La pirámide de los límites

En ocasiones pensamos que cuanto mayores sean nuestros hijos, más preocupaciones y por tanto, mayor será el número de límites que tendremos que ponerles.

Quizá os sorprenda saber que el número de límites y reglas es inversamente proporcional a número de años de nuestro hijo.

Es decir, los límites son mayores en número y más rígidos cuando nuestros hijos son pequeños, mientras que se irán haciendo más flexibles a medida que nuestros hijos crecen.

Lo difícil de esto es que, por lo general, las desobediencias de los hijos son mucho más angustiosas para nosotros según van siendo más mayores. El hecho de que nuestro hijo no comparta el cubo en el parque, que coma unos gusanitos justo antes de comer o simplemente que coja una rabieta en un comercio… no son situaciones de “peligro, amenaza o  preocupación”. Sin embargo, que no estudie, que quiera salir con sus amigos hasta las 12, que quiera fumar… Nos generan una gran PREOCUPACIÓN, una gran RESPONSABILIDAD, un gran MIEDO.

Es lógico que nos sintamos así, pero el objetivo de una familia es crear individuos independientes de la propia familia. Queremos que sean capaces de tener un trabajo, que tengan sus propios gustos, que elijan una pareja, o una forma de vivir en la que sean felices aunque no estemos nosotros a su lado.

Por ese motivo, la construcción de los límites debe ser piramidal. Es decir la cantidad de límites y de normas se construyen desde la infancia en forma de pirámide, entendiendo que la base es lo que sostiene y dará lugar a que nuestros hijos vayan eligiendo con criterio y autonomía, después de haber ido interiorizado todos nuestros valores a través de los límites y el afecto que les hemos ido dando como guías.

Poner límites con afecto, es el primer lenguaje de amor que tenemos con nuestros hijos. A mayor dependencia, mayor necesidad de contención, cuidado y protección, es decir, de límites.

Sin embargo, a medida que crecen, tendrán más necesidades individuales, mayor será nuestra negociación con ellos y más realistas tendremos que ser a la hora de ajustar esos límites.

Por eso no te sientas mal en prohibir ciertas cosas, en no tolerar otras y en no permitir que nuestros hijos siempre hagan lo que deseen, porque les estamos enseñando a interiorizar las reglas y las normas, a distinguir lo que está bien de lo que está mal, para que ellos puedan elegir correctamente el día de mañana.