El bullying: cuando el colegio no parece un sitio seguro

Todos oímos hablar del bullying, pero ¿qué es realmente? Se entiende por bullying cualquier tipo de abuso que tenga lugar en el ámbito escolar: motes ofensivos, empujones, risas, humillaciones… y, por supuesto, esto también comprende agresiones físicas.

bullying

Ahora es cuando pensamos en aquel compañero que tuvimos de pequeños o que vemos ahora en la clase de nuestros hijos, el que es centro de todas las burlas (incluso a lo mejor estamos recordando un momento en que nosotros participamos de esas burlas). Puede parecer exagerado que tachemos de bullying  una situación que no tuvo más importancia porque se dio uno o dos días pero al día siguiente todo volvió a la normalidad.

Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños o que no tiene más importancia, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.

  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es víctima de bullying? Notaremos cosas como ansiedad ante el colegio, absentismo (pellas, cuando normalmente no las hacía), referencias a que no tiene muchos amigos o ha perdido los que ya tenía, miedo y nervios por todo lo relacionado con el centro escolar, cambios en el rendimiento escolar, secretismo y marcas o heridas injustificadas (o con una justificación poco creíble).Sin embargo, otras veces ese “mal día” se alarga y se convierte en algo rutinario. Entonces, en las situaciones continuadas, aparece el problema: puede que le quitemos hierro al asunto, que pensemos que es un juego de niños, pero en realidad no sabemos hasta qué punto puede llegar a sufrir ese niño.
  • ¿En qué podemos notar que nuestro hijo es el que hace bullying? Es mucho más difícil, pues incluye una parte de ver que nuestro hijo hace algo malo a otro (¡OJO! que haga algo malo no quiere decir que nuestro hijo sea malo). Podemos ver cambios en que se ríe mucho de los compañeros o que les pone motes (debemos prestar atención a si son motes cariñosos, como podría ser llamar a un amigo por su apellido o una característica de la que se sienta orgulloso, o por el contrario son motes insultantes y ofensivos), que tiene cosas que no son suyas o que tenga dinero que no le hemos dado. Además, no suele ser una conducta única del colegio, sino que podremos ver que con otros iguales (amigos del barrio, hermanos, primos…) también suele ponerse en una posición superior.

Ante un indicio de bullying, sea por el lado que sea, lo que debemos hacer es mostrarnos empáticos y comprensivos con nuestro hijo: no empezar la conversación con una bronca, porque eso hará que no reconozca lo que está ocurriendo. Además, debemos mantener un poco la calma, para no activar las alarmas sin motivo y actuar solo si de verdad algo está ocurriendo (pues tampoco queremos sobreproteger a un niño que no es víctima ni convertir en verdugo a otro).

Lo primero a tener en cuenta en estas situaciones es que tenemos que preguntar sin dar la respuesta, es decir, siempre será preferible hacer preguntas abiertas y que el niño dé una respuesta innata de lo que está viviendo a que se adapte a nuestra manera de preguntarlo:

  • ¿Hay algún compañero con quien no te lleves bien? mejor que Ha sido esa pandilla, ¿verdad?
  • ¿Cómo has comprado eso? mejor que Llevabas dinero, ¿no? ¡No se lo habrás quitado a alguien!
  • ¿Se lo has contado a alguien aparte de a mí? mejor que ¡Habérselo dicho a los profesores y que les regañara!
  • ¿Y ese moratón? ¿Qué te ha pasado? mejor que ¿A que te han pegado?

Cuando estén confirmados los indicios,debemos notificarlo al colegio para que pongan en marcha el procedimiento que siguen en estos casos, el cual estará recogido en los protocolos del centro. Sin embargo, nuestra labor como padres en el tema del bullying no acaba ahí: en casa debemos fortalecer a nuestro hijo. Fortalecer su autoestima, hacerle sentir valioso y querido. Debemos potenciar sus amistades sanas y enseñarle a pedir ayuda cuando la necesite, a nosotros o a los profesores cuando esté en el colegio. Tenemos que potenciar que hable sobre sus problemas, para poder enterarnos (y solucionar después) de lo que ocurra en el colegio si la situación no mejora.

Lo más importante es transmitir el mensaje de que nadie tiene derecho a pegar a otro por nada de lo que haga y enseñar a valorar las diferencias individuales de cada uno, en lugar de utilizarlas como insultos.

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