Hablar de sexualidad a mi hijo, ¿cuándo y cómo?

Hablar de sexualidad a nuestros hijos puede darnos pudor, pero debemos saber que incluir este tema en nuestras conversaciones con nuestros pequeños tiene importantes beneficios:

  • En la etapa infantil, les favorece a enfrentarse a sus sentimientos, a sus diferencias con otros niños, les enseña a tener relaciones afectuosas y les ayuda a protegerse contra el abuso sexual.
  • En la etapa de la adolescencia, les da información para cuidar su salud sexual, les aporta autoestima, seguridad y habilidad para relacionarse con el grupo y claridad con respecto a sus valores y las consecuencias.

Por ese motivo, la familia es el lugar idóneo para introducirse en la sexualidad. Podemos ayudar a nuestros hijos a que se sientan cómodos con su sexualidad desde el inicio, y de esta manera serán jóvenes que confíen en nosotros para hacer las preguntas que necesiten resolver.

El mejor momento para empezar a hablar de sexualidad es desde que sienten su sexualidad y sus diferencias con el otro sexo. Podemos incluir la sexualidad de forma natural cuando les bañamos, cuando les vestimos, cuando les enseñamos palabras de las partes del cuerpo (llamando a cada cosa por su nombre), la manera en la que nos comportamos y damos significado a su comportamiento…

Con esto respondemos a la pregunta del cómo: progresivamente, teniendo en cuenta la curiosidad y la comprensión de nuestros hijos.

El concepto de sexualidad va evolucionando con las etapas de desarrollo. Entender esto nos ayudará a no interpretar la sexualidad de nuestros hijos desde un punto de vista adulto:
Desde los 2 a los 4 años: las diferencias sexuales comienzan a hacerse evidentes y las preguntas que aparecen se suelen referir a este tema (¿por qué soy distinto a mi hermana?, ¿por qué ella no lleva calzoncillos?…)
Desde los 4 a los 6 años: el niño comienza a ver que las diferencias físicas entre niño y niña se relacionan con las que hay entre hombre y mujer… y suponen muchas más diferencias. Las preguntas se hacen más específicas y tienen un significado más profundo de sexualidad (¿por qué mi hermana no tiene cola?, ¿de dónde nací yo?, ¿por dónde salí?, ¿por qué a las madres tienen leche en las tetas?…).
En esta etapa el niño comienza a explorar su cuerpo y a hacer preguntas sobre sus sentimientos y sus sensaciones. Comienzan los juegos de marcado carácter sexual como imitación y juego de roles (jugar a los médicos…).
De los 7 a los 10 años: Ya conocen su identidad sexual, son más autónomos y sabrán encontrar respuestas en otros entornos (el colegio, el grupo de iguales…) pero eso no significa que debamos olvidarnos del tema puesto que la familia sigue siendo el entorno más fidedigno para obtener respuestas.
– En la adolescencia, desde los 10 hasta los 19: los niños se harán adultos, sufrirán cambios corporales y emocionales. Sentirán las primeras emociones asociadas al contacto, las primeras excitaciones sexuales conscientes y las relaciones afectivo-sexuales con sus iguales irán aumentando. En esta etapa es importante estar siempre disponibles para hablar sin pudor aquellas dudas que nuestros hijos tengan.

En definitiva, para educar sexualmente a nuestros hijos no hay que ser sexólogos ni expertos amateurs. Es como un buen guiso que se hace a fuego lento y en los que no deben faltar los ingredientes de naturalidad, comprensión, respeto, información real y amor por los hijos.

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