensión, pero por supuesto, tendremos que decir la verdad antes sus preguntas y mostrar nuestros sentimientos sin pudor. Podemos decirles que ha sido una noticia que ha entristecido a todo el mundo, que ha sido un accidente desafortunado, que todos estamos pendientes de la televisión porque nos preocupa y porque estamos muy tristes por esas familias.

No debemos olvidar que los niños viven en nuestro mundo, y a veces éste se tambalea. No es un mundo perfecto, ni mucho menos, y aunque deseamos que ellos sean felices, no siempre lo podemos conseguir.

RELACIONES ENTRE HERMANOS

En algún momento de la vida, todos los padres nos hemos hecho la siguiente reflexión con respecto a nuestros propios hijos:

MafaldaHERMANO

¿Cómo pueden ser tan distintos, si yo los he criado igual? Nacidos de los mismos padres y con los mismos criterios de educación, pero tan diferentes como el día y la noche.

Antes de nada, debemos aclarar que criar a dos hijos exactamente de la misma forma es imposible por varias razones.

La primera porque uno de ellos cuando nace es hijo único mientras que el otro hijo llega cuando ya hay otro niño en la familia. Esto ya marca una clara diferencia, El primer hijo disfruta del tiempo de los padres en exclusiva, por el contrario, el segundo hijo tendrá un perfecto profesor, un igual que le mostrará el camino con sólo fijarse. La imitación es la mejor herramienta para el aprendizaje, y con un hermano mayor, ésto es muy fácil.

La segunda porque nosotros somos distintos, hemos cambiado. Hemos crecido, cada hijo llega en un momento distinto de nuestras vidas respondiendo a proyectos distintos. Estamos más o menos seguros en relación a la educación y a la crianza, dependiendo de nuestra experiencia previa. Además hemos tenido que hacer hueco en la pareja para que se incorpore un peque por lo que ya sabemos lo que se siente cuando debemos hacerlo de nuevo.

Y lo tercero es que los hijos son distintos, cada uno vendrá genéticamente predispuesto a tener unas cualidades y con ellas comenzará a relacionarse con nosotros. Según se compatibilicen esas cualidades con las nuestras, comenzaremos a relacionarnos con él, y eso siempre hace distinta y única una relación.

Muchas variables influyen en cómo se lleven los hermanos entre sí. Los caracteres de cada uno, como hemos dicho, pero también  la diferencia de edad, el género, el lugar que se ocupa en la familia, y por supuesto, la actitud de los padres.

Hay muchos tipos de relaciones fraternales, tantas como hermanos. Pueden ser cómplices, rivales, compañeros de juegos….

En cualquier caso, la relación de hermanos se caracteriza por ser la primera que tenemos con un igual. Es nuestro primer ensayo para la vida futura en lo que a las relaciones de igualdad se refiere.

Pero… Cómo podemos los padres influir para que nuestros hijos se respeten, se lleven bien y se quieran entre ellos siendo tan distintos?

  • Amarles y respetarles como individuos distintos. Querer a cada uno por cómo es, cada uno con sus cualidades y sus necesidades. No podemos exigirles a todos lo mismo, ni valorarles en los mismos términos. Procuremos darnos cuenta de sus deseos individuales, escuchar sus necesidades individuales y ser consecuentes con ello.
  • Intentar no poner a uno de ellos como ejemplo del otro. La rivalidad en la fratría está servida, es lógico que se luche por el amor de los padres, pero debemos hacerles saber que no hay competición en ese aspecto.
  • Saber mantenerse al margen en su relación en la medida de lo posible. Tendrán que resolver sus conflictos, disfrutar de sus juegos y relacionarse sin la supervisión constante con de los adultos, especialmente si no reviste peligro para ninguno de las partes. En el caso de que tengamos que mediar entre ellos, procuraremos no tomar partido por ninguno de ellos.
  • No presuponer etiquetas en la relación. A veces nos adelantamos a los acontecimientos y pensamos que tendrán celos el uno del otro, o no querrán compartir la habitación, o que a los dos les gustará el futbol…. Es mejor observar y preguntar.
  • Permitir que los hijos expresen la relación con sus hermanos. Es decir, permitir el enfado si aparece, o respetar que no quieran estar juntos en un momento dado, o que hablen abiertamente sobre lo que les gusta o les disgusta a cada uno de la relación.
  • Dar buen ejemplo de cómo debe ser una relación con un igual. El espejo en el que se miran es la relación que tienen los padres entre sí. Si hay un ambiente armónico, de respeto y de amor, aumenta la posibilidad de que los hijos se lleven mejor.

Aun así sabemos, que las pelean entre hermanos pueden ser muy desesperantes, pero no debemos olvidar que tienen una función: la de aprender a tratar con otro. Nos da todas las herramientas que tendremos que utilizar en un futuro en el área social.

Gracias a los hermanos aprendemos a ser empáticos, a respetar al otro, a compartir, a cumplir compromisos, a escuchar, a discutir, a defender lo nuestro, a convivir!!

Por eso y por mucho más, dejemos que nuestros hijos sean distintos a sus hermanos.

 

 

“Un amigo que vive dentro de mí”

Aunque no lo creamos, es muy habitual que nuestros hijos desarrollen en algún momento un amigo imaginario (hay estudios que confirman que entre un 50 y un 60% tienen uno al menos una vez durante su infancia). Puede surgir a los 2-3 años, cuando empiezan a tener un círculo social, pero tampoco es raro que aparezca más adelante, a los diez años.

Una publicación de 1934 (Svendsen) ya hablaba de los amigos imaginarios y los definía como “un personaje invisible, al que se nombra y se hace referencia en conversaciones con otras personas o con el que se juega […] y que tiene un aire de realidad para el niño”. Históricamente se ha asociado la presencia de ese amigo invisible a problemas de relación del pequeño, como que no supiera socializar o que fuera una figura de protección con la que compartir los problemas; sin embargo, es una cosa muy común que puede formar parte de su proceso evolutivo. También hay estudios que consideran que es el primer paso hacia la independencia del niño: una figura lo bastante cercana a mí pero que no son mis padres y por lo tanto puedo hacer cosas nuevas porque sí cuento con la “protección” de alguien.

pizarra sueloEn general, podría decirse que los amigos invisibles surgen en un momento de soledad o de inseguridad, aunque sea puntual: el niño o la niña puede estar jugando a solas en la habitación e imaginarse que juega con otro; y luego esa figura puede que se quede más tiempo.

Pero… ¿cómo nos comportamos alrededor de este nuevo amigo? Porque para los adultos resulta mucho menos natural de lo que es para los niños. También es verdad que los pequeños no siempre hablan de ello con naturalidad porque en cierto modo les da vergüenza, pero lo que debemos tener en cuenta es que, sea por el motivo que sea, para nuestro hijo o hija se trata de un personaje importante en ese momento de su vida, de manera que no lo podemos deconstruir a la primera de cambio.

Por eso, lo mejor es que le tratemos de la misma forma que le trata el niño pero quitándole la importancia que éste le da. Por ejemplo, en caso de que nuestro hijo insista en que pongamos un cubierto para su amigo imaginario en la mesa, en lugar de decirle enfadados que eso es una tontería y que no existe, podemos intentar convencerle de que ahora no va a comer con nosotros: “ya ha comido antes”, “seguramente no le gusta lo que hemos preparado hoy y como no es mi hijo, no le puedo insistir”, “mejor comemos nosotros primero y que tu amigo siga jugando”, etcétera. De esta manera, estamos estableciendo unos límites (que el amigo imaginario no puede hacerlo todo con nosotros) pero estamos dándole tiempo a nuestro hijo para que resuelva aquello para lo que ha surgido este personaje.

En cualquier caso, si notáis que lo que está pasando os preocupa porque no veis que sea una situación habitual u os preocupa la conducta del pequeño, ya sabéis que podéis dejarnos un comentario o escribirnos a info@gadepsi.com. Si no, en Gadepsi (www.gadepsi.com) estamos disponibles para cualquier consulta, tanto con el peque como con vosotros los padres, para daros las herramientas necesarias para manejar esta situación.