La separación de la pareja

La separación de una pareja lleva implícito el cambio en la familia. Por ello debemos preparar a nuestros hijos para la nueva situación, tal y como lo haríamos ante un nuevo colegio o el nacimiento de un hermanito.

Actualmente el número de separaciones en las parejas ha aumentado. Los padres sienten la responsabilidad de cómo encajarán la noticia sus hijos y cómo reaccionarán ante el cambio. Sin embargo, las reacciones de los hijos estarán más relacionadas con las desavenencias entre los dos padres y con el papel que debe cumplir el niño como mediador entre ellos, que con el cambio real de las costumbres o rutinas diarias.

Por ese motivo, te damos unas pautas para ayudar a tu hijo y que ser “hijo de padres separados” influya lo menos posible en su desarrollo evolutivo y sea tan feliz como antes.

  • Debemos explicarle que la decisión de separarse es exclusivamente de la pareja. No tiene nada que ver con los hijos. No depende de que ellos se hayan portado mal, ni de nada que ellos hayan podido hacer.

  • Los padres se separan entre ellos, pero nunca se separan de los hijos. Ellos podrán seguir contando con ambos padres cuando lo necesiten y lo deseen. Lo ideal es que podáis incluir en las rutinas diarias o semanales la relación con ambos padres (que aunque no vivan con el padre, pueda ir a buscarle a fútbol los martes por la tarde y le lleve a casa).

  • Resaltar a los hijos que no sólo tienen el amor de los padres, también otras muchas personas les quieren (abuelos, tíos, profesores…)

  • A veces es bueno hacerles entender la separación con sus palabras. Por ejemplo, que papá y mamá ya no son “mejores amigos” aunque se siguen queriendo, tal y como tú haces con un compañero de colegio. Ese “quererse” debe ser real, es decir, podemos coincidir mínimamente o preguntarnos qué tal.

  • No olvidéis solucionar los puntos conflictivos de la pareja (dinero, nuevas parejas, repartición de bienes…) sin involucrar a los hijos.

  • Aunque tú creas que como pareja haya sido nefasta, para tu hijo es el único padre / madre que tiene. No trates de influir en su opinión ni de criticar su manera de hacer las cosas ante él. Habla de manera objetiva con respecto al otro para que el niño sienta respeto y aceptación.

  • No caigáis en la sobreprotección del hijo. Es un niño normal, y debe tener límites tal y como los tenía.

Las reacciones de los hijos, dependen en parte de la edad en la que suceda esta separación:

Cuanto más pequeños sean, menos comprensión y por tanto la manifestación del cambio y las reacciones son más inconscientes (dolores abdominales, retrocesos en procesos evolutivos como hacerse pis de nuevo, habar de forma infantil, miedo a la separación…). Pero también en esta edad hay más capacidad de adaptación y flexibilidad.

Cuanto más mayores sean, mayor cognición y búsqueda de explicaciones en las que aparecen los sentimientos de culpa. Hay reacciones más conscientes (lloran muy a menudo, negación y deseo de que los padres vuelvan a estar juntos, baja su rendimiento académico…). Pero también hay mayor sentimiento objetivo de mejora en la calidad de vida.

Pero sobretodo “estar disponibles para nuestros hijos”. Debemos saber que durante este proceso deben estar acompañados y deben sentir que pueden contar con nosotros para preguntar, para poder incluir en su discurso al padre que no está, para que se normalice la situación lo antes posible.

Sabemos que una separación es muy dura y que todo esto que te proponemos es muy difícil. La línea que separa el amor del odio es muy fina.Es importante encontrar espacios y lugares para expresar los sentimientos dejando fuera del campo de batalla a los niños.

Si estás en proceso de separarte… no olvides lo que debes poner en una balanza: a un lado el amor hacia tu hijo (que os une) y en el otro la rabia hacia tu expareja (que os desune). Qué pesa más?

Jugar a… relajarnos!

Los niños están en la edad del movimiento y la actividad desbordante. Se cansan cuando han estado jugando o han hecho deporte. El sueño, una buena alimentación y momentos de relajación aportan a su cuerpo los medios para recuperarse de esa “fatiga sana”.

 Lo primero que tenemos que entender es que estar relajado es sentirse agusto, estar tranquilo física y mentalmente.

 Lo siguiente a tener en cuenta son las variables que influyen para que los niños estén más inquietos:

  • El momento del día: están más excitados antes o durante la comida, a la vuelta del colegio, antes de acostarlos…. Observa a tu hijo y comprueba cuándo está más tranquilo y cuándo tiene mayor actividad.
  • Actitud del adulto: los movimientos, la cara y el tono de voz trasmiten nuestro estado de ánimo a los niños. Los gestos rápidos y bruscos, la cabeza firme y altiva, gritar, hablar rápido o pasar de un tono grave a un agudo les irrita. Los movimientos suaves y amplios, inclinar la cabeza hacia ellos mostrando disponibilidad, arrodillarse para estar a la altura de su rostro, permitirles que nos toquen, mirarles a los ojos, sonreírles y hablarles con calma les ayudará a tranquilizarse.
  • Alimentación: Es necesario que realicen un desayuno abundante y un tentempié a media mañana para que puedan rendir adecuadamente en el colegio. Una comida a mediodía tranquila junto con un tiempo de reposo, permitirán que la digestión se realice con facilidad y puedan reponerse de la fatiga de la mañana. En cuanto al tipo de alimentación debemos cuidar la cantidad de comida, el consumo de verduras, hortalizas y fruta frescas, la cantidad de líquidos y evitar el exceso de grasas y azúcar.
  • Sueño: Los niños, dependiendo de su edad, deben dormir entre nueve y catorce horas al día.
  • Sobreestimulación y ruidos: ver muchas horas la televisión les produce un exceso de estimulación visual, auditiva y mental.  Un nivel elevado y constante de ruidos a su alrededor les irrita. Para evitar ambas situaciones podemos proponerles otras distracciones (leer, pintar, juegos…) y controlar el nivel de voz, el sonido de la televisión o la música, los portazos…
  • Condiciones ambientales: el exceso de calefacción o el frío, una mala ventilación son factores que aumentan la fatiga y les impiden un descanso reparador.
  • La rutina: cuanta mayor sea la rutina, más tranquilos se sienten, pues son capaces de anticipar lo que les espera y por quién estarán acompañados.

 Os proponemos algunos juegos en función del momento del día que favorecen la calma:

  • Antes de comer:

           El burro enfermo: juego que se canta y se representa en el que tenemos que estar atentos para recordar todos los remedios que le da el médico al burro. Primero le contamos que tipo de animal es un burro y si nos es posible le enseñamos una foto. Cantamos y representamos junto con el niño la canción.  http://www.youtube.com/watch?v=YadZG_TkSe4                              

  • Acostarse/siesta:

           El sueño: En un entorno tranquilo y con la luz tenue. El niño irá con ropa cómoda y descalzo. Se tumbará sobre una alfombra o similar. Lo podemos hacer junto con el niño o bien ayudándolo con los movimientos. Al ritmo de la música:

  • Levanta un brazo lentamente y lo deja caer Luego el otro. Dos veces con cada uno.
  • Dobla una pierna deslizando el pie sobre el suelo y luego lo extiende. Dos veces con cada pierna.
  • Levanta lentamente la mano  manteniendo el antebrazo apoyado en el suelo y la baja. Cuatro veces con cada mano.
  • Endereza la punta del pie y ponla en la posición inicial. Dos veces con cada pie.
  • Mueve los dedos de una mano, luego la otra. Dos veces cada una.
  • Mueve los dedos de un pie, luego el otro. Dos veces cada uno.

 Os recomendamos por ejemplo: Saint Preux: El sueño. https://www.youtube.com/watch?v=DGyrwz1HiMw

  • Desplazamientos/espera:

           Este dedito…: Sentamos al niño en nuestras rodillas. Cogiéndole una de sus manos, le explicamos que sus dedos son un grupo de hermanos que tienen mucha hambre y que envían a uno de ellos para comprar un huevo.  Al mismo tiempo que le cantamos la canción, le masajeamos cada uno de sus dedos con movimientos de rotación entre nuestro índice y pulgar.

“Éste compró un huevo, éste hizo el fuego, éste echó sal, éste lo guisó y éste pícaro gordo se lo comió”. http://www.youtube.com/watch?v=QdeBWIDSo4M

 Existen multitud de juegos que nos pueden ayudar a entretener, relajar y predisponer a los niños para realizar una tarea que requiere concentración, para dormir o para esperar en la cola del médico.

Y tú.., ¿qué truco utilizas con tus hijos?.

Negociando con nuestro hijo adolescente

El arte de la negociación es un recurso imprescindible con hijos adolescentes.

Quien tiene hijos con edades comprendidas entre los 12 y 18 años, sabe que continuamente tenemos que llegar a acuerdos con ellos para conseguir que realicen las tareas cotidianas del día a día. Negociar se convierte en esencial para establecer reglas o límites con la comunicación como herramienta fundamental.

La negociación, por definición, exige concesiones de ambas partes, padres e hijo deben escucharse, respetarse y expresar sus intereses, pero sobre todo estar dispuestos a comprometerse con lo negociado. En ocasiones pensamos que son los adolescentes los que deben amoldarse a nuestra forma de vivir, a nuestros requisitos o exigencias y olvidamos que empiezan a ser individuos independientes de nosotros que tienen necesidades propias.

Debe quedar claro que la autoridad sigue siendo de los padres, al igual las cuestiones innegociables. Sin embargo, las reglas deben modificarse en función de la edad de los hijos, deben ir siendo más flexibles y las concesiones cada vez mayores. De esta manera, el adolescente siente que los padres también ceden, que es escuchad y, que es comprendido.

Es mediante una comunicación activa y constante, como conseguimos que la negociación tenga éxito, pero no debemos olvidar las bases de la negociación para la resolución de conflictos:

  • Los padres deben expresar de forma clara qué reglas son innegociables. Esto sigue siendo fundamental para dar la autoridad a quien le pertenece y para que no haya dificultad a la hora de entender lo que es la negociación. Sigue habiendo límites.

  • Las normas a negociar deben ser realistas, posibles de cumplir, claras y consistentes. Deben basarse en conductas concretas en las que se especifiquen todos los datos posibles: la frecuencia, la duración, el lugar a realizarla…

  • Escuchar las alegaciones de los hijos, empatizar con ellos por el malestar ante la norma, aceptar sus sentimientos.

  • Sugerir un acuerdo para realizar esa tarea a negociar en el que haya acto y consecuencia.

  • Que ambas partes acepten el compromiso del acuerdo. Podemos poner  el acuerdo por escrito, ya que la posibilidad de leerlo y se firmarlo ayuda a sentir como válido el acuerdo, a respetar la decisión tomada y a cumplir la tarea negociada.

  • Que ambas partes sean consecuentes con las conductas y las consecuencias que se han negociado, sin excusas. La firmeza de las normas y las consecuencias es uno de los pilares básicos de la negociación.

Con la negociación ayudamos a nuestros hijos en su desarrollo social, les damos las herramientas para comprender y manejar su propia agresividad, para aumentar la tolerancia a la frustración, para aumentar su empatía con respecto a los otros y para salir del egocentrismo en el que están inmersos por ser adolescentes, para poner en práctica la comunicación activa y asertiva con los demás.

No debemos olvidar que la última finalidad de la educación es que los hijos sean autónomos e independientes del núcleo familiar, por eso, debemos esforzarnos en permitir que nuestros hijos crezcan y ayudarles a ello, aunque a veces duela.