La nevera: medidor de culpa

Nevera“Si abro la nevera y está llena, significa que esta semana he sido buena madre, pero mala profesional. Si está vacía, he sido buena profesional, pero mala madre”

La nevera se convierte en un medidor de la culpa…

 La culpa extrema por no estar haciendo las cosas bien con los hijos, invade de forma masiva a la mujer de hoy, y a la vez, la exigencia por estar a la altura que la sociedad le marca, en el trabajo, en la dedicación a sí misma… es constante.

En la actualidad, la mala madre, está más relacionado con ampliar el número de roles que le quitan tiempo para esa entrega y ese sacrificio, que por hacer cosas mal.

El hecho de que las mujeres se sientan, por lo general, más culpables que los hombres se debe fundamentalmente a cuestiones culturales.

De las madres se espera la capacidad de cuidado por instinto, la entrega incondicional, la capacidad de amor indefinida, apoyo emocional constante a los hijos… pero no hay que confundir la idealización con la realidad, las madres son seres humanos, se equivocan, desean, se angustian, se estresan….

El estar constantemente para los otros, provoca malestar. Pero expresar ese malestar, implicaría ser “malas madres, malas mujeres”. El malestar no desaparece y termina volcándose contra ellas en forma de culpa.

Al construir una familia y aumentar las responsabilidades, la identidad de la mujer queda transformada inevitablemente, manteniendo una identidad múltiple (que van desde el trabajo a la casa, pasando por los hijos y la pareja, sin poder evitarlo).

La realidad nos impone un ritmo, pero la sociedad y sus instituciones mantienen ese estado de continua ambivalencia en el que nos pide pero no nos facilita compatibilizar la familia y el trabajo.

En definitiva las madres de hoy, parece que decidan lo que decidan, siempre pierden. Tanto si deciden dedicarse a sus hijos, como si dan importancia a su parcela más social.

Debemos ser nosotras las que nos sentemos un momento a reflexionar, y nos demos tiempo a aprender a compaginar todas las facetas de nuestra vida y nuestras prioridades.

No debemos olvidar que el sentimiento de culpa que verdaderamente se ajusta a la realidad, es positivo, (el que surge cuando hemos infligido algún tipo de daño a otra persona), pues significa que tenemos sensibilidad interpersonal, que nos preocupamos por las consecuencias de nuestras acciones en los demás, que no eludimos la responsabilidad por las mismas.

Sin embargo, cuando la culpa es irracional y desmedida, supone sufrimiento inútil y paralizador. Es negativa y poco funcional. No nos ayuda.

Dedícate un momento y piensa: ¿Qué tipo de culpa es la que tengo en este momento?

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